El dulce hogar de Mey Zamora

Antonio G. Iturbe

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Anteayer se presentó en sociedad “Dulce hogar” (Plataforma) en la librería Bertrand de Barcelona, que se está convirtiendo en uno de los lugares más interesantes para presentaciones de libros en la capital catalana. Abrió el fuego el editor Jordi Nadal, que con un estilo muy americano aprovechó para hablar de su joven editorial enfocada hacia libros de testimonio personal, que en pocos años ha conseguido colocar libros en lista de más vendidos, traducciones e incluso adaptaciones cinematográficas en marcha. Hizo una reflexión sintética y espléndida sobre el libro la productora de cine y teatro Gloria Casanova y el hermano de la autora, ingeniero especializado en domótica, aportó un apunte técnico y humanista; su idea de “la hora Schumann” en que uno llega a su casa inesperadamente a media tarde y todo está en silencio y se crea esa placentera sensación de útero tranquilo amueblado con sofás, resultó muy inspirada. La autora, que debuta con este libro, estuvo impecable e inusualmente breve para un debutante, que suele aprovechar su primer auditorio (estaba la sala a rebosar) para explicar todas y cada una de sus batallitas. No fue el caso y estuvo mejor que el 90% de escritores latosos y egocéntricos que uno ha sufrido en diversas presentaciones. Quizá se echó en falta algo de debate y polémica constructiva, pero la autora jugaba en casa y todo transcurrió con elegante placidez.
Este es un libro que hacía falta que alguien escribiera. Es una obra que va un poco más allá del género “housekeeping” (cuidados de la casa) habitual en las librerías americanas pero muy raro de ver por las nuestras. Es más que un libro de consejos sobre gestión familiar:  de manera leve, sin atosigar ni tratar de convencer a nadie, arma una interesante reflexión sobre el trabajo de la gestión del hogar que resulta de lo más convincente . Durante muchas generaciones las mujeres han tenido vetado el acceso a la vida laboral y social de una manera absurda y lamentable. No se les permitía tener libertad para elegir. Una mujer sólo podía ocuparse del pequeño mundo limitado por las paredes de su casa, mientras el hombre era el que se lanzaba al gran mundo exterior del trabajo, los negocios o la política. Así ha sido durante siglos. Con el cambio de mentalidad que acelera el final del franquismo, la mujer española se incorpora de manera efectiva al mundo laboral y social. Sin embargo, 30 años después observamos una paradoja: las mujeres anteriormente no eran libres de elegir si querían dedicarse a llevar la casa o trabajar fuera: sólo podían quedarse en el hogar. Pero ahora resulta que tampoco son libres: la espiral producida por la sociedad de consumo y la presión social hace que forzosamente ellas (y ellos) hayan de trabajar fuera. Económicamente se necesita un segundo sueldo en casa para pagar la hipoteca, el viaje a Eurodisney, el coche nuevo, la pantalla de plasma, las actividades extraescolares de los niños o la factura del móvil hace que quieran o no quieran, los dos componentes del núcleo familiar convencional hayan de trabajar fuera. Y también la presión social ha girado en sentido opuesto: si antes lo que estaba mal visto era que la mujer trabajara fuera (entonces era cosa de solteronas o machorras), ahora lo que está mal visto es que se quede en casa: es cosa de “marujas” (o peor “marujos”, mantenidos).
De tal forma que de nuevo hay una pérdida de libertad: Hay gente que cada día tiene que estar fuera de casa 15 horas, soportar un trabajo que tras 20 años es rutinario, un jefe mezquino o una clientela desagradable y lo que gana va directamente a cubrir la ausencia de esa persona “de guardia” en casa: pagar las horas de la persona que de limpieza que tiene que contratar, el canguro de los niños, el esplai del verano y las actividades extraescolares, y con suerte sobra algo para irse uno 15 días a Cancún para desestrasarse del año de trabajo. No en todos los casos, pero en algunos uno piensa si no proporcionaría mayor calidad de vida y podría ser más placentero renunciar a algunos caprichos materiales y ponerse el frente de la logística familiar.

