Adiós a un librero
Sucede que estas cosas se concatenan. Si ayer nos poníamos fúnebres al comentar el fallecimiento de Frank McCourt, hoy toca hablar del adiós de un profesional en el otro extremo del negocio literario-editorial. Se trata del librero Joaquín Ortega, con quien no teníamos el gusto pero de quien nos llegan muy buenas palabras por parte de amigos que tienden a moverse mucho más por la península que nosotros, a estos escritorios y ordenadores casi siempre pegados (la principal valedora de que aquí lo recordemos, Silvia Fernández, jefa de prensa de Roca Editorial). Fundador de la Librería Luces de Málaga, que presidió seis años, y agitador cultural de esa urbe andaluza, Ortega murió el pasado fin de semana víctima de un cáncer de páncreas. Descanse en paz.








Yo era amigo de Joaquín, y era una de esas personas que ya desde lejos sabía que era buena persona. Amable, cariñoso, culto y feliz con su trabajo y su familia. Antes de ser editor, trabajé en Luces, donde tuve una extraordinaria relación con él y con su mujer, Pilar. Lo vi hace escasos meses, cuando aún tenía esperanzas de que todo se solucionara. Pensé en el cada día. No me podía creer que le hubiera cambiado la suerte tan drásticamente. Descanse en paz un hombre bueno, que hizo la vida más feliz y fácil a quienes tenía a su alrededor. A su hija Pili, a su mujer Pilar, a su compañero en Luces José Antonio, a todos mis ex colegas libreros de Málaga, un cálido abrazo,
Antonio García Maldonado
Editorial Alfama