Orlando Figes: Los que susurran
“Los que susurran”
Autor: Orlando Figes
Traductor: Mirta Rosenberg
Editorial: Edhasa 958 páginas. 39,50 euros.
TRES TINTEROS
Argumento
La investigación se basa en centenares de entrevistas y archivos familiares (cartas, diarios, documentos memorias y fotografías) que los supervivientes del Terror estalinista mantuvieron ocultos en viviendas particulares de toda Rusia. Buena parte del material –una selección puede consultarse en www.orlandofiges.com– fue recopilado por la asociación Memorial, fundada en 1992 con el objetivo de velar por los derechos civiles y brindar asistencia legal y financiera a las víctimas de la represión soviética.
El proyecto se perfilaba gigantesco de antemano: escarbar en cientos de recuerdos individuales con el propósito de reconstruir la vida privada del pueblo soviético durante la dictadura estalinista. Si la historiografía se había encargado hasta la fecha de compilar estadísticas –la colectivización agraria, las purgas, los arrestos masivos, el atroz sistema penitenciario del Gulag–, Figes recupera la esfera moral de la familia y, con la ayuda de un ejército de investigadores, se adentra en las arenas movedizas de la historia oral. La veta de que se nutre el ensayo es inmensa: al menos veinticinco millones de personas sufrieron represión –fusilamientos, deportaciones, internamientos en campos de concentración, trabajos forzados– entre 1928 y 1953.
El fruto de tamaño esfuerzo es encomiable porque transita por un territorio hasta ahora inexplorado y da voz a una generación de supervivientes –la de los nacidos entre 1917 y 1925– antes de que desaparezca para siempre. También, por la valentía de invitar a la introspección a un país que tuvo que aprender a expresarse con susurros y donde millones de personas fueron arrestadas por hablar con informantes sin advertirlo. “En casa nunca hablábamos de política ni nada semejante –recuerda uno de los entrevistados–. Mi padre siempre decía: ‘Las paredes oyen’. Una vez incluso nos mostró cómo podíamos escuchar la conversación de nuestros vecinos apoyando un vaso contra la pared. Entonces entendimos”. El mérito, sin embargo, corre el riesgo de convertirse en rémora. Si bien el acervo de historias individuales ayuda a calibrar las dimensiones de una tragedia colosal, es tal el cúmulo de experiencias solapadas que éstas acaban por desdibujarse y el hilván narrativo se debilita y pierde foco.
El hecho de que en marzo la publicación de Los que susurran fuera suspendida en Rusia viene a subrayar que los rasgos que caracterizan la historia de los pueblos –en este caso, la propensión hacia el autoritarismo– persisten a lo largo del tiempo a pesar de los esfuerzos por maquillarlos.
Por Olga Merino









