Eric Frattini: Así hizo “El laberinto de agua”
Este experto en terrorismo y servicios secretos se ha servido de todos sus conocimientos y experiencia para redactar “El laberinto de agua” (Espasa), una intriga de testamentos y asesinos vaticanos. Por Begoña Piña
Corresponsal en Oriente Medio y experto en terrorismo islámico y en servicios secretos de medio mundo, Eric Frattini abandonó el periodismo por los libros y en menos de una década ha puesto casi una veintena de ensayos en el mercado. Desde la Mafia, pasando por la CIA, el KGB y el Mossad, este prolífico y entusiasta investigador se cansó un día de escuchar que sus obras parecían novelas. Tras publicar La conjura. Matar a Lorenzo de Médici se lanzó a la aventura de la ficción. Debutó con El quinto mandamiento, un thriller con todos los ingredientes que parecen asegurar el éxito hoy. En dos meses se agotó la primera tirada, de 4.000 ejemplares. Ahora, casi dos años después, Frattini recupera al personaje de aquella historia, el cardenal August Lienart, para que lidere a una perversa banda de asesinos.
El laberinto de agua cuenta las intrigas alrededor de una joven, Afdera Brooks, que recibe de su abuela ni más ni menos que el testamento de Judas. Este documento podría tirar por tierra siglos de dominio de la Iglesia Católica al desvelar las mentiras de Pedro. Para impedirlo, el maligno cardenal recurre a su grupo de sicarios, el Círculo Ostogonus…
El escritor casi ha trabajado este libro como lo hace habitualmente con los ensayos. Conoce personalmente todos los escenarios; algunos de sus personajes son reales, otros están inspirados en actores o creaciones de cómic y novelas; aprovecha sus conocimientos sobre los servicios secretos del Vaticano para recrear la mayor parte de las situaciones; por supuesto, cualquier referencia al testamento de Judas está certificada… Todo, incluso la trayectoria y velocidad de una bala, ha sido documentado, investigado y, en los casos en que ha sido
posible, ensayado y probado.
ESCENARIOS
Todos los escenarios de la segunda novela de Eric Frattini son sitios reales y el autor los conoce bien. Venecia, Roma, Ginebra, Berna, Jerusalén, Acre, Estados Unidos y el Vaticano son ciudades en las que el escritor ha pasado temporadas como reportero en los tiempos en que se dedicó al periodismo, como investigador para sus libros, como conferenciante experto en terrorismo islámico o simplemente como turista.
Venecia – En Venecia se encuentra la residencia de la protagonista de esta historia, Afdera Brooks. La casa en la que ella y su hermana Assal han crecido pertenecía a su abuela Crescentia, que aparece al comienzo de este relato y que, de hecho, es el personaje que deja en herencia a su nieta la gran responsabilidad de decidir el destino del testamento de Judas. El edificio se conoce como Ca’de’Oro y es un palacio del siglo XV desde el que se observa el Gran Canal y que está considerado como uno de los mejores ejemplos del gótico veneciano.
Las siete puertas de Venecia aparecen constantemente en el libro de Frattini como parte de la leyenda del Laberinto de Agua. Muchos investigadores han llegado a la conclusión de que justamente Venecia es la ciudad “Laberinto de Agua”. El autor siguió el recorrido por los canales y las calles y atravesó todas estas puertas: la de la aventura, la del mar, la de Oriente, la del oro, la del amor, la del color y la del viaje. Tras ellas se encuentran los lugares claves de este thriller: iglesias, estatuas, inscripciones, edificios… por donde pasan los personajes o en los que se encuentran las llaves para seguir con éxito el descubrimiento de la carta de Eliezer, el discípulo de Judas Iscariote.
Egipto – Varias localizaciones de Egipto aparecen a lo largo de la trama de la novela. En este país viven algunos de los personajes que contribuyeron en la ficción al hallazgo del testamento de Judas y también allí se suceden algunos de los asesinatos. Alejandría, El Cairo y excavaciones arqueológicas en el desierto han servido al autor para ubicar acción y personajes. Como en Venecia, los hoteles y otros lugares concretos que se mencionan existen en la realidad y en ellos ha estado Frattini.
