David Goodis: “Disparen sobre el pianista”
Autor: David Goodis
Traductor: Julio F. Yáñez
Editorial: RBA
208 páginas. 14 euros.
CUATRO TINTEROS
Argumento
Todo el mundo tiene un pasado, pero pocos tantas ganas de dejarlo atrás como Eddie, antaño un virtuoso pianista casado con una preciosidad, mientras que hoy le da al piano por cuatro perras en un antro de Filadelfia y tiene como única amiga a una vecina prostituta de gran corazón. Pero, el día que su hermano entra en el local perseguido por dos matones, ese pasado regresa con la fuerza de un huracán.
El clásico de la novela negra es quizás la raza más proclive a padecer esa maldita gracia que supone vivir en el ninguneo y alcanzar la gloria póstuma. Si se le añade una muerte prematura, el asunto adquiere tintes metaliterarios y premonitorios, como si aquél hubiese estado escribiendo sobre sí mismo, componiendo una suerte de largo epitafio, a través de su oscuro corpus detectivesco. Goodis fue ignorado y falleció en un psiquiátrico a los 50 años. A cambio, dejó una joya con la que uno se solaza regresando una y otra vez, igual que, pongamos, a Pacto de sangre o El halcón maltés. Un viernes por la noche, un tipo malherido huye por las calles de Filadelfia y entra en un bareto de perdedores y fulanas. Suena un piano. A las teclas está el taciturno Eddie. El tipo se le acerca. A Eddie se le ha acabado la tregua con su doloroso pasado, el responder a los curiosos con un “Yo nací, eso es todo”. En un primer capítulo para enmarcar, Goodis ya muestra ese nervio y esa impresionista composición de personajes y ambientes, que bebió de su condición de guionista y novelista de quiosco, para no soltarlos. Descubra cómo el antaño concertista de piano Edward Webster Lynn acabó dilapidando su talento en un tugurio y acompáñenlo en su segunda huida, junto a una camarera con una aguja prendida al delantal. Se topará con unos hermanos codiciosos, ex luchadores sin sentido del humor, matones en un Buick, vasos de ginebra que son bolas de cristal y una cabaña sobre un bancal de sandías.
Por Antonio Lozano


Sumario n. 152
"Qué Leer" se vuelve extra
A mi la historia que David Goodis nos cuenta en Disparen sobre el pianista me ha recordado a Jim Thompson, tal vez demasiado. Por otro lado no me parece tan genial como así lo anuncian.
En primer lugar la historia, la principal, transcurre en dos días, los últimos nueve no sirven más que para suavizar las cosas además de presentarnos un desenlace de cuento de hadas. Por lo demás los dos días en los que transcurren los hechos son falsos, puesto que Eddie, o Edward, nos cuenta, eso sí, utilizando un recurso literario muy interesante, recurriendo así mismo unas veces y otras contándolo a quien quiera leerlo, como interlocutores, para mi es lo más interesante de la novela. Con todo, los dos días se convierten, en realidad, en toda una vida, la que nos cuenta Eddie, o se la cuenta a sí mismo.
En segundo lugar creo que el título es equívoco. Sólo disparan contra el pianista, contra Eddie, al final y lo hacen porque a los que quieren cargarse es a sus hermanos, no a él, por lo tanto yo no lo hubiera titulado así, y mucho menos cuando el título original es Down There, más o menos como Allí. Allí responde mejor a la historia, puesto que es allí, en la cabaña en la que Eddie había nacido, donde se produce el desenlace final, no el del cuento de hadas, sino el anterior.
La historia es lenta, un tanto anodina, yo creo que nada tiene que ver con eso que los editores colocan en la contraportada para darle bombo y platillo: “La quintaesencia de la novela negra americana, junto con Jim Thompson y Raymond Chandler”, según Los Ángeles Times. Pues yo no me lo creo. Es cierto que la historia nos mantiene intrigados, tal vez muy intrigados, pero de ahí a recrearse en algo tan lento, anodino y superficial como “Una vez hubo encendido la estufa, Clifton se acercó a la mesa y se sentó. Sacó un paquete de cigarrillos, lo sacudió con ademán experto y dos cigarrillos asomaron por la abertura. Eddie tomó uno. Fumaron durante un rato sin decir nada…” Demasiado lento.
Tengo un gran respeto por Antonio Lozano, sus obras (El caso Sankara, Preludio para una muerte, Donde mueren los ríos…) me parecen geniales y militantes, pero sobre lo que dice respecto de esta obra, “…una joya con la que uno se solaza regresando una y otra vez…”, me parece exagerado. Pero, en fin, los gustos son múltiples. Yo no la pienso volver a leer, al menos por ahora.
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