Casa Stilton: Nos colamos en su madriguera milanesa
Redaccion
El ratón más popular del momento es también uno de los secretos mejor guardados del mundillo editorial italiano. Pese al misterio que rodea este fenómeno de masas, conseguimos visitar la sede milanesa donde se cuecen sus aventuras roedoras y tantos sueños infantiles. Texto y fotos Claudia Cucchiarato
Parecía una “misión imposible”. De hecho, pocos días antes la cita decisiva estuvo a punto de saltar. Pero lo conseguimos, nos colamos en la guarida del ratón, evitando que nos las dieran con queso. Nunca mejor dicho. Hizo falta determinación, actitud colaborativa, algo de suerte y una buena dosis de fantasía. Cualidades necesarias para viajar a Ratonia, la isla donde vive, trabaja y triunfa uno de los autores más prolíficos y leídos del mundo: Geronimo Stilton. Es, después de Mickey Mouse, el ratón más popular del planeta y, sin duda, el que más escribe. Incansable director de la revista El Eco del Roedor, Geronimo se aventura a menudo en empresas dispares y apasionantes para contárselas, en preciosas ediciones interactivas, a millones de niños en los cinco continentes. Lleva ya más de 150 títulos en activo, de los cuales ha vendido la friolera de 32 millones de copias sólo en Italia (1,2 millones en España en 2008), y todo apunta a que dará mucho más de sí en el futuro.
Geronimo es un ratón que sabe escribir, y muy bien. Existe de verdad, o por lo menos de eso están convencidos quienes leen sus libros y quienes trabajan con, para y gracias a él. Es, según la versión oficial, el autor, editor y promotor de todas sus obras. Ubicuo e indefectible, trabaja sin parar, viaja a todos los rincones de la Tierra para firmar contratos millonarios, presentar sus obras, tocar con su banda y vender una imagen que desde el año 2000 ha sido planeada hasta el menor detalle. El “Dossier Stilton” nació a finales de los años 1990. En él se encuentran las directrices que han hecho posible la transformación de una simple idea para una serie de libros infantiles en un fenómeno editorial, cinematográfico y de entretenimiento a nivel planetario. El subtitulo del dossier recita: “De los libros a los parques temáticos, de El Eco del Roedor al Stilton Mediagroup”. Y así lo hemos podido leer de la mano de su autor, el editor milanés Pietro Marietti que, junto con la creadora del personaje, Elisabetta Dami, es el deus ex machina de todo el montaje. Pero empecemos por el principio.
Una pared de goma
Son contados los periodistas que conseguimos acceder a la factory milanesa de Stilton. Siendo la versión oficial –la que dice que Geronimo escribe, edita, etcétera, desde su despacho en la isla de Ratonia– no sólo una indicación para conseguir el éxito, según el dossier de 2000, sino una condición sine qua non para entrar en este mundo poblado de roedores periodistas, los primeros contactos con la verdadera y “humana” editorial de los libros de Geronimo cobraron un cariz surrealista. Se sabía que dicha editorial se llama Piemme, que se halla en Milán y que lleva casi una década ingresando millones de euros gracias a este peculiar escritor. Al pedir formalmente una cita con los autores de la serie, sin embargo, me topé con una especie de pared de goma. “Estimada señorita Claudia, como usted bien sabe, el autor y editor es el mismo Geronimo”, así de contundente fue la respuesta a mi primer e inocente correo electrónico. Siguieron varios mails en el mismo estilo (“El autor vive en Ratonia, no entendemos cómo usted podría encontrarlo en Milán”, es otro ejemplo), todos enviados por la cordial e invencible jefa del departamento de prensa de Piemme. También la editorial española, Planeta, se mostró escéptica: “Dudamos que podáis conseguir una entrevista con los autores”, contestaban a las llamadas de esta revista, sin esconder cierta curiosidad sobre el desenlace de la aventura.
Cuando el asunto empezaba a tomar tintes esperpénticos, se abrió una puerta, alguien entendió que los de Qué Leer no éramos gatos malvados que se querían comer al autor. Sencillamente, queríamos informarnos sobre uno de los fenómenos editoriales más interesantes del momento. Estaba claro que esta información no podía proporcionarla un ratón, por muy inteligente que fuera. La puerta, pues, se abrió un día de abril. Tras enviar una sentida carta de disculpas por la insistencia, acompañada de la enésima solicitud de una cita, recibí una llamada. Era la jefa de prensa, que por fin me anunciaba la voluntad de recibirnos, expresada por el mismísimo Pietro Marietti (de sus iniciales toma el nombre la editorial que fundó en 1982, la segunda marca más importante en el mercado editorial italiano y líder europeo en la edición infantil).
