La fama, ¿paraíso o infierno?
Margarita Rivière nos introduce por los infernales vericuetos mediáticos del laberinto de la celebridad con “La fama” (Crítica).
Texto: Antonio G. Iturbe
Margarita Rivière, con amplia y dilatada experiencia en todo tipo de medios de comunicación, parece actuar en no pocas ocasiones como un sociólogo que, en vez de trabajar en las aulas, trabaja en la calle. Por eso sus artículos y ensayos han girado casi siempre en torno a los mecanismos que mueven las ruedas de nuestro modo de vida en sus más variadas direcciones. Ha publicado cerca de treinta libros relacionados fundamentalmente con la influencia de los medios de comunicación, la situación de las mujeres en la época contemporánea o el fenómeno de la moda desde todas sus vertientes. Ahora se ha decidido a analizar algo que entronca, al menos en parte, con toda su trayectoria ensayística: la fama como gran fenómeno mediático de finales del siglo XX y principios del XXI.
La prensa, fábrica de fama
Afirma Rivière, en la línea del ensayista C. Wright Mills, que “el periodista actual es un fabricante de héroes y elites de todo tipo”. O, dicho de manera más directa: el periodista no es (salvo la excepción de los “periodistas estrella”) un famoso en sí mismo, pero tiene la capacidad de lanzar a alguien a la fama y eso le da un poder muy notable. Rivière, como periodista con cuarenta años de experiencia (ha sido directora de la Agencia Efe y ha colaborado en El País, La Vanguardia, El periódico…) es la primera en criticar su propia profesión: “he visto convertirse en estrellas mediáticas a mediocres colegas y hacer del protagonismo personal un instrumento de poder”.
Su tesis es que los medios de comunicación reflejan una “realidad a la carta”, con cierta tendencia a dejarse deslizar por el tobogán de la fantasía en los relatos periodísticos: “la labor de relacionar unos hechos con otros requiere cierta capacidad para montar una historia. De esta forma las noticias cada vez más adquieren la lógica del culebrón”.
Para situarnos en el campo de cultivo que hace crecer a lustrosos famosos en las pantallas como fresones en un invernadero de Almería, cita al investigador alemán Thomas Meyer y su concepto de “democracia mediática”. Viene a decir que el poder para influir en las decisiones de la gente se ha trasladado desde los escaños parlamentarios a los platós de televisión. Rivière señala que esto sucede de manera especialmente acentuada en el caso español, donde los medios de comunicación, pese a sus múltiples contubernios con esferas de la política o su vinculación a grandes grupos económicos, gozan entre la gente de una asombrosa aura de independencia. Este plus de credibilidad, seguramente inmerecido, se debe a que, tras la caída del franquismo, fueron los medios de comunicación los portadores de las esencias democráticas y el surgimiento en ese momento de cabecereas de diarios, radios y, ya en plena democracia, de las cadenas de televisión privadas y autonómica los dotaron de un plus de pedigrí democrático.
Rivière avisa del peligro de dejarse hipnotizar por la realidad paralela que proponen los medios, que conlleva como primer paso el cambio de ciudadanos a consumidores, tanto de bienes como de información. Y eso conduce a que la autora hable en su libro de “religión mediática”: “los iconos actuales funcionan de la misma manera que lo han hecho en cualquier época los iconos religiosos: ¿cómo no iba a adquirir un gran ascendente sobre el pensamiento una imagen repetida por todas partes y de todas las formas?”.
La autora nos dice que la fama es un reconocimiento social que se consigue mediante la visualización de un individuo por una importante parte de la comunidad. Pero también nos advierte de que reflexionemos sobre cuál es la esfera de realidad que estamos contemplando. Los medios de comunicación tienen la capacidad de crear una realidad paralela, o realidad mediática, en la que aparecen esos héroes o santos (si utilizamos el símil religiosos), de manera que son los propios periodistas quienen regulan los flujos de la fama.
Esto, que parece muy teórico, Margarita Rivière lo trae al terreno práctico con la prueba del algodón. En su estudio ha analizado informativos de televisión de manera seriada y ha echado mano de sus 2.000 entrevistas realizadas entre El periódico y La Vanguardia en los años 1980 y 1990. Su punteo de ejemplos y casos resulta muy revelador y nos abre una ventana al no muy ventilado mundo subterráneo de los medios: “si los periodistas explicáramos cómo puede influir un dolor de muelas de un jefe de redacción en los contenidos de un periódico, no se nos creería”. El libro, tiene una parte de análisis de los medios y de reflexión de la autora que se convierte en un jugosísimo manual de periodismo donde pone en solfa todo el sistema mediático y nos ofrece reflexiones propias, o seleccióna algunas de autores tan lúcidos como Umberto Eco, que es capaz de desmantelar en una frase el truco de cómo manos aparentemente inocentes manipulan igual que las del hacha en mano: “Una televisión controlada por el poder no debe necesariamente censurar las noticias (…) El problema es que se puede instarurar un régimen mediático en positivo, con la apariencia de decirlo todo. Basta saber cómo decirlo. A un régimen mediático no le hace falta meter en la cárcel a sus opositores. Los reduce al silencio, más que con la censura, dejando oír sus razones en primer lugar”.
Hay docenas de ejemplos de famas, más y menos merecidas, que ése es otro cantar. Nos habla de casos de máximo impacto mediático, como el de Lady Di. La fama la hizo familiar a miles de kilómetros de su casa entre personas que jamás la trataron: “su muerte consternó a millones de personas debido a cómo había estado metida en sus vidas”.
También analiza ese singular fenómeno de la fama como profesión, encarnado de manera impecable (e implacable) en Operación Triunfo, haciendo un seguimiento desde su nacimiento televisivo en octubre de 2001: “el acceso a la fama es hoy el equivalente a una carrera profesional. Ser famoso en la actualidad equivale a un trabajo de élite, un trabajo de veinticuatro horas en el que el protagonista tiene que rentabilizar, como si de una empresa se tratara, su producto, que es él mismo”.
Un estudio riguroso y útil para estudiantes, pero accesible para cualquier lector que quiera penetrar en los pantanosos territorios de la fama.









