Idelfonso Falcones: Un éxito como una catedral
El fulgurante éxito de su ópera prima, “La catedral del mar”, con cuatro millones de libros vendidos sólo en castellano, lo ha convertido en una megaestrella literaria. El lanzamiento de su nueva novela motivó un multitudinario viaje a Andalucía para conocer parte de los escenarios de “La mano de Fátima” (Grijalbo). Ésta es la crónica de la visita a Córdoba de este califa de la novela histórica. Por Begoña Piña
Once palabras son la única debilidad que se permite Ildefonso Falcones después de pasearse por el casco histórico de Córdoba, a plena luz del día, seguido por una comitiva de más de ochenta personas: “Me siento un poco abrumado con tantos medios y tanta expectación”. Rodeado de cámaras de televisión, periodistas gráficos, reporteros, superjefes del grupo editorial Random House Mondadori y libreros, el autor concentra la atención de turistas y foráneos, que no identifican su rostro, pero reconocen perfectamente la parafernalia que lo acompaña. “¿Y éste quién es?” “Debe de ser un político”. “Me parece que es uno del PSOE”. En la resaca de las elecciones europeas y con la costumbre reciente de tropezarse con los candidatos por las callejuelas de esta ciudad de los califas, la sorpresa de los ciudadanos es mayúscula cuando descubren que es un escritor el que encabeza tan nutrido desfile. “¿De verdad que es un escritor? Pues es muy joven, ¿no? No es muy mayor. Y hay que ver lo bajito que habla, y eso que tiene micrófonos”.
Derecho al éxito
Ildefonso Falcones es abogado desde hace treinta años y debutó con La catedral del mar, que se convirtió en el séptimo libro de más éxito del mundo en 2006. La novela se distribuyó en 46 países y vendió sólo en castellano más de 4 millones de ejemplares.
Con la salida de su segundo libro, La mano de Fátima -de nuevo novela histórica, otra vez época medieval y con hijos, madres y amores complicados-, Falcones es ya un valor consolidado para el que no se escatiman medios. Desde el consejero delegado de Random House Mondadori, Riccardo Cavallero, pasando por la directora editorial Nuria Tey o la editora Anna Liarás, hasta un equipo de marketing de tres personas y seis miembros del equipo de prensa, además del director comercial, ocho libreros andaluces y decenas de periodistas, acompañaron al autor en la presentación de su nuevo libro. Un viaje con más de ochenta personas por los lugares emblemáticos de Córdoba, escenario fundamental de esta historia.
La mano de Fátima, una obra de más de novecientas páginas, es una recreación de una época de la historia poco conocida, desde el levantamiento de los moriscos de las Alpujarras a finales del siglo XVI hasta la expulsión de éstos en 1609. La guerra, la violencia de ambos bandos, las venganzas, las familias rotas y los amores apasionados envuelven la peripecia del protagonista, un hombre que termina su historia en Córdoba y al que el lector ha seguido desde su infancia. La tirada inicial de 500.000 ejemplares, la veloz aparición del libro en el mercado latinoamericano (Chile, Argentina, Uruguay, México y Venezuela) y la presencia del autor en el lugar más destacado de la Feria del Libro de Madrid, en su penúltimo día, han abierto su camino hacia el éxito.
Córdoba a la japonesa
Un camino que empezó a recorrerse oficialmente con el viaje de presentación a Córdoba. Son las nueve de la mañana y un grupo de periodistas de Madrid se encuentra en el andén del AVE. Media hora más tarde, instalados ya en el tren, los cotilleos sobre el libro ya casi se han agotado. Prácticamente a la mitad no le ha dado tiempo a leer la obra con detenimiento porque ha llegado muy pocos días antes a la prensa y es muy extensa. ¿Cuánto habrá tardado en escribirla? Unas horas después, ya en Andalucía, el autor despejará esta incónita: “Tres años, trabajando de ocho a once de la mañana -hora de entrar en el despacho de abogados- y fines de semana”. Las cuentas dicen que Falcones ha de escribir una página definitiva diaria, así que apenas le debe quedar tiempo para releer lo anterior y correjir… “Releo lo que escribí el día anterior, pero no mucho más”, confirmará por la tarde. Los cálculos de lo que ganó con el anterior libro, también se han hecho a primera hora de la mañana. Tirando por lo bajo, ocho millones de euros. “¿Y sigue en el despacho de abogados?”. Pues sí.
