Castilfrío, capital de Dragolandia

Este mes publicamos en la revista, al hilo de la publicación en Planeta del nuevo libro de Sánchez Dragó, Soseki, inmortal y tigre (un homenaje a su gato, fallecido en acto de servicio), una crónica de la visita de nuestro redactor Antonio Baños a la casa del escritor en Castilfrío. El artículo de Antonio Baños se gestó este verano, en un viaje al centro de la tierra castellana en el que un servidor conducía y Baños substituía a los compact disc que quedaron olvidados en Barcelona por una charla sólo interrumpida por los peajes de la autopista.  Cruzamos la Cataluña de poniente, recorrimos los Monegros, atravesamos Zaragoza y tras pasar Soria enfilamos una estrecha carretera con dirección a un remoto pueblo llamado Castilfrío. Uno de esos lugares en medio de campos amarillentos de hierba seca donde no se ve otro rastro humano que las oxidadas señales de tráfico. Eso sí, cuando llegamos, pensando que arribábamos a una terra casi por descubrir nos llevamos el chasco de que ya se nos habían adelantado. Ya había estado allí Papa Noël Zapatero, o al menos la enorme pancarta de su plan Ñ, que Baños dice que suele ser más grande el cartel que la propia obra. Y es así. Resultó muy fácil llegar a la casa de Dragó: a la primera indígena que preguntamos por la casa nos indicó rápidamente. Allí es el amo. Aunque si hubiéramos dado unos pasos, la hubiéramos distinguido enseguida; no es muy habitual en un austero pueblo Soriano de casas de piedra ver una fachada adornada con gigantescas cabezas de Buda. Dragó tendrá muchos defectos, pero tiene el don de la simpatía. Nos recibió con agrado y nos enseñó la casa de arriba abajo con sano orgullo de castellano que enseña su castillo y casi morimos de envidia al ver su baños japonés: una gran bañera redonda excavada en la tierra, con chorros de hidromasaje estratégicamente situados y frente a una pared de cristal desde la que se ve el jardín. Nos comentó que en invierno es una gozada estar en pelotas con el agua calentita mirando fuera como nieva. Porque Dragó es budista, pero vive como Dios. Allí, en el confortable destierro de Castilfrío dejé a Baños en compañía de Dragó y sus mil batallitas. El resultado de esa noche en Dragolandia en que se reunieron ese par de dos, nos lo cuenta Baños en la revista de este mes. No sé si es nuevo o viejo periodismo, pero vale la pena leerlo.

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Escrito por el oct 13 2009. Archivado bajo Blog. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

1 Comentario por “Castilfrío, capital de Dragolandia”

  1. Jorge

    El mejor reportaje del número.

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