Lionel Shriver: tenemos que hablar de la infidelidad
La norteamericana afincada en Londres, que se dio a conocer describiendo el alma de un asesino llamado Kevin, se sumerge ahora en los laberintos de la infidelidad con “El mundo después del cumpleaños” (Anagrama).
Texto: Vanessa Pellisa Foto: Óscar Elías
Una pregunta, dos respuestas
Tras el éxito apabullante de Tenemos que hablar de Kevin, Lionel Shriver presenta nuevo libro, El mundo después del cumpleaños. Una historia sobre el colapso del amor moderno en la que, como si de una novela doble se tratara, la escritora describe dos caminos distintos que parten del mismo punto de origen: dos respuestas diferentes para una misma pregunta acerca de la vida que anhelamos y que sin embargo no vivimos.
La madre del asesino
Cuando la escritora norteamericana afincada en Londres Lionel Shriver publicó Tenemos que hablar de Kevin nada hacía presagiar que ese libro extraño se convertiría en la novela ganadora del Orange Prize del año 2005. Mucho menos que cosecharía un éxito de crítica y de ventas tan asombroso que llevaría incluso a su adaptación al cine (ahora en producción). La historia de Eva, la madre de un adolescente que comete una masacre en su instituto disparando a siete de sus compañeros, sorprendió a aquellos que asumieron que de un argumento como aquél sólo podía salir un bodrio telenovelesco. Alejándose del tópico y del dramatismo, la novela epistolar describía los esfuerzos por asumir la locura del hijo y la ambivalencia de la maternidad. Así, Eva se revelaba como un personaje complejo y fascinante, cuyas dudas sobre su rol se acrecentaban ante la extrañeza emocional del joven.
La clase media de las letras
La nota curiosa la proporcionó el hecho de que, cuando Tenemos que hablar de Kevin se convirtió en la comidilla del mundo literario anglosajón, la autora contaba ya con más de ocho libros a sus espaldas. Quizás fue algo más que un golpe de suerte, pero a Shriver le gusta comentar que, antes del éxito del libro, se consideraba a sí misma “parte del oficio, parte de la clase media de las letras. Iba a fiestas, participaba en charlas, escribía periodismo… Un poco lo que hacemos todos”. Cuenta la autora que “vendía pocos libros, pero se me permitía seguir publicando. Con mayor o menor éxito, seguía luchando por escribir y obtenía una respuesta que, aunque mínima, me ayudaba a seguir adelante pese a la frustración”.
Terrorismo y frustración
Aunque esto era así sólo hasta cierto punto. La novela anterior a Tenemos que hablar de Kevin nunca llegó a ver la luz. “Se trataba de una obra sobre el terrorismo, poco antes de los atentados de Londres. Basada primordialmente en mi experiencia personal en Belfast, donde viví unos cuantos años antes de mudarme a Londres”. El libro no encontró editor y, tras varios meses de frustrante espera, Shriver decidió tirar la toalla. “Creo que era un buen libro pero ahora es imposible de publicar. Tras los sucesos recientes podría despertar una atención injusta. Al ver que el libro no encontraba editor me puse a escribir la historia de Eva y Kevin. Me enfrenté a ella como si se tratara de mi última oportunidad. Me dije a mí misma que si no conseguía un mínimo de repercusión con ese libro dejaría de escribir. En el momento en que la escritura se convierte en una obligación dolorosa, en una fuente de tristeza y angustia, hay que saber parar. Nadie espera que éste sea un trabajo agradable pero, más allá del impulso y la vocación, hay otras cosas. Y yo había caído en un pozo sin fondo del que me costó mucho salir. No quería volver a pasar por la humillación de escribir un libro y tener que meterlo en un cajón”.
Los recovecos del alma
Una frustración que alcanza por momentos a algunos de los personajes de su nuevo libro, una obra de estructura compleja y ritmo pausado en el que la infidelidad se despoja de cualquier tópico intelectual. En El mundo después del cumpleaños, Shriver sigue empeñada en describir cada uno de los recovecos más oscuros del alma angustiada, adentrándose en las arenas movedizas de lo privado, lo secreto y lo inconfesable para diseccionar cada uno de los pasos que nos llevan a tomar decisiones sobre nuestros sentimientos.
Juego de espejos
La novela cuenta la historia de la pareja formada por Irina y Lawrence, dos americanos residentes en Londres; ella, ilustradora de libros infantiles, y él, investigador en un centro de observación de relaciones internacionales. Su relación transcurre en algo parecido a una cierta armonía plácida, que se ve amenazada ante la llegada de Ramsey Acton, un célebre jugador de snooker, ex marido de la jefa de Irina y que encarna todo lo que se considera genuinamente tentador: erotismo, éxito y riesgo. Tras una cena de cumpleaños en la que por motivos de trabajo Lawrence no puede estar presente, Irina y Ramsey coquetean peligrosamente. En ese momento la historia se desdobla. Shriver propone un juego de espejos singular y entretenido en el que se cuentan dos versiones paralelas de la misma historia, según la decisión que toma Irina –ser infiel o mantenerse al lado de Lawrence–. La obra explora los dos caminos hasta que alcanzan algo parecido a una conclusión sentimental en un intento por comprender hasta qué punto marcan nuestro destino las decisiones que tomamos.
La elección de esta estructura paralela, según comenta la autora, “me permitía explorar dos vías diferentes y la ambigüedad de aquello que a veces llamamos personalidad. Se trata de convertir el ‘y si’ en una realidad. En este sentido, el planteamiento de la novela es muy explícito. Lo que ocurre depende únicamente de las decisiones que toma Irina y de las consecuencias que éstas tienen con respecto al mundo que la rodea”.
Más allá de la certeza
Es a través de este planteamiento que Shriver es capaz de rescatar las emociones del radicalismo. Como ella misma explica, en este libro nada es del todo cierto, nada puede darse por sentado. “En las relaciones sentimentales no existen ganadores ni perdedores. La relación de Irina y Lawrence no es mala sino más bien todo lo contrario, del mismo modo en que la relación con Ramsey no es perfecta. Cualquier relación puede funcionar sin que eso afecte a los impulsos y las decisiones de los miembros de la pareja. No se trata de que si no funciona se rompe y si funciona dura. Es algo mucho más complicado. Por suerte, además de complicado también es mucho más interesante”.








Alguien que conoce del tema me dice que la traduccion que hicieron de la Nobel Herta Müller, es muy deficiente,yo no lo puedo corroborar.
como antes del premio no estaba traducida, al ganarlo, lo hicieron corriendo y de prisa
¿Y de la traducción podríais decir algo?
Es un dato esencial para orientar al lector que no quiere malgastar su dinero comprando algo que luego no podrá leer.
Gracias.
Personalmente, me fío mucho de las traducciones de Anagrama. Algo más allá, en términos generales, cuesta comentar el tema por principio, ya que rara vez disponemos de la versión original y la traducida. Cierto es que, con los años y las lecturas, uno intuye en ocasiones que la traducción falla y más de una vez he visto comentarios al respecto en nuestras críticas. Pero también cuesta lanzar dardos contra un gremio que, salvo raras excepciones, lleva a cabo tan a contrarreloj una labor tan delicada y sin cobrar espectacularmente bien por ello.