Mercedes Salisachs: La decana de la novela española narra la vida de Victoria Eugenia
La escritora barcelonesa se ha vestido con la piel de la reina Victoria Eugenia en “Goodbye, España” (Martínez Roca) y ha obtenido con ello el premio de novela histórica Alfonso X el Sabio. Tras más de treinta libros publicados, galardones y traducciones a media docena de idiomas, Salisachs se ha ganado un lugar destacado entre los narradores españoles de las últimas décadas. Por Antonio G. Iturbe
Cualquier día de estos, los inspectores del Libro Guinness llegarán al Paseo de Gracia de Barcelona para levantar acta de un récord probablemente mundial: allí vive la escritora profesional en activo más longeva. A los 93 años, Mercedes Salisachs lleva más de medio siglo publicando libros, y no para. Se podrá no estar de acuerdo con sus planteamientos ideológicos de monárquica de la vieja escuela o con el tono sentimental de sus novelas, pero lo que no se puede negar es que es una escritora con muchísimo oficio. La precisión con que Salisachs estructura sus obras es canónica. La manera en que ha conseguido en esta biografía novelada de Victoria Eugenia introducirnos en la cabeza de la Reina resulta técnicamente impecable.
Visitar en su casa a Salisachs es viajar en el túnel del tiempo. Caminando Paseo de Gracia arriba, uno ha de ir esquivando a ruidosos turistas empeñados en vestir camisetas y blusas tres tallas más grandes y calzar las chancletas más descubiertas posibles para que, mientras sus espíritus se empapan del espíritu de Gaudí, los dedos de sus pies se empapen de una gruesa capa de mugre. Por los bancos modernistas se desparraman visitantes de pieles requemadas, que trasiegan a morro botellas de plástico, muchos en bañador, como si la ciudad fuera toda ella una gran piscina. Y, frente a esa Barcelona del siglo XXI, uno entra en el silencioso portal de la casa de Salisachs custodiado por un conserje trajeado, toma el ascensor privado y aterriza en otra época: se abre la puerta y un mayordomo con guantes blancos y un chaleco brillante de rayas amarillas y negras lo introduce en una biblioteca adornada con antigüedades y repleta de libros encuadernados a mano. Al momento, el fámulo se presenta con un enorme juego de café de plata para que el periodista de chichinabo haga una extraordinaria demostración de torpeza derramando la mitad del café en el platillo y no se atreva a usar la minúscula servilleta con una cenefa de encaje que hay sobre la bandeja por si no fuera procedente ensuciarla limpiándose los morros.
Pese al elegante aire de burguesía de principios de siglo XX que rodea la regia vivienda, Salisachs no es en absoluto una pieza de museo. No sólo despliega una energía admirable y una memoria espléndida (“de mamut”, dice ella), sino que, por mucho que diga que hace años que no sale de casa, uno tiene la impresión de que no se le pasa una. Sentado junto a su sofá de trabajo, en el que despliega montones de periódicos y papeles y que su eficaz secretaria ha despejado rápidamente, uno tiene la impresión de que Victoria Eugenia puede aparecer por allí en cualquier momento.
UNA REINA SIN SUERTE
¿Qué tal le ha sentado meterse en la cabeza de una reina de España?
Ha sido emocionante, porque yo siempre he tenido un gran afecto a la Reina Victoria Eugenia. Pero también agotador. No es sencillo hacer el ejercicio de escribir desde dentro de un personaje, pero son ese tipo de retos técnicos los que siempre me han gustado.
Victoria Eugenia no tuvo mucha suerte con su tiempo. Nos cuenta que su única etapa feliz fue el noviazgo con Alfonso XIII…
Ella nunca pensó que sería la escogida por el rey de España como esposa cuando él fue de visita Inglaterra. Alfonso XIII no era de joven un hombre guapo, pero era muy inteligente y un gran seductor. Y ella estuvo muy enamorada de él hasta el final.
¿La hemofilia pudo ser una causa de su distanciamiento conyugal?
Sin duda. Era una enfermedad terrible y, para una Casa Real, devastadora. Los hijos varones eran contagiados de ella y los hacía incapaces para reinar y las mujeres, como portadoras, difícilmente serían aceptadas por un monarca. El hijo mayor se pasó la vida enfermo, le hacían atender audiencias y tenía que hacerlo sentado. Murió desangrado tras un accidente de coche en Estados Unidos. El siguiente hijo era sordomudo, él único hijo varón sano fue don Juan.
Cuenta que el rey tenía alrededor suyo una camarilla de aduladores que amargaron a la reina.
Sobre todo el Marqués de Viana, que era muy simpático… ¡Pero uno no puede fiarse de la gente que se muestra simpática a todas horas! A ella le hacía muchas reverencias, pero después animaba al rey a todo tipo de frivolidades.
¿Sucedió tal y como usted lo cuenta en la novela? ¿Llamó la reina al marqués y le habló de manera tan dura que él sufrió esa noche un infarto y murió? ¡Parece muy novelesco!
Pues es histórico. Fue espantoso. Yo reproduzco los hechos de manera exacta. Bueno, alargo la conversación entre ellos porque no ha trascendido con toda exactitud, pero hay constancia de que la reina le dijo esa frase: “yo no puedo juzgarte pero Dios te juzgará”.
¿Pero tan fuerte se puso la reina con él para que le diera un ataque?
Por primera vez la reina dijo basta, ya no podía más. Estaba sola, su marido la engañaba y todos la aislaban de él. Viana padecía del corazón pero ella no sabía que estaba tan mal y, cuando lo llamó a sus aposentos para echarle en cara su fingimiento y su deslealtad hacia ella y él hizo ver que se encontraba mal, la reina pensó que estaba haciendo una de sus comedias. Llamó a los criados para que lo sacaran, sin más. Y al llegar a casa el marqués se puso peor y murió.