PERSONAJES
Eric Frattini mezcla realidad y ficción también entre los personajes de su historia. Así, junto a los protagonistas, de absoluta invención, aparecen otros que son o han sido personas reales, como por ejemplo los Papas mencionados en el libro o Mehmet Ali Agca, el hombre que atentó contra Juan Pablo II en 1981. También son del territorio de la realidad Mirelle Doni, la dueña del restaurante veneciano Alla Vedora; Michele Rugolo, propietario de un restaurante de la ciudad de Berna; Stefano Pisani, que aunque en el libro aparece como historiador del Museo Naval de Venecia es en la realidad un artesano de fórcolas (la pieza sobre la que se colocan los remos en las góndolas), y Raniero Mancinelli, conocido como el sastre de Dios, que es el hombre que viste a cardenales, Papas, obispos…
Otro personaje de la historia, el ayudante del griego Kalamatiano, un anticuario con tácticas un tanto oscuras, está inspirado en un personaje real y la operación policial que aparece en el libro es también una redada que tuvo lugar en noviembre de 2003. Hace cinco años se realizaron dos operaciones conjuntas por parte de la policía suiza, la policía italiana y la División de Protección de Arte y Antiguedades de la Interpol. Los agentes entraron en cuatro almacenes de aduanas en Suiza, donde encontraron cerca de doscientas piezas de arte por un valor aproximado de 35 millones de dólares. El nombre real del egipcio detenido, al parecer el jefe de la red, era Tariq al Suwaysi.
Afdera – El nombre procede del lago salado de Etiopía, junto al que se encuentra otro lago del que surgió el nombre para su hermana, Assal. Eric Frattini no es el primer creador que bautiza con este nombre a una persona, antes lo hizo Raimondo Franchetti, que descubrió el lago en sus viajes por África y que, posteriormente, lo documentó en su libro En la Dankalia etíope. Franchetti llamó Afdera a su hija, una mujer que terminaría casándose con Henry Fonda. El aspecto físico del personaje es una mezcla entre el de la actriz Rachel Weisz y el del personaje Louise Brooks, de Hugo Pratt.
August Lienart – En el imaginario de Eric Frattini, el cardenal Secretario de Estado del Vaticano es una mezcla entre Fumanchú (el malicioso perdedor que se inventó Sax Rohmer), la matemática mente criminal de Moriarti (creado por Arthur Conan Doyle para tener un enemigo a la altura de Sherlock Holmes) y el Cardenal Trebaldi (malvado de El Escorpión, el famoso cómic de Enrico Marini, escrito por Desberg). De la combinación entre ellos es casi imposible, sin embargo, hacerse una idea clara del físico del personaje. Para ello, el escritor se inspiró en el actor americano David Strathairn (protagonista de Buenas noches y buena suerte).
Maximilian Kronauer – Atractivo, joven, elegante, siempre impecable y misterioso, es uno de los personajes clave en el desenlace de este thriller. Para construir a Max Kronauer, el escritor se inspiró especialmente en el protagonista de Predicador, la serie de novelas gráficas del guionista Garth Ennis y el dibujante Steve Dillon.
EL CÍRCULO OCTOGONUS
El Círculo Octogonus fue una organización secreta nacida en tiempos del Papa Inocencio X (retratado por Velázquez). Olimpia Maidalchini, jefe del servicio de espionaje papal de la época, una mujer poderosísima y muy temida, fue la creadora de esta entidad, una unidad de sacerdotes entrenados para matar a todos los enemigos del Santo Padre. Se les conocía como El Octógono o la Orden del Ocho. Actualmente no existe nada parecido, pero Frattini ha recuperado la idea para su novela.
Casino de los Espíritus – Es el edificio veneciano donde se reúnen los sacerdotes asesinos a la espera de noticias del cardenal Secretario de Estado del Vaticano.
Iglesia della Salute – Una edificación, también en Venecia, de planta octogonal donde se reúnen por primera vez todos los miembros del Círculo Octogonus.
Iglesias del Octogonus – Los lugares de donde proceden los asesinos fieles a Lienart. Emery Mahoney, miembro del grupo y secretario privado del cardenal, acude a buscar a los sacerdotes a los distintos lugares del planeta donde se encuentran. Marcus Lauretta está en la Abadía de Sant Antimo en Montalcino; Lazarus Osmund llega desde el Castillo de Malbork en Polonia; Carlos Reyes sale de la Iglesia de Laja en Bolivia; Eugenio Cornelius surge del Monasterio de Ettal; Spiridon Pontius aparece en el Monasterio de Hagarzin en Armenia; Septimus Alvarado espera en el Monasterio de Irache, en Navarra; y, por último, Demetrius Ferrel procede del Monasterio de Maria Hilf en Passau.