Dulce hogar nos cuenta la experiencia de una mujer que es profesora en la facultad de ciencias de la información y que decide libremente proponer a su pareja dejar su trabajo exterior y quedarse a trabajar en casa al mando del hogar. Ambos generan riqueza al conjunto de igual a igual: uno aporta entrada de ingresos y el otro genera riqueza al administrar mejor el dinero y evitar pagos externos, además de sumar calidad de vida.. Pero lo mejor de todo es que la autora describe su trabajo con entusiasmo y orgullo, como un despliegue de actividad que tiene mucho de creativo, que requiere planificación, reflexión y un gran dinamismo. Tener una casa limpia que resulte agradable para estar en ella, ordenada de manera que se encuentre lo que se necesita en cada momento, con una oferta gastronómica saludable y variada para toda la familia a un precio asequible, una atención a las entradas y salidas de los niños… requiere una importante capacidad de organización, esfuerzo e inteligencia, además de generosidad porque es un trabajo que no sabe de fines de semana ni horarios Eso sí, no idealiza ni elude hablar de las rutinas de limpieza diaria de lavabos, mantener en estado higiénico la irreductible bayeta de la cocina o la ímproba tarea de luchar contra las manchas recalcitrantes sin dañar la ropa. Aquí no hay fanfarrias sociológicas sino una reflexión a pie de obra que no elude la fregona y el Cristasol (bueno, ella que limpia sobre limpio al llevar al día la casa, prefiere agua y un paño limpio para repasar cristales). Un libro escrito por alguien que tiene la experiencia del hogar y una excelente capacidad para explicarse, que por fin hace justicia a generaciones de extraordinarias artesanas del hogar y que reivindica, para quien le apetezca, esa tarea tan útil como estimulante e incluso económicamente rentable. No es una solución infalible, puesto que ahí está la cuestión de resolver qué sucede cuando los niños se hacen mayores y las tareas se reducen drásticamente o la duda que planea sobre qué sucede si esa sociedad ideal de reparto de tareas se parte con un divorcio. Pero la búsqueda de la felicidad tiene riesgos, qué duda cabe.

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2 Respuestas a “El dulce hogar de Mey Zamora”

  1. Elena dice:

    Cuando tuvimos una reunión de antiguas alumnas del Instituto me tocó compartir mi experiencia profesional con ellas . Cuando oyeron “soy ama de casa, … por elección”, una de mis amigas se sorprendió a la vez que se decepcionó y no pudo evitar decirme que no se esperaba eso de mí, que jamás hubiera pensado que yo terminara así.
    Soy mi propia jefa; mi trabajo no entra en las medidas de valoración económica de tener un sueldo justo o injusto (¿acaso alguien lo tiene en realidad?) , con lo cual no trabajo por conseguir un plus al final de mes, sino que mi trabajo consiste en mantener el equilibrio en casa aportando mi tiempo, mi dedicación, mi alegría, mi esfuerzo diario , mi paciencia … y todo lo que conlleva hacer posible que tu casa sea constantemente un Hogar “muy dulce” a la vez que muy feliz.

    Somos una familia feliz. Sin coche de cuatro puertas, sin tele de plasma, sin segunda vivienda de vacaciones, sin muebles de estilo, etc. Sin embargo, nuestros amigos quieren montar en nuestro cochecito para dar un paseo con nosotros; quieren venir a casa para compartir nuestros momentos , sin necesidad de poner la tele; nos llaman para ir juntos a la playa; y pueden cenar con nosotros sin miedo a que se derrame un refresco en la mesa. Hemos apostado por tener un solo sueldo y esto es lo que ganamos.

    Creo que el ama de casa es el motor para que la familia viva con sosiego , con equilibrio, y para que los hijos crezcan cubiertos de la mayor necesidad que ellos demandan : atención llena de cariño sin límite a que debas irte de casa a una hora en concreto.
    Respeto y valoro muchísimo a las mujeres que además de en casa, trabajan fuera. Deben compensar el tiempo de estar fuera con mucho más esfuerzo. Al igual que los hombres. Pero , me gustaría que las personas no tuvieran prejuicios a la hora de entender por qué una mujer o un hombre decide quedarse en casa para cuidar a su familia. En mi caso, cuidar a mi marido y a mi hijo es también cuidarme a mí.
    Estoy impaciente de conseguir el libro de Mey Zamora que lo acabo de descubrir en un programa que veía en televisión mientras limpiaba el salón.

    Un saludo,

    Elena.

    [Responder]

  2. CRISTINA dice:

    QUE FELICIDAD ME DIO CUANDO VI EL ARTICULO EN LA RAZÓN. HACE OCHO AÑOS QUE DEJÉ LA TELEVISIÓN, POR QUE AL IGUAL QUE LA AUTORA YO TB SOY PERIODISTA. ESTABA HARTA DE JEFES DESEQUILIBRADOS, DE HORARIOS SIN HORARIOS Y DE SENTIRME FRUSTRADA EN UNA PROFESIÓN QUE EN PRINCIPIO ME APASIONABA. GRACIAS A DIOS ME HE DADO CUENTA DE QUE LO QUE REALMENTE ME APASIONA ES HACER CON MI TIEMPO Y MI VIDA LO QUE ME DE LA GANA Y SOBRE TODO CUIDAR Y NO PERDERME NI UN MINUTO DE LA VIDA DE MI HIJO. LO PEOR DE TODO ESTO ES LUCHAR CONTRA LA MAYORIA DE LA GENTE QUE NO PIENSA COMO TU Y QUE EN GRAN PARTE ES LA GENERACIÓN DE NUESTRAS MADRES. UN BESO FUERTE.

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