La Barcelona de Ruiz Zafón
Desde el celebérrimo y visitadísimo Parque Güell hasta la Iglesia de Santa María del Mar, pasando por la Estación de Francia y el Cementerio de Poblenou, se despliegan las rutas sugeridas por Sergi Doria en “La Guía de la Barcelona de Carlos Ruiz Zafón” (Planeta). El mismo periodista escoge en este artículo los diez lugares de la Ciudad Condal más significativos en la obra del autor de “La sombra del viento” y “El juego del ángel”. Texto Sergi Doria Ilustración Álex Omist
Todo empezó el verano de 2001, cuando nos encontramos en el Hotel Condes de Barcelona con un escritor desconocido. Vestía camisa con dragones estampados. Carlos Ruiz Zafón acababa de llegar a la mal llamada “literatura de adultos”, pero conocía ya el contacto con miles de lectores. Sus cuatro novelas juveniles -El príncipe de la niebla, El palacio de la medianoche, Las luces de septiembre y Marina- habían superado los 300.000 ejemplares. El escritor se preguntaba sobre el valor de ser “conocido o desconocido” en un contexto mediático, cuando lo que realmente vale la pena es que a uno le lean. Alentada por el “boca-oreja”, La sombra del viento progresó con la consistencia de un motor diésel y alcanzó la cumbre del longseller.
Los escritores del gremio miraban a otro lado: ¡el bestseller es pecado, un demérito! “Habrá que prohibir a Cervantes, o a Dickens, entonces”, ironizaba Ruiz Zafón. Llegaron las críticas, excelentes en todo el mundo, como la que firmó Stephen King. Siete años después de aquel encuentro, Ruiz Zafón protagoniza el éxito más estruendoso de la novela española: La sombra del viento va por los doce millones de ejemplares en una treintena de lenguas y El juego del ángel, segundo mojón de su tetralogía barcelonesa para el siglo XXI, se acerca a los tres millones de ventas.
“Hubo un tiempo, de niño, en que quizá por haber crecido rodeado de libros y libreros, decidí que quería ser novelista y llevar una vida de melodrama”. Lo dice Daniel Sempere. Tal vez lo proclamó un Ruiz Zafón adolescente. Millones de lectores siguen caminando con el protagonista de La sombra del viento por una Barcelona otoñal “con un manto de hojarasca que revoloteaba en las calles como piel de serpiente”. Prendidos a sus novelas como el dragón en la solapa de su autor.
Ocho rutas, diez destinos
La Guía de la Barcelona de Carlos Ruiz Zafón, que he tenido el gusto de escribir, pretende ser, exactamente, lo que proclama su título: un paseo guiado por la mirada de un escritor a través de tres novelas: Marina, La sombra del viento y El juego del ángel. Tres momentos de una ciudad tamizados por una misma luz. Aunque Marina transcurra en los años 1980, La sombra del viento recorra los tiempos de ceniza de la posguerra y El juego del ángel atraviese la ciudad del pistolerismo y la Exposición del 29, sus protagonistas despliegan la sensibilidad de su creador y una forma de contar. Su mundo no es de este mundo, aunque a veces nos lo pueda parecer: historias fieramente humanas y abominables siluetas agazapadas en una esquina brumosa. Edificios de la memoria barcelonesa como el Hotel Colón, el Liceo, o el tranvía azul del Tibidabo se revelan de otra manera en las novelas de Ruiz Zafón. Durante un largo y caluroso trimestre conseguimos columbrar aquel “sol de vapor” derramándose por la Rambla “en una guirnalda de cobre líquido”. Volcamos sus novelas sobre el mapa de Barcelona y caminamos con sus personajes por ocho rutas: la Rambla, que nos lleva de Canaletas al Cementerio de los Libros Olvidados; el Raval y sus angostas escaleras sin cielo; el Barrio Gótico, pétrea madeja de espíritus; el mercado del Borne y la Ciudadela; la plaza de Cataluña, los aledaños de la Universidad, y la cuadrícula del Ensanche, con sus despachos de intrigas; las mansiones de Sarrià, Pedralbes y el Tibidabo, preñadas de tragedias familiares; los cementerios que almacenan memorias “necropolitanas” y los palacios modernistas que forjan dragones de Gaudí.
