Monica Ali: Bangladesh -Londres- Cocina

Tras escandalizar a la comunidad bangladeshí de las islas británicas, Monica Ali ha encontrado un suculento filón “En la cocina” (Duomo); la de un hotel, concretamente, gracias al choque de civilizaciones que allí tiene lugar y a las muchas historias que éste ampara. De todo ello nos habla en esta entrevista, que también le sirve para saldar cuentas con la prensa y su sed de polémica.

Texto: Antonio Lozano

Con “Siete mares, trece ríos” entró en la lista prodigiosa de la revista “Granta”, fue finalista del Booker Prize, dio visibilidad a la comunidad con origen en Bangladesh afincada en Londres, a la que pertenece por la rama paterna, y soliviantó a una parte de ella. En “Azul Alentejo” siguió hablando de identidad, adaptación y desplazamiento desde Portugal, pero no ha sido hasta colarse en los fogones de un hotel londinense que ha encontrado el microcosmos a la medida de sus inquietudes multiculturales. Por ello, “En la cocina” (Duomo), via crucis de un chef al que le crecen los enanos en el trabajo mientras va a la deriva en lo personal, es con diferencia la novela, que llevaba más adentro. Y así lo dejó de manifiesto durante la conversación que con ella mantuvimos.

Una cuestión de suerte

Llegó a Inglaterra desde Dhaka con apenas 3 años de edad, ¿Qué recuerdos guarda de su infancia? ¿Fue un periodo confuso y problemático?
Crecer entre dos culturas como lo hice yo –mi padre es de Bangladesh y mi madre es inglesa– significó que siempre estaba de pie a mitad del corredor, mirando hacia los dos lados. Para un escritor resulta un lugar privilegiado en el que situarse. De cara a encajar en ambas esferas debes convertirte en una persona muy observadora.

Suena muy literaria la historia que circula acerca de cómo empezó a escribir, pergeñando relatos mientras acunaba a su hijo pequeño en la falda, los cuales luego compartía en un fórum de internautas. ¿De verdad fueron así las cosas?
Exactamente. Con mi primer hijo me pasaba muchas noches en vela y decidí que quería hacer algo constructivo durante esas horas. Además, ser madre de alguna manera me imbuyó con la confianza necesaria para escribir. Desde que tuve uso de razón había sido una lectora devota, pero no se me había cruzado por la cabeza que pudiera pasarme al otro lado.

Déme una buena razón para dedicarse a ello.
El don de la literatura radica en explorar el mundo con otro par de ojos, recorrer kilometros con unos zapatos prestados (o, por lo menos, llegar a oler el cuero con el que están fabricados). Se trata de desenterrar verdades emocionales acerca de nuestras vidas, y éste es un incentivo sumamente poderoso.

¿”Siete mares, trece ríos” supuso una manera de lidiar con dos hipotéticas versions de Monica Ali, dos rumbos diferentes que podría haber tomado su vida si se hubiesen dado ligeros cambios familiares y ambientales?
En absoluto. Su objetivo era componer unos personajes que armaran una buena historia. La ficción no siempre florece de las fuentes más obvias, el proceso toma vericuetos misteriosos. Sin embargo, pienso que Nazneen, la heroína de esa novela, en cierto modo estaba inspirada en mi madre. Era una inglesa blanca, que creció en su país de origen y luego marchó a Dhaka a contraer matrimonio con mi padre sin conocer su lengua, cultura ni religion. Con frecuencia me hablaba sobre la sensación de completa desubicación social.

¿Se sintió abrumada por el éxito de la novela?
Por descontado que me sentí muy afortunada. En ocasiones, los planetas parecen alinearse en favor de un libro en particular, es una cuestión de suerte. Y también estoy agradecida por las numerosas respuestas que he recibido por parte de lectores de todo el mundo. Resulta alucinante poder llegar a tocar la fibra de alguien a través de tu trabajo.

Desafectos múltiples

De todas las cosas que ha aprendido del mundo literario y editorial, ¿qué ha sido lo más y lo menos gratificante?
No formo parte del mundo literario. Hago mi trabajo y paso tiempo con mi familia. Cuando me encuentro de gira promocionando un libro, me interesa entrar en contacto con los lectores, no asomarme por los salones literarios. En cuanto a lo que menos me complace, supongo que es el hecho de que los periodistas literarios de Londres no parecen tomarme en serio como escritora. Pero tampoco hay que dramatizar, ya que cuando me publican en América, Australia o Europa, mi obra es juzgada por sus méritos o defectos y no se me desaira como ocurre en casa.

