Lorenzo Silva: De profesión, abogado del Diablo
A Lorenzo Silva le gustan las paradojas, porque ellas contienen el quid de la literatura. De aquí que haya creado a alquimistas impacientes y a bolcheviques con flaquezas, y que ahora cruce al ciberespacio con el Santo Oficio en “El blog del Inquisidor” (Destino). Quizás él mismo sea una paradoja: un ex abogado metido a novelista polivalente, una voz que critica las bases del desarrollo económico español y los oídos sordos de la sociedad a la situación de nuestras tropas en Afganistán.
Pasar diez años ejerciendo de abogado, principalmente para una empresa del sector energético, ¿tuvo algo de literario?
Durante esos años en que viví entre el Derecho y la literatura tuve una sensación extraña, me sentía un marciano en ambos mundos, la diferencia sobresalía más que la afinidad. A veces cambiaba bruscamente en un mismo día de un mundo a otro y no acababa nunca de estar en mi sitio, pues son actividades localizadas en esferas cerebrales distintas. Recuerdo que me encontré con un banquero de inversiones en una entrega del Premio Planeta, y pese a haber trabajado bastante con él, en un primer momento fui incapaz de ubicarle. El tabique había caído por sorpresa, permitiendo la intersección de ambas realidades. Por otro lado, también es cierto que resulta muy literario estar a caballo entre dos mundos, sin pertenecer a ninguno. En casi todo lo que escribo, la mayoría de los personajes o son extranjero o gente en países extraños. El concepto de extrañeza me fascina, yo lo que de verdad quiero ser es extranjero, como más a gusto me siento es sin tener que responder a ninguna identidad o expectativa, pudiendo mirar a mi entorno con curiosidad y un cierto desapego. Esto me lo aportó en parte la abogacía. Me permitió ganarme la vida, viajar, conocer a mucha gente interesante, a personas que lo tenían todo y nada en un mismo día. No fue vocacional, pero intenté servirla con lealtad, ya que un abogado desempeña una gran función social, y uno malo, desprovisto de ética, constituye un arma de destrucción masiva.
En tu estudio El Derecho en la obra de Kafka –trabajo de último de carrera luego plagiado por una profesora alemana– muestras que la abogacía y la literatura son áreas que pueden retroalimentarse.
Si Kafka no hubiera sido doctor en Derecho no podría haber escrito sus libros. Pese a que renegara de su formación jurídica, de no haber pasado un año y medio de prácticas en los juzgados de Praga no habría escrito ni la mitad de lo que hizo. Es curioso cómo gran parte de su obra funciona como filosofía jurídica, hasta qué extremo es un pensador sobre el Derecho de bastante profundidad. Y resulta particularmente ilustrativo leerlo ahora, cuando los tribunales no tienen en consideración a los ciudadanos y se sublevan porque les piden responsabilidades. Cuando los jueces pasan a ser la mayor fábrica de injusticias se convierten en un monstruo, una trituradora, un bulldozer.
AMANTE DE LAS PARADOJAS
¿Cómo llegaste a la historia de El blog del Inquisidor?
Por un lado, hace veinte años me cautivó conocer la historia de las monjas de San Plácido, un caso excepcional de condena y posterior absolución dentro de la historia de la Inquisición. Puesto que para mí lo verdaderamente importante es dar con la voz del protagonista, enseguida capté las posibilidades detrás de una monja que hace en primera persona una defensa de su persona frente al Santo Oficio. Al proyecto, que bauticé como “Inquisición”, le di muchas vueltas durante años, primero lo entendí como una novela histórica, pero me di cuenta que este género muchas veces se dedica a sustentar una tesis y a crear personajes impostados que son portavoces de las interpretaciones contemporáneas de los hechos históricos. Al desconocer si las monjas eran inocentes o culpables, quería que cada lector sacara sus propias interpretaciones a través de diversos testimonios. Sólo que me faltaba el soporte desde el que contarlo. La solución me llegó de la mano de internet, que ha generado una nueva esfera de realidad con sus propios códigos de narración y comunicación. Quería hacer literatura sobre ello, hablar de cómo dos personas que viven a 6.000 kilómetros de distancia alcanzan una intensidad de comunicación y desvelamiento que no obtienen con las personas de su entorno. Al recurrir a internet podía escapar a todas las limitaciones de la novela histórica. El blog me permitió dar fluidez a dos épocas y distintas voces, otorgar unidad al collage, pues es una herramienta que te permite ordenar y alinear el caos.
