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Entrevista a Eduardo Punset

Informado y aun así optimista

Eduardo Punset tiene buenas razones para el optimismo. Tras una trayectoria relevante en el mundo de la política (fue ministro en el gobierno de Adolfo Suárez) y la economía (presidente de Enher, Conseller de Economía de Josep Tarradellas en la Generalitat o miembro del FMI), en los años 1990 se reinventó como divulgador científico. Más de un millón de libros vendidos avalan también su éxito en esta faceta. Ahora publica “Viaje al optimismo” (Destino). texto ANTONIO G. ITURBE foto MARK PETERS

En TVE le pidieron que preparase un programa de Economía, pero él les propuso uno de ciencia. En aquel entonces lo más difícil fue que le aceptaran el título: Redes. Le costó convencer a los agudos ejecutivos del ente de los 1990 porque opinaban que eso de redes la gente sólo lo relacionaría con la pesca… Desde entonces, Punset ha pescado docenas de premios por su labor como periodista divulgador, un reconocimiento en la materia que lo ha llevado a ser doctor honoris causa por la Universitat de les Illes Balears o miembro del jurado de los premios Príncipe de Asturias en el apartado de ciencia, además de convertirse en el escritor de no ficción español con más éxito en los últimos diez años: más de un millón de ejemplares vendidos lo contemplan. Por eso, cuando uno se sienta frente a Eduardo Punset, tiene ante sí a un hombre de 75 años de apariencia frágil y voz tenue, pero satisfecho. En estos días ha aparecido en varios medios y a todos, suave pero tenazmente, les ha endosado la explicación del optimismo en base a la revolución de las cianobacterias hace setecientos millones de años. Una explicación compleja y científica que tiende a desactivar al interlocutor: ¿cómo va un pobre periodista a ponerle reparos a un erudito? Después, suele ir desgranando los temas de su libro, las famosas cianobacterias, la frase del “todo tiempo pasado fue peor”, la cuestión de la conciencia y la intuición o la crisis económica (temas fascinantes, pero que no se sabe qué tienen que ver con el optimismo). Yo me trazo un plan para hacer la entrevista por otros derroteros y que no me los coloque. Lo cierto es que, con su pelo canoso ensortijado de sabio despistado, sus maneras suaves de gentleman y su bondadosa sonrisa desvalida, me va a endosar todo su arsenal dialéctico sin dejarse ni una. Cuando uno va, él ya ha vuelto.

Con la bacteria hemos topado

La sabiduría popular siempre ha dicho que un pesimista es un optimista bien informado. ¿Cómo alguien tan bien informado como usted sigue del lado de los optimistas?

Hay que constatar una evidencia: cualquier tiempo pasado fue peor. Si empezamos un poco atrás nos damos cuenta de que, hace setecientos millones de años, con las cianobacterias, se produce un cambio drástico y trascendental en historia evolutiva: el paso de los organismos unicelulares totalmente indefensos a los multicelulares, las comunidades andantes de células que somos. Somos más potentes, intercambiamos información… allí está el comienzo de la civilización. Ahora vemos la disminución sistemática de los índices de violencia, el aumento de los de altruismo y un hecho sin precedentes: el aumento sistemático de la esperanza de vida en 2,5 años cada década. El siglo XX ha sido el de la redistribución de la riqueza, todo lo mal que se quiera, pero se ha fundado en una parte del mundo el estado del bienestar. El siglo XXI será el de la redistribución, el trabajo…

A ver si le sigo… hay que ser optimistas porque evolucionamos a mejor. ¡Pero desde hace décadas la evolución darwiniana no está operativa! La propia sociedad del bienestar hace con su protección a los débiles y menos adaptados que ya no sea la selección natural la que rija los cambios genéticos. Si el argumento evolutivo de las cianobacterias le hacía ser optimista, ahora que no hay evolución tendría que dejar de serlo…

Yo lo veo al revés. Por primera vez, gracias al conocimiento genómico, con la mayor inversión que jamás se haya hecho, somos capaces de controlar la vida de la especie. Antes entrañaba entregar el destino a la suerte, las especies podían ir a más o ir a menos. Lo bueno ahora es poder controlar. Yo sé que puedo insertar un gen en la retina que nos dé la visión de la luz infrarroja. Una vez más se subestima el impacto de la tecnología, eso ha ocurrido siempre.

Más amigos, menos fármacos

Usted habla de las ventajas de estar con la manada, de no ir por libre, y es un gran defensor de las redes sociales. Empiezan a alzarse voces, como Jaron Lanier, que en vez de manada hablan de “rebaño digital”. ¿No ve algún peligro en esa mediatización de las relaciones humanas?