Los paseos se complementan con un capítulo que congrega el universo libresco de Ruiz Zafón, la música de sus episodios literarios y los lugares donde huyen unos personajes empapados de nostalgia y fatalidad. Paseamos con sus criaturas literarias por la cartografía urbana. Podemos ser el adolescente Óscar Drai, enamorado de Marina; Daniel Sempere, de la mano de su padre, descubriendo el Cementerio de los Libros Olvidados; Julián Carax escribiendo libros malditos y David Martín cerrando con el diabólico Corelli un contrato de edición; Gustavo Barceló ordena su lujosa librería y Nuria Monfort medita en la melancólica plaza de Sant Felip Neri; los aristocráticos Aldaya y Vidal asoman en sus mansiones de los barrios altos y el gracejo picaresco de Romero de Torres combate la perversidad del inspector Fumero. Ocho rutas abordables en cualquier orden. Y diez lugares de la Barcelona de los Misterios que nos aguardan.
1- Parque Güell
El editor Corelli vive en una casa junto al Parque Güell; allí se dirige en 1929 David Martín, protagonista de El juego del ángel: “Vislumbré en lo alto de la ladera la gran puerta del recinto. Tres años atrás, a la muerte de Gaudí, los herederos del conde Güell habían vendido al Ayuntamiento aquella urbanización desierta, que nunca había tenido más habitante que su arquitecto, por una peseta”. Una escalinata de piedra con barandilla de hierro forjado serpentea hasta la calle de San José de la Montaña, desde la que se asoma la aristocrática residencia de Corelli. Desde la casa, con tejado de cerámicas dispuestas como las escamas de un lagarto, se divisa el parque Güell con su cruz gaudiniana y su dragón multicolor, hoy punto de encuentro de los millones de turistas que visitan Barcelona.
2- Avenida Tibidabo, 32
Por la avenida del Tibidabo, a bordo del Tranvía Azul, Daniel Sempere llega hasta el número 32, la residencia de la familia Aldaya, donde reina el abandono. Llueve a cántaros y la avenida, que bordean torres y mansiones, parece desvanecerse “en un espejismo acuoso bajo cielos de plomo”. Empapado y jadeante, Daniel accede a la herrumbrosa verja del caserón e inspecciona el interior de la finca. La que fue casa de la familia Aldaya conoció mejores tiempos, como cuando Julián Carax la visitó invitado por Ricardo Aldaya y “creyó cruzar las puertas del paraíso”. En sus años como creativo publicitario, Carlos Ruiz Zafón vio en aquel edificio el centro neurálgico de sus imaginaciones novelescas… La avenida del Tibidabo número 32 es, desde entonces, la mítica dirección de La sombra del viento.
3- Estación de Francia
Inaugurada con motivo de la Exposición Internacional de 1929, en la estación de Francia arranca la acción de Marina. En uno de sus bancos, Óscar Drai conversa con un policía de paisano… La estación reaparece en La sombra del viento y El juego del ángel. Su esbelta arquitectura art déco cobijará el desasosiego de David Martín cuando tome el tren en busca de su amada Cristina Sagnier; o de un fugitivo Julián Carax, rumbo a París. “Siempre había pensado que las viejas estaciones de ferrocarril eran uno de los pocos lugares mágicos que quedaban en el mundo. En ellas se mezclaban los fantasmas de recuerdos y despedidas con el inicio de cientos de viajes a lugares lejanos, sin retorno”. Como dice Óscar Drai “si algún día me pierdo, que me busquen en una estación de tren…”
4- Plaza de Sant Felip Neri
En el flanco lateral de la catedral de Barcelona, la plaza de Sant Felip Neri acoge una iglesia con los muros maltratados por la metralla de la guerra civil y una melancólica fuente. En uno de los edificios del umbral de la plaza, con un portal de “piedra ennegrecida”, vive Núria Montfort, la mujer que conoce todos los secretos de Julián Carax. Nuria es una bella mujer, ajada por la tristeza, que pasa las tardes leyendo en los bancos de la plaza, porque en su piso apenas hay luz. Gracias a las confidencias de Nuria, Daniel conocerá los avatares del autor de La sombra del viento, una obra condenada por el destino; cuando Nuria muera, Daniel volverá a la plaza. Pero el banco donde la encontró por primera vez está vacío y “tatuado a cortaplumas con nombres de enamorados, insultos y promesas”.