Antes de mediodía, los periodistas madrileños se encuentran con sus compañeros de otras localidades, más de sesenta en total. Divididos en dos grupos -unos irán con el autor; los otros, no- y con una pareja de guías turísticos se suben a sendos autobuses para visitar Córdoba a la japonesa. 12:00. horas, visita al casco histórico. Entrada por la Puerta de Almodóvar, calle de los Judíos, la Sinagoga, Capilla de San Bartolomé y salida del casco antiguo. Visita al Alcázar y reencuentro de los dos grupos. 12:45 horas, visita a la Mezquita. 13:30 horas, llegada al Hotel Hospes Palacio del Bailío, una antigua casa solariega restaurada que se ha convertido en el primer cinco estrellas de la ciudad. Cóctel, rueda de prensa, comida y despedidas.
Durante todo el enloquecido trayecto turístico, Falcones ha hecho las entrevistas pertinentes con las televisiones, algunas declaraciones a las radios y todas las fotografías que le han solicitado. Con una camisa azul oscura, dos botones desabrochados, un pantalón de pinzas color crema, gafas de sol y un estuche enganchado a su cinturón de piel, se pasea bajo el sol, cada vez más sofocante, sin dar muestras de la más mínima alteración. Falcones no transpira, no se cansa, no abandona el gesto serio excepto para sonreír durante las fotos y las entrevistas, no niega la palabra a ningún periodista que consigue llegar a su lado y, ocasionalmente, apostilla al guía turístico. Mientras él disfruta de la visita, con Riccardo Cavallero permanentemente a su lado, la cohorte le sigue esforzadamente, algunos cargando con el considerable peso de su novela, la mayoría abanicándose con una “mano de Fátima” que la editorial ha repartido a los invitados. (“La mano de Fátima va a resultar mano de santo”).
En la Mezquita el grupo se dispersa un poco. Mientras Falcones concede una entrevista más, uno de los guías contratado por la editorial y un periodista andaluz hablan. El segundo comenta que por la mañana avisó de tan singular visita al Ayuntamiento. El alcalde, en cuanto se ha enterado, ha hecho declaraciones en la radio: “Es una gran noticia”. La visita se cierra con una pequeña parada ante el sarcófago de Don Alfonso Fernández de Montemayor (1390), que tiene un destacado papel en la novela. Allí se comenta una anécdota concreta del libro. “Te están destripando la historia”, le decimos a Falcones, que encoge mínimamente los hombros. El escritor recuerda todos los viajes que ha hecho a Córdoba para ambientar su novela; incluso realizó uno sólamente para comprobar que este sarcófago podría ser levantado por un hombre.
Falcones es humano
Este miembro del Club de Polo de Barcelona, aficionado al salto ecuestre, padre de cuatro hijos (de trece, once, diez y cinco años) y reciente estrella editorial, muestra su primer signo de humana debilidad al final de la visita: a Falcones le apetecen un pitillo y una cerveza. Atravesamos el puente romano hacia los autobuses, “por donde pasan las manadas de toros y de caballos de la novela”, recuerda el guía. Eso sí se lo ha leído. En esa travesía, televisiones y fotógrafos ya han terminado su trabajo y es más fácil acercarse al autor. Ahora, dice, quiere volver a Córdoba con su familia, aunque los cuatro niños, claro, siempre están peleando…
Una vez en el hotel, y tras un apresuradísimo cóctel -el numeroso grupo ha llegado con un retraso de veinte minutos sobre el programa previsto-, comienza la rueda de prensa. Falcones, contenido, serio, aunque no en exceso, contesta tranquilamente a todas las preguntas. Confiesa que el éxito de La catedral del mar no ha añadido nada de presión a su segunda novela. “Llevo treinta años ejerciendo el Derecho y estoy acostumbrado a estar siempre sometido a presión; cuando estás en el mundo de la fantasía, de la escritura, esa presión no existe. Por suerte, no me afecta. En esta vida lo que hay que hacer es trabajar”. Y, desde luego, en su despacho o en un viaje promocional como éste, Falcones muestra esa faceta de trabajador sin descanso.