¡¡¡Geronimo!!!
Lo que permitió la redacción de este artículo quedó al descubierto nada más cruzar la puerta del majestuoso edificio que desde hace pocos meses acoge los despachos de Atlantyca, la macro-empresa creada a finales de 2006 para la gestión internacional de los derechos de Geronimo. Un estudio luminoso y diáfano, con enormes ventanales que dan a una de las calles más céntricas y pijas de Milán, Via Leopardi. Aquí nos esperaba Marietti. En su mesa, al lado del “Dossier Stilton”, reposaba un inesperado “Dossier Cucchiarato”. “Me han gustado sus últimos artículos, vamos a hablar francamente”, arrancó, muy amable, este señor milanés tras invitarme a un café y alcanzarme tres tarjetas de visita: cada una con un dibujo de las tres series más exitosas de Stilton. “Elisabetta Dami encontró a Stilton en 1998” -cuenta Marietti-. “La editorial del padre de Elisabetta, Pietro Dami, no quiso explotar la idea y el año siguiente ella me encontró a mí, el otro Pietro”. Así nació la serie y así, trayendo en dote a un autor que desde el principio olía a triunfo, Dami entró con un cincuenta por ciento del capital en Piemme.
Geronimo se llama así porque ésta es la palabra que grita Elisabetta cuando se lanza con el paracaídas para vencer el vértigo, y se apellida Stilton porque éste es el nombre de uno de sus quesos favoritos. La intuición le llegó a esta distinguida señora de la burguesía milanesa mientras trabajaba en algunos hospitales de su ciudad, entreteniendo y ayudando a niños enfermos. Les empezó a contar historias improvisadas y seriales, que los terminaban enganchando, protagonizadas por un roedor anti-heroico, solidario y comprometido. El entusiasmo cundió entre los chavales de inmediato. Ellos la ayudaron a perfilar las andanzas, las formas y el carácter de Geronimo y compañía. A veces, las claves del éxito de una serie de libros infantiles surgen de un contexto tan natural como éste.
A todos nos gusta soñar
Como era de esperar, a la cita en Milán faltó Elisabetta: estaba en Estados Unidos, experimentando en su propia piel las próximas aventuras americanas de Stilton, según aclaró Marietti con algo de envidia. “Siempre viajamos juntos para escribir los libros, es fundamental ver con tus ojos los detalles del lugar que retratas, sobre todo si el público al que te diriges es tan joven”, explica. Y añade: “Nos lo solemos pasar muy bien y creo que se nota”. Juntos recorrieron el Kilimanjaro, el Sahara, al Gran Cañón y la India. Pero, desde hace un par de años, Marietti no secunda a su socia tanto como quisiera, ya que el fenómeno Stilton requiere un gran esfuerzo de gestión y coordinación. Una veintena de personas, procedentes de varios países, trabajan cada día en Atlantyca. La labor principal que los ocupa en estos meses es el lanzamiento de una serie de dibujos animados sobre el ratón periodista. “Es una coproducción italiano-franco-americana” -explica Marietti-, “y cada uno de los veintiséis episodios de la primera serie, que se estrenará en Italia en septiembre, se compone de más de 50.000 dibujos”. El cartoon se ha “rodado” en los estudios Disney de Filipinas, pero todo el proceso de creación, coordinación y corrección se gestiona desde Milán. “Stilton es muy riguroso”, insiste Marietti, “él nos da todas las pautas, las indicaciones. En los momentos más decisivos de la producción, viaja con su avión desde Ratonia para supervisar el trabajo de los más de cincuenta ilustradores y 250 artistas de todo el mundo involucrados en el proyecto”. No sorprende que el editor tenga que permanecer en Milán, preparado para acogerle, ayudarle y traducir todas sus voluntades, tanto editoriales como fílmicas.
En los sótanos de Piemme, la editorial que da trabajo a treinta personas y que se encuentra a un par de paradas de metro de la sede de Atlantyca, hay un apartamento pintado de amarillo-queso, con dormitorio, cocina y estudio, ideado para alojar al autor durante sus visitas. “Puede parecer extraño y sé que la revista para la que usted escribe tiene un público adulto que lo entenderá y no nos delatará”, remarca Marietti, “pero insisto en que Stilton para nosotros existe de verdad, porque así lo quieren y lo creen sus lectores. Porque él enseña lo que cada padre o madre quisiera que su hijo aprendiera. Es un sueño, en fin, y a todos nos gusta soñar”.