5- Torre de San Sebastián
Otro de los prodigios técnicos de la Exposición de 1929 es la Torre de San Sebastián, que comunica el puerto y la montaña de Montjuïc. El teleférico, “se elevaba a cien metros de altura en un amasijo de cables y acero que inducía a vértigo a simple vista”. En una de esas cabinas suspendidas, David Martín se encontrarà con Andreas Corelli, el pérfido editor de El juego del ángel, y más tarde se las verá con el inspector Grandes. Un duelo con el mar a los pies: “Una vez la puerta quedó trabada, la cabina continuó el trayecto. Emergimos de la torre de la dársena e iniciamos el último tramo de la travesía. Grandes se acercó a la ventana y contempló la visión de la ciudad, un espejismo de luces y brumas, catedrales y palacios, callejones y grandes avenidas enramadas en un laberinto de sombra”.
6- Librería de la calle de Santa Ana
En La Sombra del Viento, Daniel Sempere vive con su padre en un piso sobre una librería especializada en ediciones de coleccionista en la calle Santa Ana. Desde la parte posterior de la vivienda de los Sempere se divisa la iglesia de Santa Ana, una construcción que se atribuye a la Orden del Temple. La librería, que se inspira por su estética en la Guantería Alonso del número 27, será el rincón predilecto de David Martín, el escritor de folletines de El juego del ángel: “Aquel lugar que olía a papel viejo y a polvo era mi santuario y refugio… El escaparate de la vieja librería proyectaba un soplo de luz sobre los adoquines húmedos y brillantes”. En esa atmósfera bibliófila, el padre de Daniel regala a David un ajado ejemplar de Grandes esperanzas de Charles Dickens que él leerá hasta nueve veces seguidas.
7- Villa Helius
El juego del ángel se abre en la lujosa mansión de Villa Hélius, que se levanta en la avenida Pearson del aristocrático barrio barcelonés de Pedralbes. Allí reside Pedro Vidal, periodista-estrella y vástago de una familia de indianos enriquecidos con la electricidad, propietaria de palco en el Liceo y con influyentes redes económicas y sociales por toda la ciudad. En Villa Helius, David Martín conocerá a Cristina Sagnier, la hija del chófer que conduce el rutilante Hispano-Suiza de Vidal. En la confluencia de las calles Abadesa Olzet y Panamà podemos revivir las impresiones de David Martín cuando visitaba al amigo que acabarà traicionándole. Vidal le contempla desde el torreón de esta construcción modernista del arquitecto Raspall, que proyecta “una burbuja de oro candente sobre el crepúsculo”.
8- Cementerio de Poblenou
En el cementario más antiguo de Barcelona y sus aledaños, David Martín conjugarà su trabajó de periodista y folletinista en el diario La Voz de la Industria con inquietantes citas con el demoniaco Corelli. La necrópolis de Pueblo Nuevo, el barrio obrero de la Barcelona decimonónica, convive con fábricas oscuras, los detritus del Bogatell y el barraquismo de la playa de Somorrostro. Entre las tumbas, David encuentra a Corelli un gélido amanecer: “Vestía de negro y la única cosa que hacía que no se le pudiese confundir con una de las centenares de estatuas tras las verjas del recinto eran sus ojos”. Para guarecerse de la lluvia negra buscan refugio en un mausoleo con una “cúpula sostenida por columnas de mármol y rodeada de ángeles de rostro afilado y dedos demasiado largos”.
9- Calle Arco del Teatro
Una madrugada del verano de 1945, Daniel descubrirá de la mano de su padre el Cementerio de los Libros Olvidados. La calle Arco del Teatro, junto al vetusto teatro Principal de la Rambla de Santa Mónica, constituirá el pórtico del misterio y la imaginación. Daniel sigue a su progenitor “a través de aquel camino angosto, más cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdió a nuestras espaldas”. El padre se detiene ante un ennegrecido y viejo portón de madera en una fachada barroca con picaporte de bronce forjado en forma de diablillo. Les abrirá Isaac, guardián del Cementerio de los Libros Olvidados. En ese templo laberíntico que huele “a cera quemada y humedad”, Daniel descubrirá un volumen encuadernado en piel de color vino: La sombra del viento, de Julián Carax.
10- Santa María del Mar
Santa María del Mar es la elegancia gótica de Barcelona. Milenario núcleo de los artesanos y el comercio, constituye el epicentro de El juego del ángel. En una de las calles adyacentes al templo, la de Flassaders, vive David Martín y, muy cerca, el Colmado Can Gispert le abastece de aromáticos productos ultramarinos solo asequibles para los bolsillos bien provistos y los paladares exigentes. A las puertas de la basílica contempla un barrio “repleto de carromatos y gentes que acudían al mercado, y de comerciantes y mayoristas que abrían sus tiendas”. La iglesia de Santa María domina el paseo del Borne, antiguo centro de abastos de la ciudad, donde Mijail Kolvenic, el villano empresario de Marina, urde sus macabros experimentos en los talleres de la fàbrica de prótesis Velo-Granell.