Cruzar en un mismo título las palabras “blog” e “Inquisidor” ya resulta de por sí desconcertante.
Al unirlas se genera una paradoja, mientras que por separados son términos que a mí particularmente me repelen. Soy un gran amante de las paradojas, pero es que la literatura se construye a través de ellas, a partir de aquello que no satisface las expectativas, que no es lo que parecía.
Al ciberespacio, en general, ¿lo miras con fascinación o desconfianza?
Internet es una representación muy potente del mundo y como tal tiene fragmentos fascinantes, por ejemplo que puedas acceder a prácticamente todo el patrimonio literario español haciendo un clic en la biblioteca virtual Cervantes. Al mismo tiempo, produce una cantidad ingente de basura e implica pérdidas de tiempo descomunales. Además, en su capacidad de potenciarlo todo desde el anonimato, está alimentando también las mayores bajezas humanas, llámesele pederastas o simples calumniadores.
¿Descubriste algún dato sobre la Inquisición que te sorprendiera?
Muchos. Por ejemplo, la imagen del inquisidor que tenemos es la de un fanático religioso, cuando eran eminentemente juristas, muchas veces pobres y con un punto romántico, pues en gran medida se trataba de alumnos brillantes de las escuelas de leyes que, al carecer de influencias y no poder acceder a los puestos civiles copados por la familias notables, se metían a inquisidores como única salida laboral para hacer carrera. Por norma general, estaban muy marcados por su formación jurídica, los había con un gran sentido común y capacidad de razonamiento, no tenían nada de buscadores de brujas y demonios.
¿Más revelaciones sorprendentes?
Las cifras de la Inquisición española son mucho más bajas que las de la portuguesa, pese a la diferencia abismal de población. También me chocó que, cuando España expulsa a los judíos, ya lo ha hecho previamente toda Europa. Su sistema inquisitorial es el más tardío en aparecer, nosotros adaptamos el manual francés un siglo después de su invención. Y, cómo no, me dejó de piedra el papel de los judíos como delatores de los suyos, hasta qué extremos ayudaron a sus verdugos.
En tu novela también muestras aspectos muy interesantes sobre el papel activo de la Inquisición en los delitos sexuales.
Sí, hubo un enorme número de eclesiásticos que fueron procesados por el delito de solicitación, es decir, por utilizar el momento de la confesión por las mujeres de sus vergüenzas para, en el fragor y calentura del relato, aprovecharse sexualmente de ellas. Además, muchos maridos fueron acusados por sus mujeres de practicar la sodomía, por otro lado un método anticonceptivo de enorme popularidad en la época. En el siglo XVIII suponía una manera expeditiva de resolver las disputas conyugales. Lo que hoy serían las denuncias por violencia de género, entonces eran denuncias anónimas que conllevaban ir a galeras, lo que suponía prácticamente la muerte.
RODEADOS DE CRIMINALES
¿Qué tiene el género negro para haberle dedicado tanto tiempo como lector y escritor?
