Gómez Jurado, 75 escritores y los derechos de autor
Resulta paradójico que una industria tan poderosa como la del libro, que mueve en nuestro país más de 3.000 millones de euros anuales y que se considera clave en el desarrollo cultural, no tenga un sistema de control de los derechos de autor más claro. Cualquier escritor que recibe un parte de liquidaciones anual tiene más problemas para descifrarlo que el recibo del teléfono y siempre ha de fiarse de la buena fe del editor, puesto que no tiene forma humana de comprobar el número de libros que ha vendido. La informatización de prácticamente el 100% de las librerías harían relativamente sencillo establecer un control por parte de una empresa auditora externa, o por la misma Agencia Tributaria, de las ventas en firme de los libros. Esto es lo que reclama de manera contundente el escritor Juan Gómez-Jurado, que ha abierto una página web en la que ha empezado a aglutinar escritores que apoyan la idea de presionar en ese sentido: ahí están ya Javier Sierra, Calvo Poyato, Toti Martínez de Lezea o Alfredo Conde, y cada día son más los que se van sumando.
La medida parece del más elemental sentido común. En cine se aplica y todo es más sencillo: entrada vendida en taquilla, entrada que se computa en una base de datos. Favorecería a los escritores y a los editores. Seguro que la inmensa mayoría de los editores son precisos y escrupulosos en sus liquidaciones, por lo que con este sistema de auditoría externa se acabarían para siempre las eternas dudas, las leyendas urbanas sobre editores que han escamoteado ventas a sus autores y todo sería más sencillo y claro. A partir de ese momento, los eternos escritores plañideros y tendentes a ver conspiraciones de editores donde lo único que hay es su propio fracaso comercial, no tendrían mayor resquicio para sus trifulcas. Y también los escritores o editores faroleros, que se arrogan ventas de cientos de miles de ejemplares de un libro determinado cuando han vendido tres docenas, no utilizarían esos argumentos frente a colegas más rigurosos. El lector también saldría beneficiado. Y también los periodistas, que contaríamos con información precisa.
Gómez-Jurado comenta que “El mayor problema al que los escritores nos enfrentamos a corto plazo es la escasa transparencia en las liquidaciones en concepto de derechos de autor que las editoriales facilitan cada año, normalmente en el primer trimestre. Estas liquidaciones dependen por completo de los datos que el editor se suministra a sí mismo, lo cual en la práctica quiere decir que el editor te paga lo que le da la gana. En www.escritoresunidos.com estamos hartos de los pagos ‘ojimetricos’. Pedimos algo de justicia y derecho: que una fuente externa nos facilite datos fehacientes de las ventas de libros en España. De este modo podremos respirar más tranquilos y vivir con plenitud esa relación de confianza plena que me consta tenéis con vuestros editores presentes y pasados. Para ello vamos a pedir a CEDRO que compre los datos del Indice NIELSEN. NIELSEN es una auditoría externa, de garantías, y que en la actualidad recopila las ventas en grandes superficies, cadenas de librerías y centros comerciales. Sus datos no son exactos, pues muchos puntos de venta quedan fuera de su alcance, pero cubre con relativa seguridad el 75% del mercado.”
El escritor toca además otro asunto pendiente, el de CEDRO. Esta asociación, que parece que no está, recaudó el año pasado 17 millones de euros. Aunque tiene mejores trazas que su hermana mayor, la SGAE (una asociación de artistas de la recaudación a los que los problemas de fondo del gremio les traen al pairo), su gran obsesión es recaudar por las fotocopiadoras y las fotocopias. La cultura del canon es muy cómoda, sobre todo para los que están allí con un sueldazo, pero sería deseable que una asociación de creadores se dedicara a algo más que perseguir a la Canon o la Siemens y se dedicaran a promover propuestas como ésta de Gómez-Jurado. Personalmente, estoy en contra de la actitud de voracidad recaudatoria de la SGAE y también, aunque su actitud sea mejor, del cobro de CEDRO de un canon de manera indiscriminada a las fotocopias (algo que cualquiera ve que es substancialmente injusto, puesto que se castiga el delito antes de que se cometa o se tenga siquiera sospecha que se pueda cometer: y el delito es hacer unas fotocopias que muchas veces son la única opción de acceder a libros descatalogados que ni CEDRO ni nadie se ocupa en reeditar) y que después ese dinero se reparte de manera indiscriminada y sin crear estructuras útiles a los creadores, que de esa forma crean un cómodo clientelismo. Gómez-Jurado se ha puesto en pie de guerra y pide que la gente acuda a la asamblea de CEDRO y cambie las cosas. Habrá que seguir esos movimientos con atención.
Sumario n. 151
[...] Qué Leer [...]
¿Así que a mí me cobran de las fotocopias que hago en el trabajo para que tu te cambies la dentadura? ¿Y te parece bien? ¿Qué leches tienen que ver las fotocopias de los expedientes, dni, facturas, recibos con las ventas de libros?
¡Es alucinante!
No sé por qué se habla tanto de la SGAE que no tiene nada que ver con los escritores. Ellos sabrán lo que hacen. Personalmente puedo decir que yo soy socio de Cedro (y no de SAGAE) y no sólo me pagan los derechos por la fotocopia de mis libros sino que me pagan el dentista, cosa que no hace ni la seguridad social. Y todo sin exigirme nada porque no se paga ninguna cuota al contrario que otras asociaciones de autores. Un sistema injusto no lo sé, pero está claro que palian una injusticia existente: la precariedad de los escritores, que nos encontramos a mercé de los exiguos pagos que recibimos por nuestro trabajo. A nosotros nadie nos da dinero por escribir aunque no se publique la novela, no como al cine, que se dan ayudas a películas que ni siquiera se estrenan en las salas. ¿Por qué nadie me subvenciona para publicar mi libro?
Hola.
Lo que está ocurriendo a los españoles es que se han dejado montar sobre los hombros una organización de intermediarios que por un lado abusa de los ciudadanos a nombre de los derechos de autor, recauda y recauda hasta por los estornudos y sin embargo de eso le tira a los autores, cuando son muy conocidos, una pequeña fracción y se queda con todo.
Es cuando la entidad de gestión colectiva trabaja para sí misma, para su avaricia y para nadie más. Los autores y las autoras (así hablamos en Venezuela, con equidad de género) que son tan inteligentes deberían crear algún sistema de contraloría social para cuidar de sus propios intereses, sin olvidar que la gente que lee, oye discos, vé películas, compra arte, es la que finalmente les paga, y hay que tratarla bien. La avaricia rompe el saco y ustedes no se han dado cuenta que el de la SGAE ya está demasiado lleno y es hora de romperlo…. y respetar al público, que se lo merece.