Lo que veo es que hay un éxodo de la realidad. La gente encuentra la realidad insulsa y busca cómo ampliar su universo. Hemos podido constatar que los que aumentan ese universo a través del intercambio de información con las redes sociales se les detecta un aumento de materia gris en el cerebro. Está comprobado que los cirujanos acostumbrados a manejar distintos soportes digitales se equivocan un catorce por ciento menos que los demás.

Un escritor me contó que tenía 4.000 amigos en Facebook…

Yo tengo 750.000.

¿Se pueden tener en la vida 750.000 amigos? ¿No hay un concepto de la amistad devaluado?

Sabemos que quedarse solos es malo.

¿Pero estamos realmente acompañados por tener una enorme lista de contactos? ¿No se corre el riesgo de que a la hora de la verdad nos quedemos solos?

Yo creo que no hay duda de que es mejor estar acompañado de muchos amigos supuestos que estar solo. Más de un veinte por ciento de las personas se sienten solas y están mal. Una manera más barata de curar a la gente de esta soledad es darle amigos en vez de fármacos. Y más segura.

Su férrea defensa de la vida social frente al aislamiento lanza un órdago a grandes pensadores que buscaron la soledad para ser más creativos, de Wittgenstein a Thoreau o Tolstói, pasando por todo el budismo…

Lo que intento hacer ver es que la ciencia está demostrando lo contrario. Para reflexionar lo mejor no es aislarse, sino zambullirse en el universo del resto del mundo, en el intercambio de conocimientos es donde está la sabiduría. Eso que ahora llamamos con esa palabreja espantosa: la pluridisciplinariedad. Si profundizas cada vez más en lo que sabes acabas sabiendo todo de nada y la gran lección de los tiempos modernos es que esto es una equivocación: la especialización excesiva, el aislamiento.

Pero usted, en vez de quedarse a vivir en el bullicio del centro de Barcelona, se ha ido a vivir a un pueblo de la costa a cincuenta kilómetros de la ciudad…

Sí. Antes he vivido en Nueva York, Londres, París… ahora busco un lugar más expuesto a la naturaleza. Es un contraste entre el conocimiento heredado, el conocimiento adquirido y lo que estamos aprendiendo con las redes sociales. En mi juventud, cuantas más dioptrías y más enclenque, más potencial académico tenías. El fuertote estaba destinado a ser deportista o modelo. Ahora la ciencia ha demostrado que es al revés. Es lo que los griegos ya dijeron: mens sana in corpore sano. Ahora hemos comprobado que la salud física es un requisito indispensable, en promedio, para el desarrollo. Yo me alegro cada mañana cuando me asomo al balcón y veo el paseo delante del mar, donde cada vez hay más gente haciendo jogging, cuidando su dieta… La gente me para y me agradece que les haya confirmado que la intuición es una fuente de conocimiento tan válida como la que más.

Un tema que le apasiona…

Es que nos fiábamos sólo de la conciencia o pensamiento racional, pero en realidad ocupa un lugar irrisorio en el cerebro en comparación con el túnel inacabable del inconsciente. Es un pozo al que la conciencia arroja una cantidad ingente de datos sin revisar. Es el inconsciente el que toma las decisiones. Entonces, los buenos periodistas hacéis la gran pregunta: “¿Y para qué sirve la conciencia?”. Pues la conciencia sirve para situarte en el tiempo, para evaluar los recuerdos del pasado y hacer los planes de futuro. Pero igual dentro de unos años se demuestra lo contrario….

¿Usted, que entrevista a tantos científicos, comparte la impresión de que la gente de ciencia se ha hecho menos arrogante que hace unas décadas?

Desde luego. La ciencia ha podido comprobar una milésima parte del conocimiento universal. Newton, el más grande, un gigante, lo que nos dijo del tiempo es que era absoluto. Años después viene Einstein y dice que es relativo a la masa y la velocidad. Por eso las certezas… Laplace mostró la velocidad a la que se mueven los cuerpos celestes. La Tierra gira a una velocidad de 450 metros por segundo. Se desplaza en su órbita a treinta kms./s… Como yo les digo a mis amigos nacionalistas: ¡si no tenéis domicilio fijo! ¡Si hace un momento estabas a mil kilómetros!

“Para reflexionar, lo mejor es zambullirse en el resto del mundo.”

Misterios cuánticos

En sus libros y programas nos ha hecho ver más misterio y reto a la imaginación que en cualquier novela. ¿La ciencia es ahora más enigmática y poética que la literatura?

Creo que se van a fusionar los dos mercados. Esta separación entre ensayo y ficción va a desaparecer. En las cosas en que la gente entra más fácilmente, como la historia, ya hay todo un género de novela histórica. Pero en cambio no ha habido hasta ahora un género basado en la ciencia, porque cuesta un poco más entrar en las Matemáticas o la Física. Pero es el próximo paso y me gustaría participar.