Le he dedicado menos energías de lo que podría parecer, pues de las veinte novelas que he escrito sólo cuatro y media se pueden considerar negras. En cualquier caso, por si teníamos alguna duda, el 2008 nos ha venido a confirmar que la realidad en la que vivimos sólo podemos explicarla en los términos de la novela negra. Vivimos rodeados de criminales que dirigen la realidad, no únicamente en Nápoles y en Sicilia, en todas partes. Basta ver el caso reciente del “barajafortunas” Bernard L. Madoff, un auténtico criminal. O el del señor que hasta de aquí a unas semanas estará ocupando el cargo público más importante del planeta: George W. Bush es un asesino por dinero y Cosecha roja de Hammett se quedaría en una broma a la hora de contar su administración. La realidad es un campo de acción concertado por un grupo de criminales que actúan con impunidad ante un sistema legal inoperante y una justicia lenta, torpe, ineficaz, grotesca y corrompida. ¿Cómo fue posible el crecimiento urbanístico del que ha vivido el PIB en España? Lavando dinero negro. El tráfico de drogas y de armas, así como la prostitución, ha sustentado el desarrollo del que estamos tan orgullosos.
¿La crisis actual es también un relato policíaco?
La crisis económica que vivimos es una crisis de delincuentes, facilitada por unos señores que nos han estafado a todos a sabiendas. El arquetipo una vez más es Madoff, un individuo que al llegar el FBI a arrestarle y preguntarle si hay alguna explicación inocente detrás de sus actos, debe reconocer que no la hay.
¿Qué ocurre con la justicia en este país?
Nos enfrentamos a dos grandes problemas. 1) Las leyes que tenemos son decimonónicas, provienen básicamente de lo que se aprobó en mil ochocientos y pico, con eso no se puede afrontar la realidad del siglo XXI. 2) Muchos jueces no aceptan que son servidores de los ciudadanos, sino que se consideran un instrumento de poder. No tienen sentido de la responsabilidad, se la imponen al médico y al ingeniero pero no a ellos, por no entrar en ese apartado tan alucinante que supone el que gocen de inmunidad.
¿Qué buscaste aportar al género negro con la serie sobre Chamorro y Bevilacqua?
Quería crear dos policías que presentaran sin complejos la realidad policial y criminal española. Siempre hemos tenido algo de complejo y, al creernos una sociedad poco lustrosa, hemos querido parecernos a arquetipos extranjeros, cuando lo nuestro tiene suficiente personalidad propia para no tener que imitar a nadie. Mi segundo propósito fue normalizar. Me explico: el género negro, a escala internacional, ha sido propenso a funcionar con personajes anómalos, como si solo así fuera posible combatir el crimen. Yo he procurado que mis personajes sean dos tipos con los que cualquiera se pueda identificar, dos trabajadores con cero glamour y 2.000 euros pelados de sueldo, dos funcionarios que se miran las ofertas de la ropa, y desprovistos de cualquier superpoder. Prefiero que el lector los sienta próximos a que le impresionen.
¿Y qué singulariza a Getafe Negro, el festival del que eres comisario, respecto a otros dedicados a la novela policíaca?
Antes que nada que se desarrolla en Madrid, un lugar sin ninguna identidad, que nadie reivindica y que es la primera realidad inspiradora de género negro en España. En Madrid, en estos momentos, hay ajustes de cuentas entre bandas de narcotraficantes que dejan entre tres y cuatro cadáveres a la semana, algo que por cierto no está saliendo apenas en los periódicos. Organizarlo en Getafe, una ciudad periférica y del sur, ya da una idea de su espíritu: se trata de festival modesto pero muy abierto, que tiene lugar durante cuatro días en cuatro callejuelas y que pretende arrastrar a gente en los aledaños del género, ya sean guardias civiles, policías, delincuentes… Ahí está la mesa que organizamos sobre el Solitario con la gente que lo detuvo, y otra en la que estuvo el Dioni junto a un ladrón de coches y el policía municipal que lo persiguió.
DE AFGANISTAN A MARRUECOS
De cara a coescribir Y al final, la guerra. La aventura de las tropas españolas en Irak, ¿qué oíste en boca de los soldados que te hiciera un nudo en el estómago?
