Javier Cercas: 23-F: “El misterio para mí es por qué tres tipos no se lanzaron al suelo”
Ni siquiera extremando su alejamiento de los patrones narrativos que placen al grueso de los lectores, a pesar de haber montado un puzle endiablado, Javier Cercas ha evitado que “Anatomía de un instante” (Mondadori) lo haya vuelto a convertir en un “best seller” contra natura. ¿Cómo se las ingenia este autor para conseguir que el 23-F resulte fresco y fascinante hasta para los que nunca oyeron hablar de Suárez y Tejero? Texto Antonio lozano
Si en el prólogo de Anatomía de un instante Javier Cercas cita tres razones por las que decidió escribir un artículo para el diario italiano La Repubblica que acabó siendo el germen del libro, también hay tres razones de peso para no entrevistar a Javier Cercas con motivo de su publicación: una grande, que sería que del 23-F se ha escrito en abundancia; una enorme, que cualquier posible respuesta ya está contenida de forma mucho más prolija y argumentada en sus páginas (“¿Qué te voy a contar si todo está ahí? Pasemos de entrevistas, charlemos de cualquier otra cosa mientras nos tomamos algo” propone Cercas nada más sentarse), y una gigantesca, que es que a la caja negra de la obra no se puede acceder (el off the record y el botón de pausa de la grabadora conspiran para generar una entrevista oculta y fantasma que encaja a la perfección con el asunto genérico de fondo: cómo se tramó un golpe de Estado). Pero a lo que sí se puede acceder es a ver de qué manera opera la mente que ha sido capaz de inventarse un artefacto narrativo tan complejo, arriesgado e inaudito. Prolongación de los intereses que han recorrido la obra anterior del escritor y también vertiginoso salto cualitativo, Anatomía de un instante parte de un hecho verídico, pero demuestra hasta qué extremos la realidad se mira en el espejo de la ficción, llegando a superar su capacidad de fabulación. Tirando del nudoso hilo de cómo encaró a la bestia parda del 23-F, jugándose la piel por cada palabra, Cercas va desgranando su concepción del oficio del escritor y la accidentada orografía narrativa por la que busca abrirse paso en cada nuevo libro. Unos garbanzos con chipirones, un rabo de toro y un helado de chocolate, regados con varias cervezas y abundante nicotina, facilitan la concentración.
Éticas particulares: “¿Es posible llegar a ser un gran escritor siendo una persona decente? Es un asunto tan cabrón que necesitaría cuatrocientas páginas para responder a esa pregunta. Si uno vive totalmente volcado en lo que hace, sea un escritor o un político, ¿a su alrededor qué deja? Si su obra es tan fundamental, ¿qué ocurre con la gente que tiene alrededor? Me parece un problema gordísimo. Intentar hacer compatible el dar lo máximo de uno mismo como escritor y al mismo tiempo comportarse como una persona decente con tu mujer, hijos, amigos, no es nada fácil. Intuyo que es una obligación fallida. Lo habitual es que un escritor se convierta en un monstruo de vanidad, egotismo y narcisismo, que lo absorbe y devora todo. A su alrededor un político sólo deja tierra quemada. Como dice Max Weber, debe “pactar con el Diablo”; esto es, con el recurso a la violencia, y lo acaba pagando. En algún sentido, el escritor también pacta con el Diablo, sólo que en esa obra que escribe también hay una moral muy estricta, que no es necesariamente la moral de la realidad y que puede tener sólo sentido en el interior del libro, pero que, al mismo tiempo, ilumina la moral de fuera. Vaya lío tremendo, qué cuestión más jodida.”
Las ventajas de un funeral: “Quizás lo mejor sería que un escritor de verdad no tuviera familia. Es una máquina de picar carne, no le importa lo que hay alrededor, es un monstruo, todo lo usa para sus propios fines y lo que no le sirve debe ser eliminado. De aquí que deba entablar una batalla a muerte para compatibilizar esto con la decencia. El caso prototípico es Flaubert quien, al escribirle una carta de condolencias a un amigo y colega al que se le acaba de morir la madre, le señala que el consuelo que tiene es que podrá utilizar el funeral como material para la obra de teatro que está escribiendo. Ahí está el monstruo, pero eso en el fondo es muy sensato desde el punto de vista de la ética del escritor, poder dotar de sentido el fallecimiento de un familiar”.
El riesgo: “Quizás sea el libro más difícil, más ambicioso y más arriesgado que vaya a escribir nunca, pero como estoy un poco loco, como soy un temerario más que un valiente, al que le gusta meterse en unos líos tremendos… Pero es que me aburriría hacerlo de otra manera. Todos los escritores van de arriesgados cuando por lo general están vendiendo la moto o están escribiendo siempre el mismo libro. El riesgo es una falsa medalla que se cuelga mucha gente, cuando lo cierto es que el concepto ‘un escritor que se arriesga’ para mí es un pleonasmo.”
