En Soria, con Sánchez Dragó: Castilfrío, capital de Dragolandia

Un pueblo de veintisiete habitantes al oeste de Castilla y León alberga uno de los más legendarios lugares de nuestras letras: la guarida del irreverente Fernando Sánchez Dragó. Allí hablamos de España, de la infancia y de los gatos al hilo de su nuevo libro “Soseki: Inmortal y tigre” (Planeta). Pero, sobre todo, descubrimos la verdad acerca de varias de las leyendas que sobre el lugar circulan.

Texto: Antonio Baños  Fotos: Sebastián Romero Márquez

Era noche cerrada en Soria. Mi cuerpo, inquieto por las emociones y las expectativas, se movía como la cola arrancada de una lagartija sobre el gigantesco futón. Corría el mes de julio y en Castilfrío de la Sierra reinaba el silencio y la fresca. Serían la una tocadas y en mi cama seguía esperando que algo pasase. De repente, las maderas crujieron sobre mi cabeza. Los dueños de la casa, en el piso de arriba, se movían. El corazón me dio un vuelco y pensé que iba a suceder. Silencio de nuevo. Empecé entonces a recapitular las circunstancias por las que yo, acostado en mitad de las Tierras Altas de Soria, podía estar tan excitado.

Desde mis primeros años como periodista había oído hablar de la casa de Castilfrío. En ella residía a menudo Fernando Sánchez Dragó. Año tras año, testimonios directos, indirectos y circunstanciales agrandaban la leyenda: “Vive con toda su familia, en plan comuna”, decían unos. “Tiene a todas sus ex novias con él, en plan harén”, me explicó un amigo de Madrid. “Qué va, vive con dos japonesas: una te sirve el té mientras la otra toca el piano”, aseguraban. “Cada noche, Fernando se pone a fumar porros”, me resumía una amiga. Pero una idea, un leitmotiv obsesivo se repetía a través de crónicas y testigos: “Si vas a ver a Dragó, te ofrecerá a su mujer para que tengáis tema”. Esa ofrenda sexual se convirtió en una posibilidad tan ansiada para el periodista como los regalos que dan en el premio Planeta o el fastuoso viaje de promoción tras una novela de Javier Sierra.

Travesía peligrosa

En cuanto esta revista, con toda inocencia, me planteó la posibilidad de viajar hasta la guarida del lobo feroz de los medios españoles, una inquietud me recorrió el cuerpo. Glups. Ñam. Pero al final nada. Ni sexo ni drogas ni, por supuesto, rocanrol. Tan sólo unas moscas barojianas que zumbaban mántricas añadían algo de vida al lecho. Sin mayor ocupación, me puse a rememorar el día pasado en el Manderley dragoniano.

Llegué a Castilfrío desde la costa del Mediterráneo, milenaria y bulliciosa. Un viaje largo. Al adentrarse en Soria, uno descubre que esta tierra no trae muchos extras de serie. Pocos árboles, pocos pueblos o fábricas. En Soria, básicamente, lo que hay es la soriedad misma, lo que le da un aire de sobria formalidad a todo el paisaje.

Desde una pequeña loma se divisa la entrada de Castilfrío: veintisiete habitantes según Wikipedia. Un cartel de Fomento advierte: “Travesía peligrosa”. Pareciera que en el Ministerio supiesen de los peligros del territorio Dragó y, como unos funcionariales Virgilios, nos advirtiesen aquello de Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate.

En la puerta de la casa, allí donde la gente suele poner una loseta de cerámica con el típico “Aquí vive uno del Betis”, Dragó tiene citas en griego clásico (el gnóthi seautón, “conócete a tí mismo”) junto a otros baldosines más prácticos (“Aquí vive Fernando Sánchez Dragó).

