Salman Rushdie: La encantadora de Florencia
“La encantadora de Florencia”
Autor: Salman Rushdie
Traductor: Carlos Milla Soler
Editorial: Mondadori
336 páginas. 22,90 euros.
CUATRO TINTEROS
Argumento
Un viajero europeo llega a la corte de Akbar, emperador mongol del siglo XVI, con un secreto que podrá traerle la mayor de las fortunas o costarle la vida. Su relato es digno sólo de los oídos del emperador y tiene que ver con la historia de su tía, la princesa Qara Köz, descendiente de Genghis Kan conocida como “la encantadora de Florencia”. A través de la narración irán cobrando vida una princesa olvidada y su doble, apodada “Espejo”; un emperador poderosísimo enamorado de una mujer imaginaria, un pintor que sortea las leyes del espacio-tiempo para irse a vivir a su propio cuadro…
Vaya por delante que Rushdie, escritor más famoso que conocido, nunca había sido santo de mi devoción literaria. Ni siquiera la saga relatada en Hijos de la medianoche, pese a su “macondismo” oriental, llegó a emocionarme lo suficiente. De aquellos siete novísimos que nacieron a la ficción británica en las páginas de Granta -durante la grisura del thatcherismo, la euforia de la perestroika, el realismo sucio de Carver, el cine de Greenaway y el hito distópico de Ridley Scott-, siempre me incliné más por McEwan o Amis, a quienes es complejo pillar en falta narrativa. A Rushdie, tras la fetua de Jomeini, la opinión pública lo convirtió en un símbolo y, acaso por tal motivo, lo situó en una posición incómoda para un escritor, ya que siempre se esperaba de él un alegato, un mensaje entre líneas y, como diría Sartre, durante mucho tiempo vivió –y escribió- “atrapado en su tema”.
Pero mi poca devoción hacia la irregularidad de su obra no obsta para reconocer la complejidad de sus retos narrativos, su barroquismo tentaculado en múltiples voces y su buen pulso para retratar sagas familiares en frescos sobreabundantes de personajes e historias que se ramifican sin solución de continuidad. La verdad, lo tenía todo para emocionarme… Pero no lo lograba, hasta ésta, su “encantadora de Florencia”, con la que me rindo ante él. Su última propuesta narrativa es de una vitalidad estilística elogiable, plagada de prodigios imaginativos y acrobacias verbales, motivo por el que merece ser felicitado, también, el traductor. Como si, tras dar muchas vueltas alrededor de sí mismo, el escritor angloindio hubiese encontrado, por fin, su “lenguaje” –que diría Moltalbán-, que le da visado inmediato hacia la madurez narrativa.
Perfumes de otros mundos
Desde la primera página asistimos al descorche de una fábula al más puro estilo de la tradición oral, que nos atrapará entre sus faldas de abundancia verbal, adjetivo generoso y carnosidad semántica. Una historia legendaria que transita desde Mongolia hasta Florencia, escrita para ser bebida en tragos cortos y copa de balón. El ritmo es poderoso, categoría de la que, desde mi modesta opinión, Rushdie adolecía en entregas anteriores. Recuperando la técnica de mise en abîme, el autor imbrica una narración dentro de otra porque, como le ocurriera a Sherezade con el sultán Shahriar, la vida del protagonista -Mogor dell´Amore- peligra ante Akbar. Así, la magia de la hechicera Qara Köz es narrada por su descendiente ante el mayor de los emperadores mongoles, atravesando las páginas del libro hasta traspasar al lector, meciéndole entre perfumes de otros mundos plagados de nigromantes, pintores que se adentran a vivir en sus propios cuadros o sultanes que se amanceban con esposas imaginarias. El encantamiento de la prosa de Rushdie es más poderoso que nuestras reticencias y acaso ello se deba a que la novela transcurre en una época en la que lo real y lo irreal no se habían segregado. Es ésta una obra, en definitiva, que molesta prestar porque el hecho de atesorar su lectura te hace sentir que formas parte de una sociedad secreta.
Por Ángeles López










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[...] (Ver crítica del libro en el número 140) Etiquetas: Editorial Mondadori / Bromera, Salman Rushdie [...]