La magia de Jodorowsky: Una lección de tarot y psicología
Aprovechando la publicación de “Manual de Psicomagia” (Siruela), donde continúa insistiendo con esa disciplina inventada por él mismo a medio camino entre la prestidigitación, la autoayuda y la literatura, compartimos con Alejandro Jodorowsky un singular encuentro con almuerzo precisamente psicomágico. Texto de Antonio Baños/ Foto de Óscar Elías
La señora querrá canguro…
-Oui, kangourou, s’il vous plaît…
-Estupendo, y de primero las anchoas, ¿no?
Me encuentro compartiendo mesa con el psicomago chileno Alejandro Jorodowsky y su esposa, una señora de edad interesante tirando a joven. El restaurante se llama Sant Rémy y lo hemos escogido porque se encuentra muy cerca de la agencia literaria donde el escritor recibe a la prensa, no porque tuviesen canguro en su menú, lo aseguro.
Últimamente, me siento como el Doctor House de las entrevistas literarias. Para esta misma cabecera me enfrenté a un Fernando Arrabal sumido en un soporífero jet lag, a un Paolo Giordano desbordante de una gripe de las antiguas. Ahora me explica Jodorowsky, mientras bajamos a la calle, que le acaban de operar la pierna. Lleva una prótesis. “¿Pasó ya la rehabilitación?”, le pregunto con candidez.
“Qué va. Debería estar ahora mismo en cama pero ya ve, estoy con la promoción de arriba abajo. Me dieron calmantes Hasta seis pastillas al día, pero no me las tomo. Me duele pero así me curaré más rápido”. Apoyado en un bastón llegamos al lugar. Tenemos mesa en el piso de arriba, tres tramos de escalera. En el tiempo en que pregunto si tienen ascensor, el escritor está ya trotando escaleras arriba. Prodigio de sugestión y voluntad.
Mi mente no dejaba de pensar en su rótula de platino, que parecía chirriar a gritos desde la pierna tal y como debió hacer el dios Dionisos, que nació del muslo de Zeus.
-¿Y por qué no descansa más?
-Cuando uno está de promoción no puede negarse a lo que le piden. ¿Que por qué hago tanto? Es porque puedo. De hecho, uno debe hacer siempre más de lo que puede.
-Pues yo he hecho muy pocas cosas en la vida- intento aquí darle un toque personal a la entrevista, a ver qué sale-. Siempre he pensado que es mejor no hacer algo que acabar estropeándolo.
-Eso que me dices tiene que ver con la educación cristiana -me responde con rapidez-, en la que el hombre debe ser perfecto y la mujer sólo puede crear un hijo perfecto en Cristo. Así que, como las mujeres no se pueden realizar como perfectas, hacen que su hijo sea un perfeccionista.
-Uy, eso me suena familiar…
-Para hacer cosas, se debe cambiar el concepto de perfección por el de excelencia. El hombre no es perfecto; puede ser excelente pero no perfecto. A un joyero le ordené que hiciese el anillo más feo y se lo regalase a su madre.
-Para que ésta viese que su hijo era un hombre y no un semidiós, ya veo.
-¿Cómo se llama su papá?
-Antonio
-¿Y su abuelo?
-Igual
-¡Lo ves, tienes que cambiarte el nombre! No tienes por qué ser lo que no eres. Yo te aconsejaría que te cambiaras de nombre, que buscases tu nombre de escritor.
Caramba, un nom de plume me iría dabuten para despistar a los acreedores y los afectados por mis artículos. Lo pensaré.
-Cuando me publicaron por primera vez Psicomagia en España, hubo un silencio absoluto. La editorial, Seix Barral en este caso, tenía otros escritores que lanzar y a mí me no me dieron ninguna promoción ¿Fue eso un fracaso?
-¿No lo fue?
-Esperé, me descubrió Siruela y el mismo libro fue un éxito. No hay que preocuparse de triunfar, sino de hacer las cosas. Por ejemplo, a Arrabal no lo lee nadie, ha hecho libros de trece ejemplares de tirada. A él no lo lee nadie pero persevera.
“¡Soy brillante!”
