Philip Kerr: no hay nazi que se le resista

Redaccion

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La sexta aventura del detective berlinés Bernie Gunther en los procelosos años 1930 y 1940, “Si los muertos no resucitan”, ha merecido el III Premio Internacional de Novela Negra RBA. Texto: Antonio Lozano Foto: Óscar Elías

Pasos en falso

El titular de su juventud podría ser “Cuánto tiempo perdido”. Tras no salirse como abogado ni como contable, estuvo ocho años redactando anuncios para la agencia publicitaria Saatchi & Saatchi. Después de facturar para Penguin un par de libros sobre mentiras, fraudes y peleas que han marcado a la humanidad, escribió cinco novelas que, para el caso, bien podría haber dado a su pescadera de cara a envolver su mejor género. Sólo entonces vio la luz llegando por un túnel muy negro, el horadado por intrigas criminales con el nazismo de marco. O cómo fijarse en las hormigas en un desfile de elefantes (explicación en el siguiente punto).

En todos los tamaños

“Al ser un lector voraz de filosofía alemana comencé a interesarme por la revolución nazi. No me gusta la novela negra inglesa que te obliga a comulgar con inverosimilitudes como que en un pueblo remoto a un detective le vayan saliendo al encuentro docenas de casos jugosos. En Berlín se produjeron crímenes reales que funcionaron al modo de ensayo preparatorio de cara al mayor crimen del milenio. Y también crímenes particulares y concretos desarrollándose en la trastienda de uno descomunal”.

Berlín “Noir”

Las intrigas nazificadas de Philip Kerr han tenido un solo hilo conductor -el policía y detective privado Bernie Gunther-, pero dos etapas. Entre 1989 y 1991 apareció el tríptico berlinés compuesto por Violetas de marzo (consolidación de Hitler en el poder), Pálido criminal (finales de la Segunda Guerra Mundial) y Réquiem alemán (posguerra). No fueron hasta transcurridos quince años de la publicación de esta última que Gunther reflotó en el Munich de 1949 en Unos por otros, para saltar luego a la Argentina de Perón en Una llama misteriosa y, en un complejo tirabuzón temporal, retroceder al Berlín de 1934 y migrar acto seguido a La Habana de Fulgencio Bautista en Si los muertos no resucitan.

No más que un poco más

Al tratarse de una obra en marcha con frecuentes saltos en el tiempo, tramas dobles y el propósito general de engrasar el preciso retrato histórico con la amenidad de los casos inventados, el virtuosismo narrativo de Kerr resulta pasmoso. Su fórmula podría destilarse de esta declaración: “Pretendo colocarme en una situación histórica como un actor del método que busca desenvolverse en un período específico del pasado. Debo encontrar una buena historia en los márgenes de lo que la gente corriente conoce. Documentarse sobre un tema hasta saber un poco más que un lector razonablemente bien informado. Más que un poco sería demasiado, un poco menos sería insuficiente”.

Efecto paradójico

Sus novelas surten al lector con una cifra generosa de datos reales que sobrepasan la verosimilitud de lo puramente imaginado. Ejemplos: los nazis no fabricaron jabón con los cuerpos de los judíos, pero sí que aprovechaban el pelo para los más variados usos. Brigadas de israelíes asesinaron a 2.000 criminales de guerra nazis y planearon matar a millones de alemanes envenenando los suministros de agua de varias ciudades. Médicos estadounidenses experimentaron con prisioneros de guerra de cara a dar con la vacuna contra la malaria. Perón promovió la acogida de millares de nazis en Argentina con la esperanza de que sanearan las maltrechas arcas argentinas con sus botines de sangre… Para oxigenarnos entre tanto dato escalofriante, Kerr va introduciendo cameos como los de Kim Philby, Guy Burgess, Cabrera Infante, Evita Perón o la residencia cubana de Hemingway.

Bernie Gunther

Sin riesgo de caer en panegíricos , Bernie Gunther, máxima encarnación en la Tierra del concepto de sarcasmo, es uno de los detectives de moralidad y biografía más complejos que ha dado nunca la literatura de intriga y, con permiso de los sabuesos de Chandler, la lengua más afilada, veloz y cínica inmortalizada en negro (pero negro negro) sobre blanco. Que le pierdan el alcohol, el juego y las prostitutas, que tenga un punto misógino y que haya disfrutado matando no le resta un ápice de sustancia a su conciencia, al tiempo que no neutraliza su cruzada contra el Mal Absoluto. No es fácil odiar a muerte a los nazis y tener que trabajar con ellos. Gunther ejerció de sargento de la brigada criminal de la Kripo durante la República de Weimar, pero dimitió tras la llegada de los nacionalsocialistas al poder. En su accidentada trayectoria ha sido detective privado, responsable de seguridad del Hotel Adler, un recluta forzoso de las SS para integrar un batallón policial en Ucrania, prisionero en un campo de concentración soviético, colaborador de la contrainteligencia americana y de los servicios secretos argentinos, víctima de un complot para presentarlo ante la CIA como un criminal de guerra nazi…

Palabras como chalecos antibalas

Con un currículum así, cualquier otro habría encadenado un cuadro de estrés postraumático tras otro. Pero Bernie Gunther tiene en el cinismo un mecanismo de protección infalible contra todas los sustos y traumas que le van saliendo al paso. Sigue un botón: “Pienso que durante un corto período de tiempo, la lengua alemana consistió en una serie de palabras alemanas muy largas, compuestas a partir de pensamientos alemanes muy pequeños (…) Forma parte del destino de cualquier raza creerse la elegida por Dios, pero es el destino de un número contado de razas el llegar a ser lo suficientemente estúpidas como para intentar llevarlo a la práctica” (Si los muertos no resucitan).

 

Faro Kubrick

La pregunta que ha quedado en el tintero es: ¿en qué diantres estuvo metido Philip Kerr durante esos quince años de descanso que dio a Gunther? Pues chapoteando en los géneros de acción y entretenimiento más variados, con distinta fortuna y sin renunciar a flagrantes best sellers de diseño. No en vano asegura que su referente es el director Stanley Kubrick, por su polivalencia e independencia creativa. Especialmente recomendable es Una investigación filosófica (Anagrama), donde perfila a un perturbado que asesina siguiendo los postulados de Wittgenstein. También flirteó con el thriller high-tech (El infierno digital), el Yeti (Esaú), neopiratas del agua (Plan quinquenal), mafiosos rusos (Carga mortal), ciencia ficción con transfusiones sanguíneas (The Second Angel), misterio con personaje histórico (Dark Matter: The Private Life of Sir Isaac Newton). Lista a la que hay que añadir la serie juvenil, Los hijos de la lámpara (Alfaguara), compuesta hasta la fecha de cinco volúmenes, en los que se siguen las andanzas de unos mellizos que, tras descubrirse un buen día dotados de poderes al pertenecer a una tribu mágica, se embarcan en una batalla planetaria entre los difusores de la buena y la mala suerte.

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