Me impresionó descubrir la cantidad de veces en que las tropas españolas tuvieron que entrar en combate, corriendo peligro de muerte. En abril de 2004 en Afganistán, por ejemplo, sufrieron escenas de la misma crudeza y dramatismo que las atravesadas por las tropas americanas en Damasco tal y como se reflejó en la película Black Hawk Derribado. Esta información no se buscó y, cuando estuvo accesible, los medios no la reprodujeron. Por mucho que los soldados estuviesen ansiosos por contarla, nadie les preguntó. Hubo muchas manifestaciones de “No a la guerra”, pero la sociedad luego ha optado por una forma curiosa de anestesia, por quedarse en el plano de las ideas y mantener una indiferencia total en el terreno de las realidades prácticas. La verdad es que ahora tenemos a ochocientos soldados en Afganistán. Se encuentran en un país hostil con el 85 por ciento del territorio en manos de los talibanes, en absoluto en una misión de paz. Sé que es muy duro decirlo pero me pregunto hasta qué punto el hecho de que muchos soldados sean inmigrantes sudamericanos contribuye al desinterés.
Otro punto caliente que has cubierto en varios de tus libros es Marruecos. ¿Con qué ojos deberíamos mirar al país vecino y no lo hacemos?
Para empezar hay un tema de responsabilidad muy delicado que es el concerniente al Sahara occidental, una descolonización que España gestionó pésimamente. Parece que circula una teoría en la sociedad española según la cual uno ha de ser pro saharaui y que la única manera de serlo es odiando a Marruecos. Con ambos pueblos ha habido unos vínculos intensísimos en el pasado y como vecinos estamos llamados a convivir con ellos, no puedes mear o escupir en la puerta del de al lado. Además, tenemos muchos intereses ahí, pues si el desarrollo de Marruecos lo capitanean otros se va a convertir en un competidor tremendo. De acuerdo que existen grandes diferencias culturales y de costumbres, de acuerdo que tiene un régimen político que dista mucho de ser una democracia perfecta, todo lo cual puede generar objeciones profundas, pero de aquí a pasar al odio indiscriminado hay un buen trecho. Marruecos, que siempre fue el extremo occidental del Islam, supone una oportunidad para Occidente. Es absurdo que colaboremos con los saudíes porque tienen dinero y no con la alternativa más dúctil y mediterránea del Islam.
Tu nivel de producción es asombroso, ¿la disciplina y la constancia del abogado aplicadas a las letras?
En el abogado se cumple la maldición de que le vencen todos los plazos al mismo tiempo y por ello se acostumbra a trabajar en el caos. He escrito en aviones, ascensores, en el metro… me he acostumbrado a cazar el tiempo dondequiera que estuviera.
Texto Antonio Lozano Fotos Óscar Elias










Vamos que esté tio es fantastico, un hombre en toda la extensión de la palabra, sus obras para mi son de verdad impresionantes, muchas gracias por darnos horas y horas de buena lectura y disfrutar con presonajes tan bien creados.
y que (como nadie lo dira por mi)me he leido todos sus libros.
Ciertamente el concepto de extrañeza es un gran disparador en mi interés por la literatura, casi tanto como el de identificación.
Otros apuntes de la entrevista que me han hecho reflexionar son los referidos al mundo del Derecho, puesto que la inmunidad de los jueces y sus límites serían para debatirlos largo y tendido. Y en cuanto a la influencia del Derecho en la literatura, pues efectivamente es algo que se muestra claramente en la escritura de Kafka, quien ignoraba que fuera doctor en leyes pero que una vez sabido creo que entiendo mejor su estilo y sus textos.
Pero sobre todo lo que me ha venido a recordar Lorenzo Silva, o mejor dicho, lo que me ha hecho ver, es que estamos en guerra, por mucho que a la misión en Afganistán se aluda en los medios con palabras políticamente correctas. Por lo que yo sé, y por lo que me cuenta un amigo destinado allí, aquello es una situación bélica, aunque ni una mínima parte de los enfrentamientos armados se cuenten en las noticias. Estamos en guerra, ya es hora de que seamos conscientes de ello.
Enhorabuena tanto al entrevistado como al entrevistador, he disfrutado mucho leyendo el resultado.
Un abrazo