Títulos que no deberíamos haber olvidado (1)
Comencemos con una batallita: en su día, una de mis profesoras de secundaria solía decir que era mala abandonar un examen contento ya que, cuanto más sabe uno, más consciente debe ser a la vez de todo lo que el tiempo o el descuido le han impedido añadir a sus respuestas. Y en Qué Leer sufrimos de un modo perversamente paralelo: no por mucho saldar el examen de cada mes tratando un par de centenares de títulos dejamos de acordarnos de aquellos que se nos hayan quedado en el tintero. El volumen de libros que manejamos, la voluntad de dar cabida al mayor número posible de editoriales y otras causas diversas conllevan este desgarro que en ocasiones nos acomete al recibir un autoeditado y, otras, frente a un nombre plenamente conocido.
El libro que ha motivado esta introducción ha sido el mismo que me ha acompañado durante el fin de semana, Lecciones de abstinencia (Salamandra). Se trata de la nueva novela de Tom Perrotta tras Juegos de niños, que como recordarán fue famosamente llevada al cine e incluso le valió al escritor una nominación al Oscar al mejor guión adaptado. Y su propuesta se me antoja un ladrillo más en el gran muro de la narrativa del suburbio norteamericano. Como si de un pequeño Philip Roth se tratara, Perrotta es capaz de captar el estado de ánimo general en los Estados Unidos pre-Obama (la novela fue escrita en 2007) e insuflar vida a una serie de personajes particulares; especialmente Ruth, una maestra de educación sexual que es objeto de una caza de brujas académica al mejor estilo La mancha humana, y Tim, un ex músico ex drogadicto que ha renacido en Cristo pero que tiene serios problemas para conciliar el décimo mandamiento con sus ataques de testosterona. De lectura ágil, frondosa y entretenida, susceptible de ser regurgitada y comentada, Lecciones de abstinencia es una de las obras bastante por encima de la media que deberíamos haber comentado sobre el papel y, como mal menor, cual posdata de última hora cuando el profesor está ya recogiendo los exámenes, les presentamos a través de este blog.









Bueno, depende de lo que habría cargado las tintas en los otros dos personajes, Ruth y Tim. Al final son la parte moderada de los protagonistas y sin embargo el pastor aparece como el personaje más radical, hasta tal punto que agobia. Me explico, en determinados momentos de la novela se puede pensar en el Tabernáculo de la Verdad Evangélica como una secta, ya que el Pastor Dennis, además de captar adeptos, no deja que los que ya pertenecen a su comunidad salgan de ella, es más, hace todo lo posible por que se relacionen entre ellos y no con el resto de los personajes que no forman parte de ella. Insinuar sí insinúa y mucho, (la conversación que mantienen Ruth y Tim, cuando él va a su casa por segunda vez y se gana un bofetón de entrada, está llena de insinuaciones y mete el dedo en la llaga en numerosas ocasiones) pero en un momento determinado, cuando ambos protagonistas tratan de defender sus controvertidas posturas, se escuda en el protagonista converso para decir algo así: “Mire, Ruth a mí me puede pillar en cien contradicciones que personas más inteligentes podrían explicar.” Ajá, buena salida por la tangente, jaja. Y es que algunas cuestiones que plantea sólo tienen explicación a través de la fe.
Uno de los capítulos que me hizo enarcar una ceja, fue en el que hace su presentación una de las protagonistas más conservadora, veintiocho años y un cuerpo de modelo de alta costura, defendiendo su castidad apoyándose en toda una serie enfermedades venéreas sufridas por sus compañeras de estudios. Una cosa es enseñar a los adolescentes que el sexo seguro no existe, (pero se aproxima bastante) y otra muy distinta es que no puedas amar a otra persona porque el sexo es malo. Perrota consigue llevarnos de un extremo a otro sin mojarse mucho.
Como veis, la novela da para un largo debate.
Decidí seguir vuestra recomendación y he leído la novela. Cargada de controversias y ,como decíais, digna de ser comentada y largamente discutida, pero para no llegar a ninguna conclusión unánime. Todos estamos de acuerdo en que los extremismos son perjudiciales y a nadie le gustan las imposiciones. A partir de ahí se abre un abanico de posibilidades de conducta. El autor, en esta novela, presenta unos personajes que ni son tan santos como parecen, ni tan pecadores como los presentan, ambos han cometido errores y siguen adelante a pesar de lo difícil que es vivir en una sociedad tan puritana, donde la única forma de convivir es siendo tolerante y no tratando de imponer posturas. Quizá la lección que nos da esta novela es que no hay que dejarse guiar por las apariencias y que esas posturas que parecen tan opuestas, en realidad, tienen muchos puntos en común.
Así es. Tengo la sensación de que Perrotta, sintiéndose más afín al apartado liberal de los personajes, se esfuerza por comprender a los conservadores. O ultraconservadores, para el caso. Y el gran éxito radica en que no cae en la sátira sangrante. Insinúa, a ratos (porque la conversación que inicia el pastor en los lavabos de la boda resulta de lo más gay reprimido), pero no carga las tintas. Y viene a decirnos que, si se hacen daño los unos a los otros, no es porque una ideología resulte mejor que otra, sino porque todos somos humanos, se trata de nuestro sino. Sentado lo cual, cabe admitirle una pequeña trampa: el personaje principal del lado neocon es un converso (como George W. Bush, por cierto) que ha bebido y copulado lo suyo. No odia a los homosexuales porque los conoce bien. En ese sentido no es del sector duro. Y no sé si Perrotta habría alcanzado semejante ecuanimidad en caso de tener al pastor como protagonista principal. Cuanto más extrema la posición, más deshumanizada y difícil de hincarle el diente, ¿no?
Afortunadamente los libros son un negocio. En caso contrario yo no viviría de lo que escribo.
Edda tiene razón!!! lamentablemente los libros son un negocio,hay campañas millonarias para promocionar un libro, de lo mas simple (no he dicho nombres), y algunos titulos muy buenos (depende de quien lo lea) pasan desapercibidos.
por cierto deberiais hacer como especie de una votacion para votar al libro de tu vida, o la obra maestra, el libro que te obligaron a leer en el cole, pero mas que el libro de año, la obra maestra. bueno es una idea.
Hay tantos libros que pasan desapercibidos. Llegan apenas cuatro ejemplares a las librerías y, como no meten ruido, muchos se vuelven a las editoriales sin ninguna oportunidad. Hace tiempo que entro en las librerías buscando esos libros, pasando por delante de torres enormes de esos otros libros que, sean buenos o malos, se van a vender seguro. Por eso agradezco este blog, que por lo que veo tendrá continuidad, porque el leer libros poco o nada comentados no siempre sale bien. A veces descubres pequeñas joyas y otras te llevas un bodrio a casa. Por eso, gracias.
Sobre olvidos… No sé a qué esperáis para reseñar el libro de poemas: Confesiones de un soltero autopoético, de Manuel del Barrio, editado por Point de Lunettes. Cuando la calidad se une con el descaro, la actualidad, la frescura… en un poemario, no debe dejarse pasar la oportunidad para darlo a conocer.
Bueno, bueno, bueno… Por haber rescatado uno no vamos ahora a recuperarlos a todos…
Más en serio, le paso el dato a nuestro experto en poesía. La cosa, por tanto, queda ahora a su criterio.
¿No será el noveno mandamiento? : “No desearás a la mujer de tu prójimo”
Correcto: el noveno… Me he emocionado leyendo la entrada de Wikipedia (http://en.wikipedia.org/wiki/Ten_Commandments) y me he dejado engañar por la numeración judaica/anglicana/ortodoxa
¡Gracias!