Agustín Fernández Mallo dice adiós al planeta Nocilla

entrevista fernandez malloConsigue que veamos la belleza esquiva de un protón, pero al mismo tiempo adora el potencial estético de la basura. A.F.M., el científico poeta y viceversa, el objeto literario no identificado que más polvareda ha levantado en los últimos años, fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo con “Pospoesía” mientras que, con “Nocilla Lab” (Alfaguara), cierra de forma sorprendente su trilogía con nombre de merienda. Tras la entrevista que mantuvimos en el apartamento neoyorquino que había alquilado durante el verano, el propio escritor nos ofrece una visión postpoética de la Gran Manzana.

Texto: Antonio Lozano Fotos: Aina Lorente

La neurociencia ha determinado que la inteligencia está en la capacidad de establecer conexiones. El budismo defiende que, a través de la meditación, uno es capaz de descubrir cómo todo el universo está interconectado. El ciberespacio ha chafado el huevo de Colón, demostrando que la Tierra supone una aldea global con forma de ratón. Colaborando a hacer trizas la división entre ciencias y letras que heredamos de la Ilustración, Agustín Fernández Mallo reúne a un físico y a un poeta que ha llevado a la literatura este sistema de circuitos. Su trilogía Nocilla revela los hilos poéticos que dibujan la trama oculta de la realidad. Pero no sólo esto. Su obra es un reflejo de la fragmentación que gobierna nuestra forma de procesar el entorno, siendo nuestra cabeza una pantalla de televisión sometida a un incesante zapping de pensamientos y estímulos. La mutación es otro concepto clave en el corazón del proyecto: Nocilla es una merienda que entra en una letra del grupo Siniestro Total y de ahí pasa a bautizar un proyecto literario, que acaba etiquetando a una corriente de escritores intrépidos. Y otro mecanismo clave: la descontextualización. Duchamp coloca un urinario en un museo y se convierte en una fuente. A.F.M. desplaza una fórmula matemática a una carretera desolada y la fusión genera una imagen de una potentísima sugestión lírica. Nocilla gustará más o menos, pero resulta indiscutible que su capacidad de generar estímulos y sugerir nuevos horizontes narrativos por página es apabullante. Pasados por el filtro de las gruesas gafas de pasta del autor, un trozo de plástico o una Coca Cola nunca nos parecerán lo mismo. Nocilla Lab, sin ir más lejos, da un giro de timón formal y estructural respecto a sus predecesoras, alternando lenguajes narrativos muy diferentes.

Mientras su pareja se descarga la tercera temporada de Perdidos en otra habitación de un diminuto apartamento del East Village, A.F.M. se avitualla con una cerveza y un paquete de cigarrillos. Al habla con el hombre que entendería un mundo sin árboles, incluso sin literatura, pero jamás sin plástico.

Quien ríe último…

“Para mi familia yo siempre fui el raro, el que tenía ideas descabelladas: quería acampar en mi habitación y clavaba las piquetas en el parquet; con cuatro años escalaba por los armarios; con doce andaba por la calle grabando sonidos… Para mí era normal. Para ellos estaba un poco pirado. Ahora les hace gracia que todo lo que creían que era una excentricidad sirviera finalmente para algo”.

Física y Poesía

“Por un lado, me decanté por estudiar Física porque me interesaba su faceta detectivesca, ese descubrir qué hay detrás de algo. Por otro lado, me atraía su cara poética: ya el hecho de que alguien pueda describir y construir el mundo científicamente me parecía un poema, resonaba en mí de una manera estética. No digo que la ciencia sea poesía, sino que en la ciencia se pueden encontrar discursos poéticos; se pueden extraer de ella o transformarla de una manera poética. En mis primeros poemas de adolescente ya metía cosas que el profesor de Física había explicado el día antes sobre dinámica o electromagnetismo. Cuando descubrí que en las canciones de Nacha Pop o Antonio Vega se hablaba de partículas elementales y de que ‘la física es un placer’, generando metáforas entre las matemáticas y las relaciones personales, sentí que era justo lo que yo quería hacer de mayor”.

Tres en uno

“Para mí los tres libros son la misma criatura porque pertenecen a mi biografia. Sin embargo, mientras que Nocilla Dream y Nocilla Experience eran hiperrealistas, Nocilla Lab la veo un poco más experimental, incorpora recursos más alambicados de novela. Quise darle a la trilogía un final en primera persona, jugando de forma muy evidente con la realidad y la ficción. Si las predecesoras eran como un documental, una cámara que se deja grabando, aquí se produce una implicación total del yo poético. Con este último acto se demuestra que un autor, al final, siempre esta hablando sobre sí mismo, aunque parezca que lo haga sobre el mundo y por mucho que intente disfrazarlo asegurando que narra lo que ve”.