TEXTOS
La carta de Eliezer – Los protagonistas descubren que el testamento de Judas es un documento fundamental, pero la verdadera conmoción en el mundo del cristianismo la provocaría la aparición de una carta que dejó escrita Eliezer, discípulo de Judas Iscariote y último conocedor de su secreto. En ella, Eliezer explica cómo Jesús ordenó a Judas que le entregase a los romanos y se preparase para ser su heredero en la tierra. Ello dejaría a Pedro, padre de la Iglesia Católica, en una situación comprometida, pues él no habría recibido el testigo de su maestro, como siempre se ha pensado.
La carta de Eliezer está, por supuesto, escrita en arameo siriaco. Eric Frattini acudió al especialista Paco del Río para que escribiera en este idioma el texto que aparece en la novela. La misiva se encuentra en las páginas del libro en arameo, en su versión fonética y en su traducción en castellano.Mientras que el testamento de Judas existe realmente, la carta de Eliezer es una absoluta invención del autor.
El testamento de Judas – Este documento se encontró en la década de 1970 en Egipto. Estaba dentro de una tinaja, a su vez protegida por una caja de piedra. Se trata de un papiro con un texto escrito alrededor del año 300 y dividido en cuatro libros, siendo uno de ellos lo que se conoce como el testamento de Judas. El códice es una traducción al copto del original en griego. Está considerado uno de los tres textos antiguos más importantes descubiertos el último siglo, junto a los manuscritos del Mar Muerto y los de Nag Hammadi.
El texto se conocía por una referencia aparecida en el tratado Contra la herejía, del obispo Irineo de Lyon del año 180. Al parecer, las primeras líneas del manuscrito son: “El relato secreto de la revelación que Jesús hizo en conversaciones con Judas Iscariote durante una semana antes de que celebrasen la Pascua”. Según los investigadores, en este documento Judas aparece como un buen discípulo que no traicionó a Jesús, sino que siguió sus indicaciones y, al entregarle, facilitó su liberación divina.
Tras su descubrimiento, y tal y como cuenta Frattini en su libro, el texto fue restaurado y analizado en unos laboratorios de Ginebra. Todas las cuestiones técnicas que aparecen en la novela acerca de los trabajos de restauración y traducción son reales. Durante un tiempo, en la realidad y la ficción, el testamento fue abanadonado en una caja de seguridad de una banco de Estados Unidos. El destino final del códice auténtico es diferente, sin embargo, al de la ficción. El testamento de Judas se enviará próximamente al Museo de Historia Copta de El Cairo.
León del Arsenale – Una de las mejores pistas de la trama aparece en la inscripción que existe en el León del Arsenale. Se trata de un texto escrito en rúnico que jamás se ha podido traducir. Eric Fattini inventa la traducción y abre una nueva puerta para que sigan avanzando los personajes. “En la puerta del mar, Zara girará alrededor del laberinto, mientras el león protege al caballero y su secreto. Encuentra la estrella que ilumina el trono de la iglesia y te llevará hasta la tumba del verdadero”, es lo que descubren tras esta clave.
Trono di San Pietro – El trono de San Pedro, en el interior de la Basílica de San Pietro di Castello en Venecia, tiene una hermosa inscripción árabe. Eric Frattini inventó la traducción, pero pidió a Guadalupe Saiz, catedrática de la Universidad de Jaén, que escribiera su texto en el árabe del siglo XIII. “Allí donde yace el caballero del león, el sagrado, allí en el lugar en el que se alza la estrella, allí en la ciudad que aún sigue siendo santa, encontrarás la palabra del verdadero, del elegido, el que desciende de la gran estirpe, el que no tiene rey y que deberá guiar a las tribus israelitas”. Es el texto que se brinda a los personajes en su búsqueda de la carta de Eliezer.
ACCIÓN
El Laberinto de agua esconde varias escenas de acción, bastantes asesinatos -unos más maquiavélicos que otros-, persecuciones, torturas… Para todo ello, Eric Frattini se ha rodeado de expertos y ha sacado el máximo partido a las distintas herramientas de Google, especialmente Google Earth.
Persecuciones – Google Earth ha permitido al autor desplazarse una vez más (aunque de manera virtual) a todos los lugares del mundo que aparecen en el libro. Además, ha ideado las persecuciones y recorridos por las calles de distintas ciudades gracias a ello y ha podido crear el mapa estelar que contribuye al desenlace de la historia. Otros mapas han sido también de ayuda, sobre todo, uno muy minucioso sobre la ciudad del Vaticano, por donde se mueven los personajes de la Curia.