El fin último: “Lo que quiero de verdad es colocar la lengua en estado de ebullición. A Flaubert se la soplaba Madame Bovary, lo que buscaba era llevar al límite de su expresividad el francés. A mi el 23-F también me tiene sin cuidado al escribir sobre él, mi intención real es llevar el lenguaje a su máxima tensión narrativa. En este proceso te has de enfrentar a problemas morales, psicológicos, políticos… pero lo fundamental es lo otro. Por otro lado, a los periodistas les interesa: ¿qué grandes novedades aportas? Pues mira, las novedades allá vosotros, eso es vender la moto. Yo ando detrás de contar una historia, pero, como ocurre con las novelas, lo más importante no es lo que cuentas, sino lo que no cuentas. Igual que, por mucho que sepas del pasado, siempre es mucho más lo que desconoces. Sobre el 23-F no hay un gran enigma, no hay grandes agujeros históricos, no se van a hacer grandes descubrimientos. El misterio para mí es porque tres tipos no se lanzaron al suelo.”
Doble respuesta: “Al escribir una novela tú dibujas una figura, luego la recortas y construyes el puzle con eso, pero en este último libro no funcionaba así, pues disponía de una figura cuyas piezas no encajaban. La realidad es caótica y desordenada y tú has de hacer con eso algo, no se sabe qué. Una novela sólo ha de responder ante sí misma, pero esta obra también tenía que responder ante la realidad Para un novelista esto es como escribir con una mano atada a la espalda. Anatomía de un instante ha requerido de una operación muy rara, casi imposible. Suponía un ejercicio más complicado que escribir una novela pero que tenía que funcionar como una novela, porque los instrumentos son los suyos desde el punto de vista técnico, porque los protagonistas funcionan como personajes, porque tenía que buscar una coherencia interna, aunque no fuera perfecta, aunque haya puntos de fuga, etcétera. Por eso digo que es un libro de lo más extraño, no es una novela pero a la vez es una reflexión sobre qué puede contar y qué no una novela, qué podemos hacer con ella en el siglo XXI.”
Un par de huevos: “La novela estaba acabada, tenía un borrador muy pulido. Era una novela muy rara, documental, pero no funcionaba porque había un error de base, todo encajaba demasiado bien. Tú puedes entrar al golpe por un callejón lateral pero, si le entras de lleno, no todo cuadra, y si todo cuadra, es que no es verdad. Además, me di cuenta de que me interesaba mucho más contar la realidad que nada que pudiese inventar. No publicar un libro que no te convence es un ejercicio de honestidad, es lo mínimo que se le puede pedir a un escritor. Tengo dos novelas que no he publicado. Yo soy una persona razonablemente cobarde pero es que si no le echas un par de huevos a escribir, dedícate a otra cosa.”
Fuera bulos: “Al no existir documentos sobre el golpe, los historiadores no han podido entrar, de aquí que haya circulado un número inmenso de disparates. En gran medida, lo que he hecho con en el libro es desmontar bulos y novelerías, es decir, ir contra la ficción que se ha construido en torno al 23-F. Hay que partir de que el hecho en sí resulta tan peliculero y, para colmo, retransmitido por televisión, lo que le da un suplemento de irrealidad fuertísimo. De esos 35 minutos de grabación sólo se han visto dos. Yo los he repasado centenares de veces y te aseguro que no das crédito, son increíbles, al verlos por primera vez me dije ‘eureka, debes entrar por ahí, es el único asidero real’.”
Verdades escurridizas: “Mi propósito nuca ha sido contar todo lo que sé o todo lo que hay sobre este asunto, lo que resulta imposible literalmente, sino construir una narración que acabe significando algo. Creo que todos los libros que he escrito intentan alcanzar una verdad que finalmente se les escurre. Anatomía de un instante abarca todos los temas que me interesan: qué es la lealtad, la traición, el coraje, la cobardía, la ficción frente a la realidad.”
Instantes definitorios: “El libro está concentrado en ese gesto de tres personajes que deciden desafiar la orden de los golpistas de tirarse al suelo, lo cual nos remite a la cita de Borges de que llega un momento en el que por fin sabemos quiénes somos. En esos momentos uno puede reaccionar de las formas más inimaginables, el que se cree valiente se descubre cobarde y al revés. Virginia Woolf los llama ‘moments of being’, ‘momentos del ser’, momentos en que el ser cristaliza. Por eso quizás a muchos hombres la violencia les fascine, porque les dice ‘esto va en serio, ahora vamos a ver quién eres’. Casi todos mis libros versan sobre instantes que definen a alguien.”