Artificiales todos

“Me excita lo sintético, lo artificial, lo químico. Seamos claros: al final, ¿qué es una novela o una pieza artística? Pues el culmen del artificio. El arte, les guste más o menos a los ecologistas, es el triunfo del hombre sobre la Naturaleza. El agua caía por gravedad y un día un tío hizo que subiera e inventó la fuente. Aquí está el origen del arte. Todo lo artificial para mí tiene un valor añadido respecto a la Naturaleza, que es lo que nos define a ti, a mí y a todos. El ser humano es capaz de olvidarse de su condición carnal y crear algo artificial. Eso es una novela y es Las Vegas. Cuanto vivimos es absolutamente irreal, en el sentido de que el diseño y el arte han penetrado en todas las esferas de la sociedad, están en lo que tocamos, comemos, hacemos…”.

Manifiesto

“El motor de la trilogía ha sido algo tan sencillo como narrar sin el prejuicio de creer que estoy narrando, narrar de la manera en la que realmente vivo mi día a día. Busqué meter todo lo que fuera susceptible de ser introducido, sin escalas de importancia, que lo más banal y absurdo tuviera la misma importancia que lo supuestamente más trascendente. Ponerlo todo al máximo nivel de horizontalidad y luego establecer una red poética entre todos los detalles. El mundo se ha transformado en un supermercado donde tú vas cogiendo lo que te apetece y con eso puedes montar un día en tu vida, una novela o una peli”.

Etiquetas

“Creo que el invento de la ‘Generación Nocilla’ ha tenido un efecto positivo, pues ha conseguido definir a una serie de personas que estábamos haciendo cosas y que antes éramos invisibles. Lo que no se ve no existe. También nos ha permitido salir en revistas que no tienen nada que ver con tu obra. Ayuda más aparecer en Vogue que en un suplemento literario exquisito. Lo que está claro es que es algo que no puedo controlar, mi trabajo termina cuando acabo un libro y lo promociono. Cualquier persona algo inteligente sabe que son cosas que pertenecen a la sociedad de mercado y de consumo. Es decir, las canciones de Michael Jackson no son mejores o peores por emitirse en Los 40 Principales. De todas formas, al final las que hablan son las obras. Si tienen valor perdurarán tengan el nombre que tengan y, si no, pasarán”.

Bernhard + King

“La primera parte de Nocilla Lab es una evocación repetitiva y obsesiva de la vida del protagonista, que yo relaciono con las recurrencias que caracterizan las novelas de Thomas Bernhard. La segunda consiste en una narración mas fragmentada, mientras que en la tercera parte, cuando el creador pierde la cabeza y se ve desbordado por su propia creación, el libro se inunda de oscuridad, se sitúa al límite del terror, transpira una inquietud permanente y algo alucinógena. En este tramo final se emparenta con este Stephen King que, bebiendo del final del Romanticismo y entroncando con la novela gótica, perfila a un escritor encerrado en una celda, en una cámara que puede ser su propia casa, desde la cual emana todos sus delirios y obsesiones”.

Mujeres (1)

“Fui el pequeño de cuatro hijos y el único varón. Sin embargo, mi casa no constituía del todo un matriarcado porque el sheriff era mi padre. Quizás por crecer rodeado de mujeres siempre me ha molestado mucho el rollo del macho ibérico, esa competición por quién la tiene mas larga. Ellas me enseñaron a apreciar cierta estética de la vida y del entorno, a veces un poco femenina. Queda mal decir ‘la estética de los pequeños detalles’ porque entonces parece que las mujeres son tontas al fijarse sólo en lo nimio, pero lo cierto es que me ayudaron a apreciar el lado no tan pragmático de las cosas”.

La belleza es tu cabeza

“Joan Brossa decía: ‘Cuando estás en estado de gracia, ves poesía en cualquier objeto’. La poesía está en el ojo del que mira, de aquí que, culturalmente hablando, yo sea muy relativista. Cada persona tiene su propia forma de mirar y punto. Donde alguien no ve nada, otro ve un mundo. Toda la literatura en verdad es el cómo, no el qué. Alrededor de un vaso o una magdalena se puede construir toda una novela”.

Amor al plástico

“El súmmum de la creación humana es el plástico. Gracias a él, el hombre ha conseguido hacer algo que lo separa de su propia condición de hombre. A mi entender, esto es a lo máximo que puede aspirar el ser humano; no a reunirse con la naturaleza, para eso están los animales, sino a desgajarse de ella. Un bar de piedra me deprime. Me cae especialmente mal el reino vegetal. Hay un mito romántico, el de la madre Naturaleza, que destaca su origen bondadoso y nutritivo, a la que transferimos condiciones humanas que no tiene. La Naturaleza ni es buena ni es mala, la Naturaleza es amoral”.