“LOS LÉCERA O YO”
Tal como usted lo cuenta, da la impresión de que Victoria Eugenia siempre andaba disculpando a Alfonso XIII: la culpa es de la hemofilia, de la camarilla de aduladores… ¿Pero no era el mayor culpable de sus desmanes el propio rey?
Sin duda. La madre del rey, la reina María Cristina, fue una gran mujer. La llamaban Doña Virtudes. Lo hizo todo muy bien… menos educar al rey, porque lo trató como a un rey desde que tenía dos meses. Eso lo perjudicó mucho porque nunca fue niño y fue niño cuando fue mayor.
Después de una época de gran soledad en el Palacio de Oriente, el estallido de la República que la obliga a abandonar el país y la quiebra de su matrimonio con Alfonso XIII… Una señora inglesa como ella, ¿no acabó harta de los españoles?
En absoluto. Ella siempre quiso muchísimo a España. De hecho, jamás regresó a Inglaterra, salvo para visitar a su madre enferma. A ella el pueblo español la quería, porque hizo mucho por ellos. Hizo hospitales para gente necesitada, organizó en España la Cruz Roja y fue su primera presidenta, recaudaba dinero entre los ricos… A los nobles les puso escuelas de enfermeras para que aprendieran y trabajaran para la gente, pero casi todos se lo tomaban a pitorreo. Sólo la apreciaban los duques de Lécera.
¿Llegó la reina a ser amante del duque de Lécera?
No, nada de eso. Los Lécera se exiliaron también porque querían mucho a la reina. Y ella pasaba mucho tiempo con ellos porque el rey seguía teniendo sus amantes, que veía en París, y la dejaba sola en Fontainebleau. Al rey le llegaron unos rumores malintencionados y tuvo celos. ¡Él, que se pasaba el día engañando a la reina! Pero no podía tolerar que su mujer lo engañara. Y no lo engañó nunca, lo que pasa es que con los Lécera se sentía apoyada por primera vez en su vida. Y entonces Alfonso XIII le planteó que eligiera: o él o los Lécera. Y pongo en la novela cómo ella le dice: “los Lécera”. Y aún dijo otra cosa, que yo no pongo en el libro porque me parecía de mal gusto: “¡Y me olvido de tu fea cara!”. Esto es histórico.
¿Con el paso de los años, sigue siendo una monárquica convencida?
Completamente. España sin monarquía está perdida, mire lo que pasó el 23-F, si no está el rey habríamos podido volver a tener una guerra. Los españoles necesitamos algo que equilibre la balanza, no tenemos término medio.
¿Reinará Felipe de Borbón?
¿Por qué no? Está muy preparado y no tiene ni un pelo de tonto.
¿Y qué le pareció su boda con Letizia Ortiz?
Se ha casado con una mujer inteligentísima y muy preparada, mucho más que cualquier princesa. Hay muchos reyes y princesas que no valen un duro y esa mujer vale mucho. Lo de su matrimonio civil es un divorcio, así que no tiene importancia. Desde el punto de vista católico, es como si hubiera tenido un lío, y yo no conozco a ninguna princesa que no haya tenido un lío. Es mejor ser divorciada casada por lo civil que vivir liada. Mira la de Suecia, ¡hasta le han puesto un palacio para que vivan juntos antes de casarse!









La sra. Salisachs, por su edad o por o sus ideales, piensa que España es todavìa una dictadura fascista catòlica romana, como en tiempos del dictador Fco. Franco. Pero en España hay democracia, por tanto, hay libertad religiosa, y no hay ninguna confesiòn religiosa o religiòn que tenga caràcter estatal u oficial, como asì dice la Constituciòn Española. Por tanto, ningùn rito o ceremionia religioso, por sì sòlo, ya sea catòlico romano, ortodoxo, protestante, etc…, tiene ninguna validez legal, ni ante el hombre ni ante Dios; pues Dios exige que los cristianos cumplamos con las leyes de los hombres, siempre y cuando no vayan en contra de la Ley de Dios (Hechos 5:29; Romanos 13:1-7); como asì hicieron, por ej., Josè y Marìa, los padres del Hijo de Dios en la Tierra, que tuvieron que registrar su matrimonio, segùn las leyes humanas de entonces (Mateo 1:18,24,25; Lucas 2:1-5). Asì pues, las palabras de Jesucristo, en Mateo 19:4-6, cuando dijo que “lo que Dios una no lo separe ningùn hombre”, se establece en el contrato o acta matrimonial que el hombre y mujer firman ante un juez, alcalde, concejal, o autoridad competente. De otra forma, aunque hagan todos los ritos religiosos que quieran, no tendrìa ninguna validez legal, ni ante el hombre ni ante Dios; a menos que registrasen, como Dios ordena, su matrimonio, segùn las leyes de cada paìs.
Por tanto, el prìncipe Felipe y Letizia Ortiz no estàn casados. Ya que, lo ùnico que hicieron fuè lo que se viò, el rito religioso, catòlico romano, sin registrar su matrimonio donde corresponde; porque, ademàs, la “boda” en el 2004 fuè todo un montaje, una farsa, donde todos los asistentes estaban actùando, como en una obra de teatro. Asì pues, la periodista Letizia Ortiz lleva 5 años hacièndose pasar por esposa del prìncipe de Asturias; una estupidez, pues para demostrar que no se puede creer todo lo que se ve y oye, y que hay gente hipòcrita y falsa, no era necesario liar tanto. Pero al llevar ese show, esa farsa, hasta las ùltimas consecuencias, ademàs de dejar en muy mal lugar al periodismo, estàn faltando el respeto a las personas sinceras, especialmente al pueblo español.