Stiltonización y optimismo
“Neo-futurismo editorial”, así es como define Marietti el proyecto que lo llevó a firmar, a finales de marzo, el contrato más cuantioso jamás sellado entre una empresa europea y una china. Diez millones de ejemplares de cada uno de los primeros sesenta episodios de la serie, que serán traducidos al mandarín en dos años. Las presuntamente mareantes cifras del acuerdo para la exportación y explotación del sello G.S. en el mercado chino no se desvelaron. Por otro lado, en los libros de Stilton los grafismos son casi más importantes que el contenido. Las onomatopeyas encuentran una traducción gráfica dinámica e interactiva. Todo, desde la forma, los juegos tipográficos y la maqueta, hasta la transmisión de unos valores éticos universales y positivos, está pensado para que tanto los que trabajan en ello como los que lo leen atraviesen un proceso de “Stiltonización”.
Lo que venden estos editores milaneses no son libros, es un proyecto entero, que puede convertirse, para algunos, en prácticamente una forma de vida. Y para todos los que se suben al tren, en una mina de oro. Según cuenta Marietti, la selección del personal de Piemme y de Atlantyca, como la de las cuarenta editoriales extranjeras que traducen sus libros, parte del principio de la aceptación de los valores optimistas de Stilton, así como de su manera de trabajar y de ver el mundo. De no ser así, resultaría muy difícil llevar adelante los puntos fundamentales del plan de desarrollo redactado en el año 2000, que han de adaptarse a los tiempos y a los avances tecnológicos (de ahí el Stilton Madiagroup, una especie de imperio de la comunicación digital y televisiva que pronto sustituirá el periódico en papel, por ejemplo). Un simple vistazo a los despachos de las dos empresas propiedad de Marietti y Dami revela que la mayoría de los empleados son mujeres: “Las chicas tienen más determinación y desde luego más facilidad a la hora de relacionarse y entender a los niños”, explica el editor.
En el laberinto de pasillos y habitaciones de Atlantyca nos cruzamos con Shoha (llamada por todos, por comodidad, Sara), la responsable del acuerdo entre la editorial y el Ministerio de Cultura de China. “Una máquina” -sentencia Marietti-. “Es increíble lo que ha conseguido, teniendo en cuenta que los chinos aborrecen los ratones”. Al otro lado del pasillo, otra Sara trabaja en la próxima entrega de la serie escrita por la hermana de Geronimo, Tea. Le pregunto en qué consiste su tarea: “Estoy plasmando en el papel las indicaciones que nos acaba de mandar Tea sobre las onomatopeyas y la fuente que ha de tener cada palabra”.
La imaginación envuelve el mundo
El siguiente capítulo de este trayecto entre la fantasía y realidad nos sitúa a Marietti y a mí en un vagón del metro de la línea roja, trasladándonos de Atlantyca a Piemme. Mientras hablamos ya de temas menos profesionales (me cuenta que en su mansión a las puertas de Milán tiene muchos gatos, le encantan: quién lo hubiera dicho de alguien que debe su fortuna a un ratón…), vemos a más de un pasajero leyendo a Stilton. En Via Talesio 25 surge un palacete rosa. En la verja que separa la bulliciosa calle milanesa del jardín de la finca Piemme cuelga un cartel: “Eco del Roedor, director Geronimo Stilton”. Es aquí donde cristalizan todas las ideas que nacen en las cabezas de Dami y Marietti. Nos acoge la jefa de producción, quien pone firmes a todas las empleadas para que el visitante sea testigo de la minuciosidad con que se elabora cada página firmada por el ratón. “Nos visitan a menudo niños de escuelas de todo el mundo” -dice Marta-. “Geronimo les enseña su despacho en la planta baja y siempre firma algunos ejemplares”. Una empleada se dedica a contestar las cartas enviadas por los lectores: “Es importante la coherencia estilística, siempre soy yo la que firma las misivas”, explica en una pausa del trabajo. En las paredes amarillas del estudio del autor cuelgan fotos de famosos y autores internacionales estrechando la mano peluda de uno de sus miles de dobles.
Tras una tarde entera sumergida en el fantástico mundo Stilton, salgo de él con la sensación definitiva de que, como decía Einstein, la imaginación es más importante que el conocimiento al envolver al mundo. Y estos encantadores editores milaneses han sabido verlo y aprovecharlo, mereciendo todo el éxito que Geronimo les ha brindado.


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Sumario n.157
Qué Leer Extra: Guía infantil y juvenil. Vacaciones con libros
geronimo ¿como se va a llamr el libro numero 40? responde