Partículas/Benidorm

“A lo que más me dedico es al tratamiento del cáncer con radiaciones ionizantes; es decir, a diseñar tratamientos para atacar un tumor desde fuera con haces de partículas. También hago algo de protección radiológica, que es el estudio del blindaje de los habitáculos donde están las máquinas para que la radiación no salga al exterior. Pero no creo que mi trabajo afecte en nada a mi literatura y prefiero guardar esta faceta íntima para mí. Eso sí, me vine a trabajar a Palma de Mallorca porque viéndola en el telediario pensé que se parecería a Benidorm, un lugar que me fascina estéticamente por cuanto me recuerda a las novelas de J.G. Ballard”.

Ordenar el caos

“Mis libros tienen una serie de hilos poéticos que vienen de la poesía; sin ellos serían una mera yuxtaposición de hechos. En ellos se descontextualizan las cosas y se les da un halo poético por el simple hecho de colocarlas en otro lugar. Esta poética es quizás por lo que han gustado. Y es que así es como vivimos todos, cada día uno recibe mil inputs que no llega a entender, porque tampoco los puede procesar, y que debe dejar de lado. Sin embargo, cuando te acuestas y cierras los ojos piensas que tu día ha tenido sentido, que no ha sido una concatenación desordenada de hechos absurdos. Pues bien, si tú eso puedes llevarlo al papel has dado en el clavo”.

Navajera y falocéntrica

“En general, no he detectado grandes disparos erráticos a la hora de interpretar mi obra. Lo que sí he visto es cómo una serie de críticos la han despreciado con argumentos extraliterarios, sencillamente porque les molesta que alguien haga algo que no quieren ver, que les disgusta o que no entienden. Hay que partir de la base de que a veces somos tan soberbios que, cuando no entendemos algo, creemos automáticamente que el error está en eso y no en nosotros. De forma que algunos se han cebado entrando en asuntos personales, dando muestras de esa literatura española tan navajera y falocéntrica, según la cual el escritor es el macho que está en el bar tomándose una copa y tiene que despotricar contra el mundo”.

Mujeres (2)

“Tengo claro que sería feliz siendo un asistente de compras, lo que se conoce como ‘personal shopper’. Las mujeres me han desarrollado el punto de lo cool, ese saber escoger algo que quede bien sin ser ostentoso. Lo mismo para la literatura, narrar algo dando el toque exacto, que no se quede corto, que resulte a un tiempo refinado y casual”.

Investigar sin verbalizar

“No sé bien por dónde voy a tirar ahora, quizás no vuelvo a escribir una novela y no pasa nada. Para mí la literatura es una investigación constante, y acabada una hay que pasar a otra. En estos momentos estoy más centrado en la poesía y en trabajar con la imagen; por ejemplo, colaborando con algunos artistas plásticos. Me seduce más lo conceptual que lo narrativo. En todo caso, prefiero no hablar de las cosas que tengo en mente, no por una cuestión de secretismo tonto, sino por motivos psicológicos, ya que si lo hago de pronto en mi cabeza se autodestruyen, me da la impresión de que ya están hechas”.

Nueva York, basurero

“Contra lo que piensa la mayoría, Nueva York siempre me ha parecido una ciudad tremendamente primitiva, casi medieval. Una urbe en la que los reyes se confunden con los mendigos, una ciudad curiosamente poco digital, muy matérica, hueles a comida en cada esquina y ves ratas como en el Tercer Mundo. Lo que menos me atrae de ella es su sofisticación, algo que, por otra parte, creo que ya no se encuentra aquí. Me interesa la parte más sucia y muy especialmente cómo se vive con la basura, pues en la Gran Manzana es dónde se acumula de manera más ingente. Mis novelas se basan en gran medida en redefinir los residuos en mi beneficio, ya sea la basura informativa, el spam… Cosas que en apariencia no pegan en una novela, pero que si las sabes canalizar y poetizar ahí están”.

Método

“Escribo muy compulsivamente, poniendo el turbo. Mis ideas están almacenadas en sitios que desconozco, lo que hace que la escritura sea algo muy despreocupado. Eso sí, parto siempre de una imagen. A veces veo un halo alrededor de una frase, tiro del hilo y da paso un poema o una novela. Antes de ponerme sé que me va a dar para mucho, capto el potencial. Creo mucho en el primer impulso; esto me viene de la poesía: al contrario que una novela, un poema no se puede construir”.

