El espía que surgió de una novela
Nos hemos desayunado, literalmente (cosas de la jornada intensiva), con la noticia de la aparición en Inglaterra de las memorias de Sir Anthony Blunt, el famoso “Cuarto hombre” del círculo de espías de Cambridge, un historiador del arte que llegó a ser conservador de pinturas de la Reina, que se puso al servicio de Moscú, que fue descubierto a mediados de los años 1960, que pactó con los servicios secretos británicos para no ser denunciado públicamente y que, en definitiva, vivió con cierta normalidad hasta que, en 1979, Margaret Thatcher aireó su caso a los cuatro vientos. Fue entonces cuando Blunt se lanzó a redactar esta obra, que donó a la British Library con la condición de que no viera la luz hasta veinticinco años después de su muerte. Es decir, más o menos hasta esta semana.
Sucede, no obstante, que nosotros ya hemos leído la vida de Anthony Blunt. Y no nos referimos a la biografía tirando a canónica de Miranda Carter, sino a una novela aparecida en Anagrama hará una década larga. Se trata de El intocable, la firmaba John Banville y, aunque bajo la identidad de un tal Victor Maskell, contaba todo lo que Blunt fue, hizo y dejó de hacer con un altísimo nivel literario. Dicen que, al otro lado del Canal, las memorias de Blunt no han revelado gran cosa; si acaso, su arrepentimiento por la “ingenuidad política” que lo llevó a caer en las redes del comunismo. Es posible, en cambio, que recuperar la novela de Banville nos permita arrojar un poco más de luz sobre su fascinante figura. Ya saben: la literatura se sirve de la mentira para llegar allí donde las armas de la realidad no alcanzan; por ello, a menudo, consigue contarnos de verdad cómo fueron las cosas.