El portón se abre y vemos al prolífico Sánchez, vestido con una camisa no muy bonita, y a su mujer Naoko. Con cordial hospitalidad me enseña su casa de tres plantas. Madera, libros, decoración rollo indio allí, rollo japonés aquí, y libros y más libros que parecieran los ladrillos mismos que sostienen el caserón. “La mayoría de mi presupuesto se va en mantener la biblioteca, que ya casi llega a los 100.000 ejemplares” se lamenta.

En la entrada, cerca de unos prosaicos aparatos de gimnasia, nos aguarda el futbolín donde “Froilán, el hijo de la Infanta, casi se saca un ojo”. Tiene Dragó un piano blanco, ejemplares de la revista Casa & Campo y, en el baño, Herbal Essence, una experiencia orgánica. La nevera está razonablemente llena y no dispone de piscina.

El Tíbet en Soria

Sánchez Dragó acaba de escribir un libro muy sentido y complejo, según confiesa. Habla de la vida y terrible muerte de su gato. Soseki quizá fuese, junto a Don Gato, uno de los felinos más populares en España. Coprotagonista más o menos voluntario del informativo que presentaba Dragó en Telemadrid, la muerte del minino en un trágico accidente de montacargas fue glosada ampliamente por nuestra prensa. Soseki: Inmortal y tigre (Planeta) fija permanentemente la memoria de este marramiau.

En la planta de arriba, tras pasar por el montacargas de la muerte, llego al estudio del dueño del local.

Su fiel máquina de escribir Olympia reposa sobre un ataúd de madera que tiene frente a su escritorio a modo de memento mori. “A veces me meto dentro y todo”, explica con sorna

Su mesa está bajo una claraboya que inunda de luz natural su hiperactivo cogote. Y, en el balcón, dos banderas al viento, la de Córcega (“Los Dragó vienen de allí”, explica orgulloso) y la Jolly Roger, la bandera pirata que simboliza su deseo de libertad.

Tras la visita, Dragó, afectuoso, me lleva al pueblo. Nos acompaña su amigo y mano derecha, el escritor Antonio Ruiz Vega, que lleva barba y una camiseta del Sinn Fein.

Dragó, de paseo por el pueblo, tiene algo de ingenioso hidalgo, de indiano sobrevenido y de Don Camilo en una peli de Berlanga.

Pasear por Castilfrío con Dragó es también como ir de visita de obras con un Florentino Pérez del Renacimiento. El hombre tiene cinco viviendas en el municipio y su sola presencia ha hecho subir el precio rústico en la zona. Pasamos por una casa recién comprada en la que hay albañiles en pleno tajo.

“No sé que hacer con ella. Las primeras se las vendí a amigos o familia, pero ya no viven aquí. Quizá en ésta monte un restaurante”. Dragó es el Paco el Pocero budista.

Cruzamos el arrollo y llegamos frente a un antiguo lavadero: “Es que Antonio (Ruiz Vega) se quiere casar y habíamos pensado ponerle un restaurante llamado precisamente El Lavadero”. Y, como si fuese un faraón agraciado en la Bonoloto o un alcalde levantino de los noventa, empieza a edificar sobre el aire con cada movimiento de su brazo. “Hay que sanear esto. El agua que corra y poner un cristal a la japonesa y unas seis mesas. La cocina fuera, e incluso una pista de esas de baile para parejitas bajo los árboles”.

Los planes urbanísticos de Sánchez Dragó no se detienen en el mundo de la restauración. Durante mucho tiempo ha albergado la idea de hacer de Castilfrío una comuna de meditación y estudio: La Nueva Eleusis. O, como lo llamaba geo-gráficamente, el Tíbet en Soria.

Tras el paseo, nos instalamos en el porche de la casa nodriza. Anda liado el hombre con su programa de tele y, hablando, hablando, me cuenta que está invitado a ir a Tele 5 para comentar la muerte de David Carradine. “Estará un sociólogo, una dómina de Barcelona y Belén Esteban”, dice con tranquilidad.