¿La trayectoria de su primera novela se traduce de alguna manera en su otra faceta profesional? ¿Tiene ahora más clientes en el despacho de abogados? “La verdad es que creo que tengo menos. Yo me considero un buen letrado, pero si fuera un empresario elegiría a un señor que estuviera las veinticuatro horas dedicado a lo mío. Me parece que es contraproducente”. Y añade: “Abogacía y literatura se compaginan malamente y es una situación que me planteo, pero no quiero dejar el Derecho. Tendría que encontrar una estructura que me descargara un poco. Por otro lado, no se puede vivir imaginando cada día”.
El escritor, que ha añadido cierta carga erótica a este libro, cuenta con absoluta despreocupación que, tras su primera novela, entregó una nueva idea a la editorial. “Era una historia con una trama en el siglo XXI, pero que se remontaba a los siglos XVIII y XIX, y me dijeron que no, que tenía que ser una novela histórica. La editorial exige que sea medieval… y hasta lo pagan”. Y, aunque no pierde las esperanzas de que algún día estos requerimientos desaparezcan, deja entrever que su nueva historia, en la que ya está trabajando, seguirá las mismas pautas. “Ya le voy dando vueltas a un guión y buscando”. Un periodista quiere saber más pero, justamente en ese instante, Riccardo Cavallero le quita la palabra a Falcones y con buen humor afirma que “Seguro que él os lo diría, pero yo se lo prohíbo absolutamente”.
Fin de la rueda de prensa y comida. Después, mientras los periodistas de medios diarios escriben sus crónicas, los trabajadores de la editorial, libreros y resto de prensa sale al jardín a tomar el café. Falcones, que no ha parado de firmar libros, encuentra un segundo para sentarse a la sombra de una buganvilla. Entonces nos descubre una faceta menos profesional. Muy amable, nos agradece que hayamos ido a Córdoba. Hablamos de cualquier cosa y terminamos enredados con el interminable tema de los hijos y el sistema educativo español. Falcones comenta la, en su opinión, baja calidad de la enseñanza en Cataluña. “No encontramos colegio”, se lamenta. Y se extraña cuando alguien sugiere que entre el despacho de abogados y el libro no tendrá tiempo para sus hijos. “Estoy con ellos todas las tardes”. Aficionados, como su padre, al salto escuestre y al hockey, regresan a casa y “comienzan los baños, las cenas…”. Con los dos mayores, incluso, habla de su trabajo literario. A los pequeños se lo explica diciendo que es una novela “de la guerra entre moros y cristianos”. Y vuelve a perderse, esta vez para charlar un rato con los libreros.
Son casi las 18:30. Estamos en el andén del AVE de Córdoba con destino a Madrid. De nuevo los periodistas hacemos cálculos: cuándo llegamos, cuándo estaremos en casa, quiénes iremos a la presentación que hay al día siguente… Poco antes de que llegue el tren aparece Falcones. Descamisado y con unas pronunciadas ojeras, se lanza a una máquina de refrescos y saca un bote de Coca-Cola. Está cansado. Definitivamente, es humano.










Sin duda alguna es de los mejores escritores del siglo XXI.
Creo que nadie como el es capaz de asemejar una historia ficticia pegandose a lo que de verdad ocurrio en dicha época.
Estoy deseando leer su nuevo libro.
Un saludo desde Ciudad Real.