Adolfo García Ortega: “El mapa de la vida”
Autor: Adolfo García Ortega
Editorial: Seix Barral
544 páginas. 20 euros.
CUATRO TINTEROS
Argumento
Ada, experta en el Renacimiento, y Gabriel, diseñador de montañas rusas, han sobrevivido al atentado del 11-M. Sus almas y sus cuerpos han salido malparados de aquellos trenes. Pero la vida les ha dado el regalo de encontrarse y superar el horror mediante una historia de amor inesperada. Hay que ser muy valiente para trazar un nuevo camino cuando se ha roto el frágil mapa que ayuda a orientarse en la vida, entre víctimas, verdugos, la amenaza de un nuevo horror yihadista… Pero navegarán entre los ángeles de la Florencia renacentista, la figura de Mahoma o la Nazareth de la joven Miriam….
Hay un momento en la vida de todos en que perdemos nuestro “ángel”. En cambio, los protagonistas de esta novela lo recuperan; se ven atravesados, invadidos, por él… Acaso ellos mismos se conviertan en “ángeles anómalos”, como bien sospechan. Igual que en La Anunciación el ser alado se arroba ante la joven Miriam, Gabriel se enamorará de Ada frente a la tabla de Fra Angélico con una pasión que irá más allá de la pasión y, juntos, intentarán escribir las primeras páginas del nuevo libro de sus vidas. Nadie lo entenderá. Como ningún florentino comprendió “el campanile” de su catedral, que sólo habitaba en la imaginación de Giotto. Claro está que no se ha dicho: es un nuevo principio porque antes hubo un final. El atentado de Madrid, que segó la vida de cientos de personas que viajaban en unos trenes con destino hacia la muerte. Ada y Gabriel sobrevivieron, no sin antes haber perdido la vida en el trayecto… Por tanto, “ellos ya no son ellos ni su casa es ya su casa”. Romperán con sus antiguos mundos, amarán la cartografía de sus mutilaciones e intentarán no volver a sentir el vértigo de caerse por dentro, hacia los patios interiores que anidan en cada alma humana.
Pero también en El mapa de la vida se habla de la más vieja historia del mundo: la del testigo. Sus protagonistas serán espectadores de instantáneas propias y ajenas que empujan al lector hacia un archivo de fragancias ásperas, ideogramas agónicos atrapados en el ámbar del recuerdo. Gracias a sus ojos asistiremos a una sucesión de dramas públicos y privados, narrados mediante decisiones poéticas de alto riesgo… De esas que pudieran desbaratar los cimientos de una novela. Pero, justo cuando la página se puede quebrar, remonta de un modo brillante, concatenando una imagen bellamente construida detrás de otra, hasta configurar una narración preñada de imágenes que uno nunca supo que pudieran juntarse.
Divulgación del horror
Si hay novelas que vuelven el mundo un poco más habitable, ésta es una de ellas, porque su autor la ha escrito con el brazo armado del auto sacramental al servicio de la lírica. El resultado: una obra que no nos fallará cuando llegue la hora de la verdad. No en vano, García Ortega tiene los deberes de los clásicos europeos muy bien hechos. Y la metamorfosis como obsesión. Por ello, sus protagonistas, pacientes ante su otredad como si de un Gregor Samsa se tratara, Gabriel y Ada, encuerpados en su raridad, luchan denodadamente, no ya por salir de aquellos raíles del trágico 11-M, sino de la rueda misma de Samsara. Pese a todo, el lector no se verá envuelto en la dramática luz de Caravaggio sino en la luminosidad del Renacimiento. Algunos dirán que es un funeral de palabras dedicadas a los vivos muy muertos y un aliento de esperanza para los muertos demasiado vivos que luchan por salir del abismo de Nevermore… Sólo si uno conoce al autor sabrá de su militancia en la divulgación del horror. Estamos frente a un descomunal poeta –antes que ninguna otra cosa– que se ha empeñado en narrar los alrededores del dolor para redimirlo de las palabras gastadas.
Ángeles López










No me gustó este libro, me chantajeó emocionalmente. Tuve que soportar largos apartados pseudofilosóficos y luego tuve que leer sobre la derrota de todos y cada uno de los protagonistas. Pierde Ada, pierde Gabriel, pierde Maria, pierde Giotto, pierde Sayyid. Me parece que el autor me esta diciendo: perderas tu tambien, preparate….