Pero, ¿por qué aceptas ir a estos sitios? -me escandalizo-. No hay necesidad ninguna de enfrentarse a la Esteban -remacho escalofriado ante la colisisión de tamaños meteoritos-.

“Me dan 250.000 pesetas por hablar un cuarto de hora y yo voy. Mi problema es que entro al trapo de todo lo que me proponen. Siempre digo que sí aunque luego me arrepienta”.

La conversación sigue por los reposados senderos de la disciplina inglesa y Dragó recuerda sus amores con una estrella del cine S para acabar concluyendo: “Y que les llames putita. Sí, eso les gusta a todas”.

Entre bromas y veras, Dragó va repasando todo su catálogo habitual de invectivas y jaculatorias:

“Yo soy cada vez más elitista. Ya esta bien con ese sentimiento de culpa por el cual un señor que ha nacido en el barrio de Salamanca y que haya ido al colegio de El Pilar, como yo, tiene que cerrar filas con los obreros de Vallecas. Oye, que se defiendan los obreros de Vallecas a sí mismos. Yo no soy demócrata, soy aristócrata”.

Y Franco que no falte:

“Yo siempre he sostenido que Franco era de izquierdas, los fascismos son de izquierdas. La seguridad social, las viviendas protegidas, la magistratura de trabajo…”.

Y con estas y otras cuestiones, tan o menos relevantes, se fue pasando la tarde y llegando la noche. Antonio se fue a recibir, supongo, la reprimenda de su mujer y futura socia del restaurante y apareció la costilla de Sánchez Dragó, que se había retirado para dejarnos arreglar el mundo con tranquilidad.

Nos zampamos un salmorejo y un pollo muy rico y me dieron hasta postre y todo.

Tras la cena, un mano a mano con el escritor. Sus dos gatos nuevos, que vienen a ocupar el espacio físico (que no moral) del gato caído, intentan salir fuera y rascan la puerta. Uno se llama Teseo. El otro no tiene nombre (“todavía no se lo ha ganado”).

“Yo no he llorado tanto como con la muerte de mi gato”, confiesa. “Yo llegué a desear que muriese mi madre porque se encontraba sufriendo una enfermedad terrible, pero la muerte de un gato no la deseas nunca y por eso es tan dolorosa”. Dragó exhibe orgulloso la incorporación de su minino a la rica cultura de los madriles: “Por Malasaña circula la frase: ‘estoy más seco que el gato de Dragó’”.

“Sánchez Dragó es un crío”

Para entender a este Dragó de pantufla y sentimental es imprescindible hablar de su padre. Era un prometedor periodista (“Hubiese sido como el ciudadano Kane de España”). El inicio de la guerra lo pilla en el norte y emprende un viaje a Madrid, en busca de su familia. Desapareció. Dada su filiación liberal, siempre se creyó que lo mataron los rojos, hasta que Dragó se topó con una revelación: fue asesinado por los franquistas. De este choque y la posterior investigación surge su interesante libro Muertes paralelas.

“A mí, mi padre me salva la vida. Después de fumar porros cada noche durante cuarenta años, tras escribir Muertes paralelas decido dejarlos. Y me voy a ver a Jodorowsky a Formentera, a que me haga un árbol genealógico. Descubrí que mi padre murió el día de su cumpleaños y Jodorowsky me explicó: ‘Las personas que mueren el día de su cumpleaños no han nacido para cumplir su vida sino para cumplir una misión para otras personas’. Mi padre murió para que yo pudiese ser quien soy sin sentirme eclipsado por su talento. Por eso mi álter ego es Dioniso, el nacido dos veces.”

El género de Sánchez Dragó es, casi siempre, la autobiografía. Por ello se halla el hombre embarcado en un proyecto titánico, sus memorias. “Llevo escritas 180 páginas y he llegado hasta mi primer día de colegio”. Y es que, como todo el mundo sabe, si algo tiene Dragó es rollo: “Yo no sufro al escribir. Mi problema no es el miedo al folio en blanco sino lo contrario, el folio lleno. No tengo problema de estreñimiento literario sino de colitis”.

