Rawi Hage: El juego DeNiro
Autor: Rawi Hage
Traductora: Mónica Rubio
Editorial: Duomo
304 páginas. 18 euros.
TRES TINTEROS
Argumento
Años 1980. Bassam sobrevive en el lado cristiano de una Beirut destrozada por los bombardeos. Se guía por leyes muy propias y cada vez más salvajes. Todo empeora cuando muere su madre. Consciente de la imposibilidad de continuar así, se plantea huir a París. Pero hay cuentas pendientes, alguna mujer, amigos… Mientras busca partir, Bassam se enfrentará a relatos escalofriantes, será torturado, padecerá la guerra en primerísima persona.
Hay novelas que, por el hecho de asomarnos a una guerra, una masacre o cualquier catástrofe literariamente no muy difundida, adquieren una gran publicidad. Algunas, como ésta, incluso ganan algún premio. Vale. Pero no estaría mal que editores, periodistas y jurados subrayaran las razones –a menudo morales o correctamente políticas– de su apuesta, sin añadir atributos literarios difíciles de defender. No sobraría que, ya que muchas de estas personas creen útil hablar de novela negra o rosa, encajaran a Ángela Becerra en el apartado Hiperfucsia o a El juego DeNiro en el de Novelas de ONG, por decir algo. Más de uno acabaría menos confundido, menos defraudado.
El valor de Rawi Hage es haber reunido estampas atroces de la guerra del Líbano y presentarlas a través de un delincuente sin religión. La voz en sordina del tan castigado Bassam, siendo un logro, funciona a rachas. Como el resto de la novela, que avanza entre el empujón y el arrebato más o menos inspirado, desequilibrada, alternando escenas de acción pseudohollywoodiense con párrafos que hacen pensar en poetas de vanguardia. De cuajar, la combinación podría haber deslumbrado, pero no es así.
La historia avanza demasiado rápido, las tragedias se acumulan, como los nombres. El autor utiliza a personajes para que suelten testimonios sin más, denotando una voluntad periodística que quizá sea, al final, su mejor baza. Hay quien asegura que esta novela tiene un no sé qué de lo mas cinematográfico. Es verdad. No extrañaría verla adaptada al cine. ¿Y?
Por Gabi Martínez