Las simetrías de la realidad: “Dibujando simetrías es como si la realidad aspirase a cobrar sentido por completo. La novela convierte esas simetrías en el instrumento principal de expresión, dotando de sentido a la realidad a base de construirle una forma, porque la realidad en principio es caótica, azarosa, absurda. En Anatomía de un instante dejo un margen generoso al absurdo y al azar, hay elementos que no cuadran y otros que sí, y los que encajan le entregan un sentido extraordinario.”
Prestar atención: “Lo que considero que he hecho con Anatomía de un instante es mirar con atención, escuchar con atención y leer con atención. Como apuntaba de nuevo Flaubert, ‘basta mirar con atención cualquier cosa para que se vuelva interesante’. Quería contar la historia de este país en los últimos treinta años como si nadie la conociera y como si fuera el primero que lo contase, quitándome prejuicios y conocimientos de encima, salir con algo limpio. La función del escritor es mirar la realidad de un modo distinto, nuevo, pero a partir de lo que todo el mundo ve. Esto suena muy romántico y me jode pero estoy diciendo algo muy obvio, el formalista ruso Slovski lo llamaba ‘la desautomatización de la realidad’. La costumbre es como si borrara el perfil de las cosas y el arte (otra palabra que me repele, por cierto) saca la pasta que no deja ver.”
El éxito: “No le he sacado ningún sentido a la locura que supuso el éxito de Soldados de Salamina porque sinceramente nunca me lo he preguntado ni por un instante. Siempre he pesando que el éxito es una cosa azarosa. Hay escritores buenísimos que tienen éxito, escritores buenos que tienen éxito, escritores mediocres que tienen éxito, escritores malos que tienen éxito y escritores malísimos que tienen éxito. El éxito no tiene nada que ver con la literatura, el éxito es escribir una línea de puta madre, es completar el libro que quieres escribir, todo lo demás es verborrea.”
A las barricadas: “Espero todos lo palos y más. Es un libro apto para toda clase de interpretaciones equivocadas. Va a generar controversia porque va a ser pésimamente leído. Antes de que hubiera salido, la gente ya estaba opinando a favor y en contra: esperad un poquito, ¿no? Hay muchos asuntos en juego y sólo se entiende si lo lees como una novela, el sentido se adquiere en su globalidad.”
Un oxímoron: “Eso de recuperar la memoria histórica es un debate envenenado que personalmente me parece un absurdo, un oxímoron total. La memoria es personal y la historia es colectiva. La memoria es subjetiva y la historia aspira a ser objetiva.”
Repugnancia: “El permanente autobombo del escritor puro y radical me asquea soberanamente porque es el más repugnantemente mercachifle de sí mismo, y en esto hay auténticos profesionales.”










La velocidad de la luz me gustó mucho también. Lo recomiendo. Mezcla con tanta maestría lo real con lo ficticio que ya no sabes qué es verdad y qué no lo es.
Excelente libro, Javier. Te engancha de tal manera que no puedes dejarlo.
El misterio amigo Cercas es cómo siendo un escritor tan menor, tan pequeño, tan previsible te lanzan como si fueras el mismo Borges.
Esos tipos no se tiraron al suelo porque ya sabían de que iba, lo hicieron para reforzar la figura del Rey. Luego salió ese señor vestido de madelman diciendo que todo estaba controlado. Venga hombre, que ya tenemos una edad. Que ya sabemos que la monarquía parlamentaria no sirve absolutamente para nada, bueno sí… para que el monarca y su familia se pegue la gran vida, y para que escritores se dediquen a explotar el filón de unos hechos que fueron un montaje total. Suárez era un falangista de pro, como el amigo Sánchez Mazas. No, si al final los vamos a hacer santos a todos. Qué pesadez con la guerra civil y con la transición. Aquí lo único heroico que hay es la sociedad española, que mira que tiene paciencia para aguantar a tanto fantasma suelto y seguir defendiendo la alegría, como decía el gran Mario Benedetti en uno de sus poemas.
Gracias Cercas por tu nuevo libro. Como siempre, me has reconcilidado con la literatura, que para mí es, ni más ni menos, hablar de cosas interesantes de la forma más clara posible. Pero en tus libros la literatura ha dado un paso más, y es fundir ficción y realidad hasta hacerlas indiscernibles (es decir, la vida misma). Siempre me pareció mejor “La velocidad de la luz” que “Soldados”, me pareció un libro más redondo. El estudio de Rodney era (es) francamente magistral. En “Anatomía” creo que has acertado. Nadie esperaba un ensayo, todos tus seguidores esperábamos con ansia otra novela, y sin embargo te decidiste por un ensayo. Reconozco que me decepcioné al leer que el nuevo libro no sería ficción. Reconozco mi error. Te has superado. Siento una curiosidad enorme por saber de qué tratará el siguiente.