Empiezo entonces a comprender quién y qué es Sánchez Dragó. Dragó es un crío. Pero no se me lo tomen a malas. Es un crío porque es capaz de cargarse de una pedrada el jarrón chino de papá y luego llorar por la madre de Bambi. Busca cariño y por eso llama constantemente la atención con sus trastadas. Sus provocaciones tienen mucho más de sentimental que de amargado. “Nadie que me conozca en la distancia corta me pueda odiar”, asegura. Y claro. ¿Quién puede odiar a un niño? Y como los chavales, que un día quieren ser astronautas y al otro bomberos, él, con absoluta sinceridad, puede ser a un tiempo anarquista y liberal, monje y juerguista, castizo y viajero, odioso y encantador.

La España de la infancia

Tras pasar la noche solo, como queda dicho, bajé a desayunar temprano. Me encontré con Naoko, que estaba trabajando en el jardín. Otro tipo de persona le hubiese recriminado que no alimentara la lasciva leyenda, pero yo tan sólo le pregunté por su huerto de tomates.

Naoko es una señora de lo más agradable. Me explica que empezó a estudiar español para poder huir de un Japón insoportable. Su padre, creo, era director del metro de Osaka y por eso ella me cuenta que si te suicidas en el metro la familia tiene que pagar los gastos y desperfectos a la compañía. Por eso las familias procuran que uno se mate en cualquier otro sitio. También me cuenta que en japonés no hay ni tacos ni chistes. También hablamos de pastillas: “Fernando se toma unas setenta al día”, me cuenta. “Son compuestos naturales y energéticos que ahora también vendemos por internet”.

Dragó y Naoko se quieren ir de España. “Vandalia”, como la llama el escritor. “No soporto España. No me siento español. No puedo soportar la mala educación de los españoles, la agresividad, las cacas de perro…”.

Como le pasa a muchos escritores, el país perfecto le cae a la altura de la infancia: “El mejor que yo ha conocido es la España de los años 1950 y 1960. No tiene nada que ver con Franco. Había pueblo, educado y con sentido de la honorabilidad, trabajador, con respeto. Si no te metías en política no pasaba absolutamente nada”.

Me voy. Llegué con la esperanza de pasar unos días de hippismo promiscuo, de desmesura física y exageración verbal, y me vuelvo con la satisfacción de haber conocido a una pareja de lo más amable. No se puede tener todo. Justo al salir, Dragó abraza a su mujer con el gato entre ambos y los zarandea cariñosón. Es lo más cerca que estaré nunca de ver orgía en Castilfrío. Y tan ricamente.

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Escrito por el oct 28 2009. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

10 Comentarios por “En Soria, con Sánchez Dragó: Castilfrío, capital de Dragolandia”

  1. Turiaso Triasu Tarazona

    A la entrada del pueblo no pone “travesía peligrosa”, sino “travesía muy peligrosa” jeje, rigor ante todo por favor.

    Véase el enlace para saber que estoy en lo cierto.

    http://maps.google.es/maps?q=castilfrio+de+la+sierra&hl=es&ll=41.917262,-2.305524&spn=0.00657,0.013733&sll=40.396764,-3.713379&sspn=13.760919,19.753418&vpsrc=6&t=h&z=17&layer=c&cbll=41.917262,-2.305524&panoid=jxHb0RPSaKiI-isO0eJMdw&cbp=12,43.21,,0,10.69