En Manual de Psicomagia se destacan algunos de los centenares de casos reales tratados por el autor. A través de ellos se puede ver claramente los mecanismos de esta polémica terapia inventada por el mismo Jodorowsky. La psicomagia apela a la poesía, al gesto y al ritual simbólico para curar todo tipo de dolencias, tanto físicas como del alma. Pondremos un ejemplo que él mismo destaca en su web:
“Mi padre abusó de mí, pero está muerto, ¿cómo me libero de esto?”. Y Jodorowsky responde: “Toma una cadena gruesa de hierro de un metro y ve a tu cocina, rompe todos los platos, bandejas, todo”. Y la mujer le dice: “¡Qué increíble!, esta vajilla era el legado de mi padre…”.
-Yo creo mucho en la comunicación que hay en la imposición de manos, la caricia espiritual… Hay otros mundos, los hay -afirma Jodorowsky-. Vivimos pervertidos por la universidad. Ella ha impuesto el lenguaje de las palabras, desdeñando el lenguaje emocional, el lenguaje hormonal de los deseos y el lenguaje corporal.
Puede parecer extraño que un escritor desdeñe la comunicación que se deriva de la palabra, pero Jodorowsky sabe muy bien que la palabra es, además, un medicamento que el inconsciente asimila mejor si se receta en forma poética.
-Hay un libro maravilloso de Ricardo Paseyro titulado Poesía, poetas y antipoetas, que acaba de editar Siruela y que destroza a Neruda y a Octavio Paz y exalta la verdadera poesía. Deberías criticarlo en tu revista…
Para Paseyro, al igual que para Jodorowsky, la poesía debe ser un acto único que debe huir siempre de la mixtificación y la imitación. “Neruda era un imitador porque hacía haikus. No se puede pretender hacer haikus porque no son genuinos. El haiku es fruto de una época y una cultura. El imitador no vive la cosa mientras que el creador sí vive. Por eso, la búsqueda de toda la literatura debe ser la búsqueda del alma propia.
Si algo no soporta Jodorowsky, por lo que me cuenta, es la falta de pasión, de entusiasmo. “Yo recibo cada dos meses una tesis universitaria sobre mí y las tiro todas a la basura. Directamente. Son todas iguales, tienen la misma actitud de espectador. Al final es una visión muerta de su autor porque sólo son libros que hablan de libros, sin ninguna experiencia real.
-Así que para escribir sobre usted se debe ser como usted.
-No, eso sería narcisismo. Se debería escribir con pasión por lo que se ama y no con esa mirada analítica. Una cosa es cortar una flor en pedacitos y otra amarla con su perfume y viva.
-Entiendo
-¿Vamos bien? ¿Va bien tu entrevista?
Sorprendido, tuerzo el gañote: “Con usted siempre pierde el entrevistador, esto de la entrevista es un género agonístico. A cada respuesta suya yo tengo que hacerle una pregunta que le induzca a decir algo brillante.
-¡Pero yo soy brillante!
Del ridículo al amor
Le hablo de mí por si me acaba recetando algún ritual llamativo. Jodorowsky me dice que sólo haciendo el ridículo podré superar las aspiraciones de perfección que ha puesto mi familia en mí. Luego se disculpa.
-Yo no te hablo fuerte, te hablo generosamente, sinceramente. Espero que no te lo tomes a mal.
-No se preocupe, si yo el ridículo lo practico mucho. A menudo incluso cuando sólo uso el inconsciente.
Como no me ve convencido, despeja mi temores: “El ridículo es un arma contra los que se creen perfectos. Como tú fuiste creado como un niño perfecto, debes presentarte como un niño ridículo. A ti te libera el ridículo. A mí, como me criaron en el ridículo, me libera la perfección.
Sí, lo sé. Frente a la sofisticación canguril de su mujer y la sobriedad del pescado blanco que está comiendo Jodorowsky, mi entrecot sangrante queda algo paleolítico, pero como está la cosa en la prensa uno debe aprovechar cualquier comida de trabajo para catar la carne roja. Y creo que Jodorowsky, con paternal comprensión, me disculpó.
