Åsa Larsson: Aurora boreal
“Aurora boreal”
Autora: Åsa Larsson
Traductores: P. Sánchez Giménez y M. Giménez
Editorial: Seix Barral
382 páginas. 18,50 euros.
TRES TINTEROS
Argumento
El cuerpo de Victor Strandgard, el predicador más famoso de Suecia, aparece mutilado en una remota iglesia en Kiruna, una ciudad del norte sumergida en la eterna noche polar. La hermana de la víctima ha encontrado el cadáver y la sospecha se cierne sobre ella. Desesperada, pide ayuda a su amiga de infancia, la abogada Rebecka Martinsson, que regresa a su ciudad natal dispuesta a averiguar quién es el verdadero culpable.
Hay escritores de novela negra arquitectónicos y otros que resultan escultóricos. Åsa Larsson pertenece al segundo tipo. Esto significa que: cogen la materia prima del género, arrancan a modelar y, aunque sobren o resten amasijos de arcilla, saben cincelar con el fin último de cerrar el círculo de las causas y azares de modo convincente. “La novela que dejó una noche en vela al padre de la trilogía Millennium”, tal y como reza la faja del libro, tiene unas coordenadas narrativas de altos vuelos: un predicador aparece mutilado en una iglesia. Cuando la hermana de la víctima se convierte en la principal sospechosa, pide ayuda a una amiga de la infancia, que regresará a su ciudad natal para descubrir al asesino. En medio de tanta experimentación, hibridación y contrabando de géneros, al vicioso lector de lo policiaco le sosiega encontrarse con una novela comme il faut, que cumple con devoción los mandamientos: trama convincente, arquetipos definidos y un tejido narrativo a la altura de la responsabilidad que se asume en las primeras páginas. La novela negra es el artefacto perfecto para acceder a las cloacas de una sociedad. Gracias a la legión de novelistas nórdicos que han llegado del frío, capitaneados por Mankell, sabemos un poco más de aquellas sociedades nórdicas, no tan cultas ni tan ordenadas. Por dual y maniquea, la novela negra es un Lexatin literario donde los buenos lo son sin fisuras, y los malos reciben su castigo porque no hay delito impune. Acaso es el único reservorio en el que cada elemento tiene su lugar exacto.
Por Ángeles López