  2. Amor a una madre

    “Yo no he llorado tanto como con la muerte de mi gato”, confiesa. “Yo llegué a desear que muriese mi madre porque se encontraba sufriendo una enfermedad terrible, pero la muerte de un gato no la deseas nunca y por eso es tan dolorosa”.
    —————
    Se que nunca leerás estas líneas, Sánchez Drago, pero siento alivio al decirte esto: Creo que nunca quisiste a tu madre. No se puede comparar a la madre que nos dio la vida con un simple gato. Conozco gatos desde que nací y prefiero que se mueran todos antes que las madres.
    Mi querida madre hace años que padece la misma enfermedad que sufrió la tuya, alzheimer. Es cierto que no se puede viajar con ella, que se hace todo encima como un bebe pequeñito, pero jamás le he deseado la muerte. Es verdad, que por cuidarla con dedicación y amor, solo tengo eso, satisfacción personal de verla viva gracias a mis cuidados. Sé que es un gran defecto pensar con el corazón y no con la cabeza como has hecho tú, pero cuidado, la genética de los que nos engendran la llevamos en el organismo y un gato nunca te cuidará cuando te veas en sus circunstancias.

  3. Oeste

    “Un pueblo de veintisiete habitantes al oeste de Castilla y León” ¿Soria al oeste de Castilla y León?

  4. ANTONIO TRAVESÍ PÉREZ

    Fernando:
    Soy colaborador con Jose Antonio Campoy de Discovery Salud. No tengo el gusto de conocerte
    personalmente aunque me gustaría mucho, pero se que en tu casa hay una inscripción que dice
    que “a visita no concertada, visita no deseada”.
    Soy un hombre humilde que vivo con mi compañera Ana, en un pueblo de 7 habitantes del pirineo
    catalán y en el cual, si fuera escritor seguramente hubiera escrito un libro, quiza no un libro alegre
    pero si real de la más profunda españa.
    No sé si leeras este mensaje y si podrías concederme un poco de tu tiempo, si así fuera, mi correo
    es atp1954@hotmail.com.
    Recibe un cordial saludo para tí y también para tu Señora.

  5. Javier

    Mucha risa. Aunque esté en desacuerdo con el enfoque usado en muchos momentos del artículo, si es cierto que las contradicciones de Dragó son excesivas. Alguien tan centrado en filosofías sobre la disolución del yo y con un ego tan hinchado. Debería tener un poco de autocrítica y no ir a La Noria, pero claro, tiene que mantener la biblioteca y los viajes a Laos.

    • ANTONIO TRAVESÍ PÉREZ

      Javier:
      El que mantiene algo, es por que le gusta hacerlo, quienes somos nosotros para criticar lo que
      hacen los demás.
      Deja que Fernando sea feliz con lo que hace, porque cuando tú tengas su edad, también lo
      comprenderas.
      Recibe un cordial saludo

      Antonio, un hombre humilde.

  6. antonio lopez

    LA VERDAD QUE UN SENOR TAL CULTO COMO SANCHEZ SE FAJE PARA HACER UN LIBRO SOBRE SU GATO ES LA LECHE…EN TODO CASO LO PUDO HABER HECHO TIPO CUENTO INFNATIL…DIGO YO

  7. Urbano

    Señor escritor:
    Solo recordarle que donde dice: “CRUZAMOS EL ARROLLO Y LLEGAMOS FRENTE A UN ANTIGUO LAVADERO:, ¿no encuentra Ud. que una palabra chirría?
    Señor escritor, ARROYO, ARROYO !!

  8. ..

    ¿Como puede ser que un pueblo de Soria quede en el Oeste de Castilla y León? ¿El redactor confunde Soria con Zamora? ¿o es que nunca le explicaron hacia donde quedaba el Oeste?

  9. Deno

    Bueno, aquí mucho cotilleo de con que perfuma el baño, o de sus planes urbanísticos, pero en cuanto al contenido del libro, sé lo mismo que sabía ayer, que trata de su gato..
    Sin duda un día interesante que a mi no me importaría compartir..
    Y señor Dragó, eso de que los fascismos son de izquierdas es como decir que el comunismo es fascista..
    Digamos autoritarios que trae a los dos hacia un punto común.

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