Qué pijo es leer

“El arte no tiene nada que ver con la moral, casi es lo más superfluo que existe. Podríamos vivir sin novelas o poemas, la literatura es un lujo y más hoy, que lo audiovisual se lo ha comido todo. En la actualidad, leer, recrearse estéticamente con un texto, lo hacemos una serie de personas como el último lujo que queda de una civilización; está fuera de todas las coordenadas, es el acto más pijo que existe, ya que no conduce a nada, no genera nada. Es un viejo exotismo. Aunque no me considero apocalíptico, no me preocupa si la literatura desaparece o no; si ha de ocurrir ocurrirá y ya está. Es absurdo lamentarse de lo que no tiene remedio, la vida sigue”.

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Escrito por el nov 4 2009. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

2 Comentarios por “Agustín Fernández Mallo dice adiós al planeta Nocilla”

  1. Duchamp, mira a cámara..gracias.

    Vaya taradito, eso sí, con querencia al vil metal.
    Se compara con Duchamp, Michael Jackson, Stephen King et cía.
    A lo mejor el nivel es Belén Esteban, OT, Bisbal…
    Y si un Álvaro Cunqueiro levantara cabeza, my god!
    Merchandaising a tope.
    Estoy esperando a abrir un día los corn-flakes y que se me aparezca éste hablando sobre la espuma de la leche: “No existe el concepto de belleza..bip…bip… Es como la coca-cola, puro artificio..bip…bip..”
    Ahora, el detalle del reportaje, fantástico: su pareja descargándose Lost en la habitación de al lado.
    Eso es lo que tenia que hacer: poner el libro entero en donación pdf y a ver cuantos popis se lo descargaban.
    El fenómeno este frikismo-famosismo es como la Casa Encendida: el día que empiecen a cobrar los conciertos y pelis a valor de mercado (es decir, más de 2 euros…) se acabaron las colas de popis.
    Pronostico que Mallo va a durar lo que Mañas, Lucía Etxebarria.. es decir: hasta que él se canse.
    Se cansará: lo pronostico.
    Otros también se han cansado.
    Eso sí, con mucho menos, ha dejado los fenómenos de autopromoción de su maestro Warhol en calzoncillos.
    Este hombre, juntar letras, pues no sé, pero lo que es una cámara, le gusta más que..¿a un nene un caramelo?

  2. Dylan

    Hola:

    No he leído ninguna de las nocillas. Mi contacto con la obra se inicio en la librería que hay en el campus. En dicho establecimiento, como es lógico, el 80% de su material está compuesto de libros de texto o manuales universitarios. Sin embargo como negocio que es al fin y al cabo, también disponen de revistas y en los rincones apartados pilas de milleniums o trues blood. A mi me gusta mirar la mesa de literatura contemporánea. Allí solo tienen expuestos los libros que salen en las criticas literarias de las mas selectas revistas como puedan ser el ajoblanco, la Galatea, las mil vidas de Azorín o cualquier otra que me pueda inventar. Si, tampoco las leo pero se que existen.

    Me llama la atención ver cómo va variando ese top ten de títulos con el tiempo. Auster hacia un año que no asomaba por allí. Bolaño estaba pegando fuerte, su obra se multiplicaba a ojos vista. Así pues ver la palabra nocilla en el titulo llamo mi atención. Y mas aun que al coger uno de los ejemplares vi que habían otros distintos con esa misma palabra. Leí la contraportada y decía algo así como que en ese volumen se culminaba la experiencia nocilla. No había tomado ninguna droga en las ultimas horas, pero de todas maneras aquello que sostenía en la mano era verdaderamente real. Mire la foto del autor. Un gafapasta melenudo y como mas adelante pude comprobar cartonero y encima popy. Lógico. Leí el resumen y un par de rayadas de su interior. Me forme una opinión que tal vez sea sesgada, que encima no este debidamente documentada y no sea en absoluto justa. Pero es mi puta opinión.

    En realidad no le hubiera dado más vueltas al asunto. Sin embargo unas noches después tuve que hacer un viaje nocturno. Como hace tiempo que no me funciona el radiocasete (si mi vida es muy triste económicamente hablando) suelo escuchar la radio. Para mi sorpresa constate que hablaban de la nocilla y del molla. Estuvieron todo el rato con el tema y el viaje era largo. Mi opinión respecto a la obra se fortalecía.

    Es más al día siguiente después de mirar el correo aprovechando que disponía de internet y con tiempo y sin nada mejor que hacer quise saber un poco más al respecto. En el trozo de video que vi comprobé lo de cartonero popy, aunque en defensa del autor, se confesaba sorprendido por el éxito. Un escritor, que sería bueno porque era viejuno, le palmeaba la espalda.

    En resumen: mi opinión me la guardo para mi. Pero no pienso leer nada de nocilla. Ni siquiera para poder criticarla debidamente.

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