Mario Catelli: El heredero

Redaccion

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el-heredero“El heredero”
Autor: Mario Catelli
Editorial: Bruguera
 166 páginas. 17,50 euros.
TRES TINTEROS

Argumento
Tras romper con Carlita en Cadaqués, Marcos regresa a la Barcelona de 1989 y trata de ganarse la vida sin esforzarse. Toca el saxo en la calle, hace chapuzas, roba algunos billetes… y se lía con una jovencita que le hace añorar a su odiada Carla. Un viaje a Argentina para asistir al entierro de su madre hará que se reencuentre con un pasado que ayudaría a explicar por qué ha heredado tanto dolor, tanto cinismo y tan poca voluntad.

El secreto de El heredero es su voz, la tragicómica voz de su narrador. Gracias a ella, a esa voz cínica y desharrapada, tan personal y a la vez tan representativa de miles de argentinos obligados a buscarse la vida en el exterior, el desconocido Catelli se ha alzado con el Premio Bruguera. Se trata, como anunciaba la elección para el jurado único de Caballero Bonald, de un galardón al estilo, pero también de una distinción a la divertida aunque lacerante precisión con la que Catelli retrata el choque entre un emigrante desnortado y una ciudad instalada en la soberbia. Marcos, el protagonista, es un pícaro a su pesar, un perdedor que engaña a las mujeres y acepta las felaciones de un anciano para ganarse el permiso de residencia. Pero Marcos es también, o lo fue, Martín Requena, el acosado por la Dictadura Militar que ha “heredado” recuerdos de infancia, culpa y tortura diseminados por la novela a modo de esbozos líricos. Ambos son el mismo sin ser ninguno, sobre todo cuando la muerte de la madre obliga al personaje a regresar a Argentina y el cortocircuito viene a extinguir su frágil ambición. Cruel y al tiempo hilarante, la peripecia de Marcos-Martín en busca de una pareja o un empleo propicia además un vitriólico retrato de Barcelona, de los más sangrantes de los últimos años; un retrato expresivo en lo físico, de las Ramblas al Borne, y certero en lo esencial, en la denuncia de esa ridícula altivez con la que españoles y europeos, tratamos a quien huye de miserias hasta hace poco propias. De esa herencia, guste o no, el lector es igual de destinatario que el personaje de Catelli.
Por Ricard Ruiz Garzón

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