Disparos y armas – Los detalles relacionados con las escenas en que se producen disparos, todas absolutamente factibles, están avalados por el asesoramiento de un capitán de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil (UEI), un hombre que ha servido como francotirador durante quince años. El contacto con este grupo, más conocido como “los caras negras” y que procura mantenerse alejado de cualquier publicidad, le llegó a Eric Frattini no como escritor, sino como especialista en terrorismo islámico y en servicios de inteligencia. De hecho, el autor es conferenciante habitual del Centro Nacional de Inteligencia, de la Guardia Civil, de servicios secretos de varios países, de la DEA (Drug Enforcement Administration, agencia del departamento de Justicia de Estados Unidos dedicada a la lucha contra el contrabando y tráfico de drogas), de policías autonómicas españolas, especialmente la Ertzaintza…
En El laberinto de agua hay dos escenas en las que un francotirador dispara a su víctima desde una gran distancia. Para construirlas, Frattini contó con la ayuda de este capitán de la UEI. El escritor le pasó unas minuciosas fichas técnicas de los disparos. En ellas indicaba el nombre de la víctima, la altura del individuo, el lugar, la hora del día, la posición del francotirador, la distancia al objetivo, los obstáculos posibles de la bala… El capitán, entonces, le contestaba a todas sus preguntas y le indicaba el tipo de arma, la procedencia de ésta, la manera en que actuaría un profesional -qué haría y qué no haría nunca-, las posibles interferencias, el modo en que debía colocarse el tirador, el apoyo que debía emplear para el arma, cómo mimetizarse con el espacio para no ser descubierto…
Asesinatos – Hay en la novela otro tipo de asesinatos, mucho más sofisticados, que son los que lleva a cabo uno de los sacerdotes del Círculo del Ocho. Su método siempre es el veneno, pero nunca un veneno corriente, sino los más especiales, difíciles de detectar y más rápidamente efectivos del planeta. Para poner en marcha estos capítulos, Eric Frattini contó con la colaboración de un forense, el doctor Cabrera, que le asesoró sobre distintos tipos de sustancias, su procedencia y la reacción que ocasionaría en las víctimas.
CURIOSIDADES
Mapa estelar – El autor se aprovecha de los antiguos conocimientos astronómicos de los árabes, que emplearon el mapa estelar en el desarrollo de diferentes cartografías. Frattini utiliza esta teoría para localizar el lugar exacto en que se encuentra el objeto que los personajes buscan. “Tras unir dos líneas rectas de estrellas, en el centro de esas dos líneas aparece la ciudad de Akko, o San Juan de Acre, como era conocida durante la época de las Cruzadas.”. Todos los datos son reales y sus mediciones son exactas.
El brindis – Mirelle Doni, la propietaria del restaurante Alla Vedora, pronuncia un brindis ante Afdera y Max. La ceremonia es real, procede del siglo XV y aparece, por ejemplo, en una viñeta de Corto Maltés de Hugo Pratt. “Quien bebe bien, duerme bien; quien duerme bien, nunca piensa; quien nunca piensa, no hace mal; quien no hace mal, va al paraíso; así que bebed bien que al paraíso iréis”.
“Hypnerotomachia Polyphili” – Este anónimo veneciano de 1499, sirve de inspiración a Eric Frattini para desarrollar sus teorías acerca de la coincidencia de la desconocida ciudad que se esconde tras la leyenda del Laberinto del Agua y Venecia.
La guardia vanega – La novela se aprovecha de una realidad poco conocida. Los cruzados no eran todos hombres de Dios o defensores de la religión católica. Con ellos se encontraban mercenarios procedentes de los países del Norte de Europa que eran famosos por su violencia y decisión. Los vanegos aparecen en este libro acompañando a los cruzados que en su tiempo custodiaron los dos documentos históricos que se encuentran en el centro de la trama.
ESCENAS ELIMINADAS
Batalla naval – Eric Frattini había escrito un primer capítulo donde recreaba una batalla naval. Finalmente, se desestimó. La editora Ana Rosa Semprún convenció al autor de que lo eliminara. Le dijo que a las mujeres, que son las principales compradoras de novela en España, este tipo de relato no les interesaba nada.
El autor se había inspirado en la aventura real del Westmorland, un buque que navegaba bajo pabellón inglés. El barco salió en 1778 del puerto de Livorno cargado con obras de arte, muebles y esculturas pertenecientes a diversos nobles británicos. A la altura de las costas de Málaga, dos navíos franceses lo apresaron y obligaron a entrar en puerto. Allí, todo lo que portaba fue expoliado y subastado. Las mejores piezas se las quedaron el Rey de España y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La intención de Frattini era transformar este acontecimiento histórico. El buque en su novela se llamaría El Unicornio, navegaría bajo pabellón papal y sería apresado también. La idea era colocar en su interior el documento y seguirlo por medio mundo.