¿Cómo se tomó el hecho de que parte de la comunidad bangladeshí afincada en Inglaterra intentara boicoter el rodaje de un telefilm basado en “Siete mares, trece ríos” por considerar que se la calumniaba?
De hecho, los medios de comunicación británicos intentaron hacer una montaña de un grano de arena. La supuesta “controversia” se limitó a un reducido grupo de protestantes. De un modo irresponsable, los medios quisieron inflar la situación. El conjunto de los periódicos de tirada nacional, e incluso la BBC, construyeron historias sobre una manifestación planeada y amplia, cuando lo cierto es que el día de la misma había más periodistas que protestantes, por no hablar de los mil miembros de la comunidad de Bangladesh que se presentaron de cara a que los contrataran como extras. Siempre he gozado, y sigo haciéndolo, de un enorme apoyo por parte de esa comunidad pero, por descontado, este hecho es justo el tipo de historia que no garantiza un titular jugoso.
Y, para dejarlo claro de una vez por todas, me importa un comino que un hatajo de hombres viejos y conservadores de Bangladesh se sintieran airados. No les complació el retrato de una mujer joven de su país que tiene un affaire y que va a la búsqueda de un cierto margen de independencia. Me parece perfecto, no había razón alguna para que les gustase.

La cocina de un hotel deviene un escenario privilegiado donde concentrar todo el debate identitario y cultural que ha definido su obra anterior.
Los hoteles, partiendo de la suite presidencial en la azotea hasta el compactador de basura en el sótano, reflejan el modo en que las sociedades están estructuradas. Sin embargo, sus cocinas fueron lo que más me llamó la atención tan pronto me puse a documentarme. Recuerdan a asambleas de las Naciones Unidas. En ellas se citan todas las nacionalidades imaginables, lo que se traduce en un caudal de relatos de lo más diverso. Pero, si bien las historias ajenas pueden ser enriquecedoras, también existe la posibilidad de que acaben por agotarnos y abrumarnos. Éste era un punto que deseaba explorar en la novela. Al principio, el protagonista, Gabriel, no quiere saber nada del pasado de su staff, pues bastante tiene con enfrentarse a su propia vida y a los secretos que envuelven a su familia.

Acosado por un pasado confuso y sumido en un presente caótico, Gabriel es quizás el personaje más complejo que haya retratado…
La novela pertenece a Gabriel. Trata sobre un hombre en crisis, que en el arranque cree sentirse a gusto en el meollo de una sociedad multicultural y una metrópolis moderna. Sin embargo, a medida que se le acumulan las presiones tanto en el plano personal como en el laboral, descubre que carece de brújula. Siento que conozco a Gabriel de una forma mucho más íntima que a ninguno de los personajes de mis dos libros anteriores.

¿Qué le llamó más la atención durante su trabajo de campo en las cocinas de diversos hoteles?
Me lo pasé en grande. Las cocinas son ambientes de una enorme presión y perfectos crisoles donde desplegar confrontaciones dramáticas. Asimismo, contienen un rico potencial cómico, ya que son proclives a los malentendidos y las discusiones ridículas. Por mucho que la novela aborde cuestiones difíciles acerca de nuestra vida actual, por sistema procuro encontrarle el humor a cualquier situación, hacer que brote la luz de la oscuridad; en otras palabras, brindar una lectura entretenida.

¿De qué maneras diría que han evolucionado sus recursos literarios, así como su método a la hora de acercarse a un nuevo libro?
Lo más importante es no dejar de marcarte retos. Si eres lo suficientemente ambicioso, no hay duda de que cometerás algunos fallos, pero me parece clave no ir a lo seguro, no dejar de esforzarse y de intentar llegar más lejos. No tengo ninguna duda de que mi última novela encierra una complejidad y un desafío mayores que mi ópera prima. Puede ser leída de muy diversas formas, pero para mí es una novela sobre la fe, la esperanza y el amor.

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Escrito por el sep 16 2009. Archivado bajo Autores, Entrevistas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

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