Con todos mis respetos para Ruiz Zafón y Mendoza, personalmente me quedo con el incomparable Don Manuel Vázquez Montalbán y su serie de novelas protagonizadas por Pepe Carvalho. Barcelona en estado puro, sin rebajar.
Y además Vázquez Montalbán era un escritor magistral, en el sentido literal del término. De los que saben crear personajes más allá del cliché y del tópico argumental. Personajes de alma compleja y en precario equilibrio, atormentados por los claroscuros de su océano interior. Y creo que esa facultad casi divina es la que genera la auténtica literatura, aunque suene un tanto grandielocuente.
Lamento decir que yo soy otro de los que piensa que el libro de Ruiz Zafón es un pestiño. Si no abandoné la lectura en la página 50 fue por lo bien que me habían hablado de este libro, así que aguanté hasta el final, por si acaso me estaba perdiendo algo. Ruiz Zafón tampoco es muy original: pretende hacer lo que ya lleva más de 30 años haciendo Eduardo Mendoza, pero la trama de “La sombra del viento” no tiene la fuerza que vi en “La verdad sobre el caso Savolta” o la trilogía del detective loco. Ni el lenguaje es tan depurado y preciso como el de Mendoza, ni el sentido del humor es tan refinado (de hecho, “La sombra del viento” no consigue arrancarme ni una sola sonrisa, y lo lamentable es que su autor pretende ser gracioso). En “La sombra del viento” he visto muchos topicazos de best-seller, con buenos muy buenos y malos muy malos, con una lectura bastante superficial sobre los duros años de la posguerra española, como de querer implicarse en el rollito de la memoria histórica pero sin mojarse del todo, no vaya a ser que eso le haga perder lectores. Pasa que “La sombra del viento” nos la han querido vender como lo mejor que se ha escrito en castellano después de Don Quijote y, claro, nada más falso hay.
Yo soy de Barcelona “de toda la vida” se podría decir. Pero a pesar de eso, al leer a Zafón he descubierto una nueva ciudad que me ha hecho soñar. Le estoy muy agradecida por la cantidad de detalles y el cariño con que describe a la ciudad.
VIENTO JODER VIENTO…NO BIENTO!…ME DUELEN LOS OJOS
Le compre a mi hija en ingles, La sombra del viento, y le encanto. Ella vive en Estados Unidos en donde tambien estudio y le es mas facil el idioma ingles.
Soy de origen catalan/asturiano y viajo mucho a Barcelona. Soy una poeta con varios libros publicados en ingles.
Gracias por sus libros, son maravillosos.
No le tengo que desear suerte pues ya la ha tenido.
Felicidades, Nilda Cepero (desde Miami Beach)
He disfrutado leyendo todos tus libros, de las ciudades que he visitado hasta ahora la que me ha dejado huella como el primer amor es Barcelona. Gracias a tus libros he podido viajar virtualmente, con mi memoria a todos esos maravillosos lugares mágicos de Barcelona. Hace unos días he estado en Barcelona visitando la ciudad y he llevado anotados en una agenda todos esos lugares que citas en tus libros, he disfrutado mucho, espero con anhelo tu próximo libro, particularmente me han gustado todos y no sabría decirte cual de ellos me ha gustado más, cada uno de ellos tiene su particular encanto. Gracias por tus libros, ha sido un placer el leerlos.
Un saludo, buena suerte y espero volver a encontrarme sumergida en alguna esquina del Barrio Gótico, las Ramblas con ese olor a puertos…
La primera vez que fui a Barcelona me enamoré de la ciudad. Tus libros me han hecho viajar nuevamente a Barcelona y escribir en una agenda todos aquellos lugares que describes en tus libros y así sentir todo lo leído como si yo estuviera allí, como espectadora de esas fabulosas historias.
Me he leído los tres libros y no puedo decirte cual es el que más me ha gustado, todos tienen su encanto. Espero disfrutar muy pronto de tu próxima novela, gracias a tus historias he aprendido algo más de mi amada ciudad de Barcelona, la pequeña Europa de España….
Un abrazo y buena suerte.
todos tus libros me han gustado mucho
pero MARINA para mi es uno de los mejores
despues de la SOMBRA DEL BIENTO desde
entonces espero siempre tu proximo
libro un abrazo.