-El amor es algo que muy poca gente conoce. Es un estado de certeza absoluta. Lo malo es que no te puedes plantear nada, todo lo ves con una claridad fuera de toda duda -y me da un ejemplo-: Yo hace treinta años que leo el tarot gratis en un café de París. Lo hago cada miércoles, llueve o truene. Si me preguntan por qué les diré que no sé. Las cosas que haces por amor no tienen precio ni razón.
-¿Usted da los mismos consejos cobrando que gratis?
-No cobro nunca por los consejos.
Y me explica: “El tarot, la magia y el psicoanálisis están tan prostituidos que me obligo a hacerlo gratis para conseguir consultantes que no desconfíen de mí. Es más, a veces incluso llego a pagarles a mis consultantes. Eso es una revolución completa en el psicoanálisis, que considera el hecho de pagar al terapeuta parte esencial de la terapia misma”.
-¿Le molesta la popularización del tarot?
-Nada me molesta, cada uno hace las cosas como quiere. Aunque debe quedar claro siempre que el tarot es un tipo de lenguaje. Un lenguaje que entra por el símbolo, por la imagen y que genera en ti otro tipo de respuestas. Es muy subjetivo porque se trata de la unión de dos objetividades la del tarotista y la del consultante. Es un lenguaje que te abre las puertas del inconsciente y de la intuición.
Mientras me cuenta esto saca del bolsillo una exquisita baraja de tarot. Mezcla mientras habla y cuando acaba me dice: “Escoge tres cartas”. Caramba, me he puesto nervioso.
En el centro veo la carta de El Mundo, a derecha e izquierda creo que son las de la Emperatriz y el Sumo Sacerdote. No sabía si mirar a las cartas o al entrecot, la verdad, y por eso no las recuerdo bien.
-La carta está bien bonita -me consuela-. La perfección te impide la comunicación. Te provoca un estado de insurrección constante. Por un lado tienes el mundo, que es la realización que se te ofrece, pero la irritación que tienes contra el profesionalismo maternal te hace avanzar hacia la destrucción del mundo, lo que te crea una gran negatividad. El problema no está resuelto.
-Saca otra carta…
Jodorowsky ha escondido la baraja bajo la mesa y, cuando me manda coger una, sospecho que hay truco. Primero saco la muerte y luego el amor.
-Vas a descubrir el amor del que hablas, vas a amar todas las manifestaciones de la vida, te vas a sentir mejor.
Es cierto. Empiezo a amar a mi entrecot a dentelladas. Tarot con happy end.
-¿Y para usted, qué es el bienestar?
-Me duele la pierna y media nalga, pero estoy en el bienestar, que es estar en paz con uno mismo, haber eliminado la crítica a los otros. En el pensamiento haber descubierto el silencio y, en el cuerpo, el agradecimiento por estar vivo. Mira cómo están trabajando tus vísceras para digerir eso. Decía Confuncio que si un animal ha dado su vida para alimentarte, al menos cocínalo bien, que no haya sido en vano. Deberías estar agradecido.
Epílogo
Mientras esperamos los postres, Jodorowsky se da cuenta de que casi es la hora de que lo entrevisten en su agencia, unos números más arriba. Sale corriendo como un chaval, blandiendo el bastón como si fuese una bayoneta. Anda enfadado y dolorido: “La televisión, me espera una televisión”. Es impresionante ver cómo alguien de su fama corre por cumplir con la promoción. Me siento mal porque no lo he avisado a tiempo. El camarero se siente mal cuando llega con los postres y no hay comensales. A veces, frente a tanto espíritu y tanto inconsciente, basta un reloj impertinente para desmontar cualquier sueño. Me dejan la cuenta a la vista.

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Sumario n. 152
"Qué Leer" se vuelve extra
Me interesaria saber en qué café de Parias, Jodorowsku lee el tarot. De contar con dicha información les agradeceré me proporcionen el domicilio. Gracias.
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la entrevista transcrita muestra la certeza del diagnóstico que Jodorowsky le hace al periodista
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Alejandro Jodorowsky jamás deja de Cautivar!!, Es un Gran ejemplo de lo que Es Vivir la Vida!!
Es Sublime!! Y la Nota me parece Sensible e Inteligente!!
MUCHAS GRACIAS!!
AMOR Y PAZ
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