William Boyd: extraño en tierra conocida
Por haber vivido en muchos y muy diversos lugares, desde Ghana hasta Niza, este escritor británico de la generación “Granta 1983” se manifiesta obsesionado con el concepto de “identidad”. Su peculiar trayectoria queda al descubierto en el texto inicial de la colección de ensayos “Bambú” (Duomo), que reproducimos tras esta entrevista.
Texto: Jordi Martínez Foto: Óscar Elías
Nacido en Ghana en 1952, criado en Nigeria y educado a caballo entre Escocia y Francia, William Boyd se dio a conocer literariamente con Un buen hombre en África y Como nieve al sol, novelas que le valieron ser escogido miembro de la célebre lista de “Veinte jóvenes novelistas británicos” seleccionada en 1983 por la revista Granta, donde compartió protagonismo con Martin Amis, Ian McEwan, Salman Rushdie, Julian Barnes… Desde entonces, la promesa no ha hecho más que cumplirse a través de títulos como Barras y estrellas, Las nuevas confesiones, Sin respiro o Armadillo. Con motivo de Bambú, su primera colección de ensayos, mantuvimos una charla en la que el escritor pasó revista a los principales apartados de su carrera.
Vocación
“A los 17 flirteé con la idea de estudiar Bellas Artes y ser pintor, pero un decreto paterno anuló esa opción muy rápidamente y decidí que me haría escritor. No sé por qué, en absoluto provengo de una familia de escritores, no contaba con el menor antecedente literario, así que tuve que buscarme la vida y educarme a mí mismo para convertirme en novelista. Fue un proceso largo, pero recibía palmadas en la espalda, gané algunos premios y me publicaron, así que no sentí que me estuviera autoengañando.”
Un buen chico en África
“No cabe duda de que ha tenido un efecto en lo que escribo, pero no creo que fuera la razón por la que me dediqué a esto. Si no, la gente no tendría más que marcharse al extranjero durante tres años y luego sentarse a escribir novelas. Ahora, mirando hacia atrás con perspectiva, veo que he tratado de forma recurrente el tema de la identidad. Pero lo importante es la imaginación. ¿Habría sido escritor de haberme criado en Edimburgo? Pienso que sí, pero no habría hecho las mismas novelas. África, las guerras civiles, los golpes de Estado… Cruzar el jardín de noche intentando no pisar una serpiente o un escorpión… Ése era mi contexto, y podía resultarme tan banal como las calles de una ciudad para cualquier otro chico.”
Reeducación francesa
“Tras acabar la escuela en Escocia pasé un año en Francia, solo, aprendiendo un nuevo idioma, y fue un período muy importante para mí. Aquel año académico en Niza me parece básico en mi reeducación. Tenía una habitación en la casa de unas viejecitas, y tenía que apuntarme a la universidad, pagar el alquiler… El internado escocés me hizo muy independiente, pero emocional y socialmente era casi un inválido, así que necesitaba salir a explorar y a poner las cosas en su sitio para recuperarme.”
“La idea de generación se gesta en retrospectiva. Recuerdo que cuando fuimos a hacernos la famosa fotografía de Lord Snowdon no conocíamos a nadie; de veinte, los únicos dos que se habían visto antes eran Martin Amis e Ian McEwan. Ninguno conocíamos a Salman o a Graham Swift, así que mirábamos a nuestro alrededor y nos preguntábamos quién sería toda esa gente. Ahora sí tenemos cierto trato, pero sólo como resultado del encuentro de 1983. No somos grandes amigos, pero sí conocidos. Lo cual viene a demostrar que no había ningún tipo de movimiento. Lo que pasó es que de repente la novela comenzó a resultar más interesante que el teatro, así que en vez de escribir guiones o textos dramáticos como Harold Pinter o Tom Stoppard nos decidimos por la narrativa.”
“Pertenezco a la última generación colonial, expatriada. Durante mi infancia no resultaba tan extraño haberse criado en Singapur o la India, formar parte de la diáspora colonial. Eso ya no existe. La gente viaja por contrato y vuelve a casa. En 1983 se refirieron a nuestra generación como ‘El Imperio contraataca’. Pensaban en Rushdie, Shiva Naipaul, Ishiguro… y yo caí en ese grupo. Irse a vivir a las colonias desde luego que te cambia el modo en que percibes tu país de origen. Yo me sentía mucho más cómodo en África Occidental que en Inglaterra o Escocia; sabía mucho mejor cómo funcionaban las cosas allí que en Londres o Edimburgo.”
“Parece que he escrito tres libros consecutivos relacionados todos ellos con el tema de la identidad. ¿Somos una sucesión de estados o existe una especie de ser fundamental? El libro en el que estoy trabajando es en cierto modo una continuación del asunto. Trata de un hombre joven en el Londres contemporáneo que de repente extravía todo lo que conforma su identidad social: hogar, cuenta bancaria, pasaporte, móvil, incluso su familia… Así que van cuatro, aunque estoy seguro de que podrás encontrar la misma cuestión en otros libros. Fui un niño blanco en el África negra. Tengo sangre escocesa pero no fui aceptado por los escoceses. Me siento en casa lo mismo en Francia que en cualquier otra parte. ¿Dónde están mis raíces? Sí, de todo esto se nutre mi obsesión identitaria.”
“Si tuviera que comenzar de nuevo, las cosas no tendrían nada que ver con el modo en que fueron a principio de los años 1980. Hoy día es muy difícil ganarse la vida como novelista literario; de ahí el éxito de los géneros: la novela negra, bélica, romántica, el thriller… Porque se venden con mayor facilidad. Así que mi consejo es comenzar con una novela de género para poner el primer pie. Y, una vez publicado, habrás roto esa terrible trampa 22.”