Ya lo hace…

Sólo en parte. Le voy a confesar algo. Mi sueño sería escribir una novela toda de ficción, sustentada por la actualidad científica. Explicar lo que les pasa a los personajes por dentro, pero recurriendo a la ciencia.

Pocos científicos han dado el paso. Carl Sagan fue de los pocos…

Conocí a su primera mujer, Lynn Margulis. Él estaba en la frontera entre la ciencia y la imaginación. Estaba impregnado por la belleza de la ciencia y muy empeñado en su inclusión en la cultura popular. El primer gran divulgador es Sagan.

Trasladó la complejidad de la ciencia a gente de todas las edades, pero también lo criticaron mucho en círculos académicos…

El mundo ha sido muy dogmático… y muy cruel.

¿Y qué opinión tiene de otro de los grandes divulgadores de la ciencia, Stephen Jay Gould?

Cuando me preguntan quién te ha enseñado o te ha impresionado más en ese terreno, pues respondo que Gould. ¡Y no porque tuviera muy buen carácter! Era muy mal encarado. Pero sabía pasar muy bien de lo concreto a lo general y de ahí otra vez a lo concreto. Me enseñó la desconfianza en el sentido de la evolución. Me decía: “Eduardo, no estamos caminando hacia algo necesariamente mejor o más bello”. Se ponía serio y decía “We don’t know”. Este escepticismo sobre el conocimiento es lo que han preservado los grandes, los mejores.

Pero usted se mantiene firme en el optimismo. ¿No caemos con el optimismo en la trampa del pensamiento positivo, que nos dice que hay que alegrarse por la crisis porque así nos “reinventamos”?

A la gente que se ha devanado por descubrir si había vida después de la muerte se le puede decir: “No esté tan preocupado por este tema, porque ahora podemos afirmar que hay vida antes de la muerte”. ¿Dondé está el pesimismo? Vamos a vivir treinta o cuarenta años más, habrá una nueva redistribución del trabajo…

¿Podríamos decir que la diferencia entre su optimismo y el de la autoayuda radica en que el suyo está basado en datos reales?

Sí. Es verdad, durante miles de años hubo un silencio hecatómbico sobre lo que le pasaba a la gente por dentro, cómo era la evolución del estado anímico. La autoayuda era una especie de religión acientífica que aprovechaba esta desesperanza y está falta de conocimiento. Es como cuando me hablan de la crisis, a la que dedico un capítulo del libro. Para empezar hay que ser optimista porque por primera vez, desde hace un momento, desde hace apenas meses, hemos diagnosticado correctamente el problema. Se nos había dicho que era resultado de algo tan estrambótico como una crisis mundial. Pero en este planeta se equilibran todas las cuentas: los déficits de unos con los superávits de otros. Hay algunos que crecen muy bien y otros concretos que no porque han hecho mal las cosas.

¡Una buena noticia para chinos, argentinos o brasileños, pero mala para nosotros!

Es buena noticia porque por primera vez sabes lo que te pasa por dentro. Hay que estar contento de tener un diagnóstico adecuado. Si me dicen que la crisis es planetaria, entonces me quedo acobardado porque no sé cómo voy a solucionarla. Pero cuando se ve que la cosa es de otra manera ya van asomando las causas: usted está en crisis porque es el segundo país más endeudado del mundo, sumando el endeudamiento público y el privado, que es muy elevado. Entonces puedes empezar a abordar la crisis.

¿La economía es una ciencia? ¿Pueden ser científicos unos señores que dicen que va pasar una cosa y sucede la contraria?

Es un tema que algún país contado ha empezado a plantearse a nivel judicial, pero en el futuro es fácil prever una situación en la que cada vez se van a pedir más cuentas a alguien que dispone de toda la información y ha de ajustar sus proyecciones de crecimiento. No es admisible que un gobierno pueda cambiar su previsión. La ciencia económica no es tan deficiente como dan a entender. Por ejemplo, el premio Nobel de Economía Robert Mundell dijo hace años que la Unión Europea había empezado la casa por el tejado: han empezado por la unión monetaria pero dejaron la unión económica y fiscal de cada país a su bola. Y eso ha desencadenado el actual caos, al permitir que los países se hayan sobreendeudado. El cambio mental es más lento que el técnico. Una cosa es el lapso de tiempo para que se ajuste el descubrimiento científico a la adaptación y otra es el escándalo de que un gobernante mienta descaradamente diciendo que la economía va a ir por un camino y luego vaya por otro.

Con su experiencia en cargos de responsabilidad y lo que usted sabe ahora… ¿no le entra el gusanillo de volver a la primera línea política?

Viaje al optimismo
Eduardo Punset
Destino
280 págs. 20,50 €

En absoluto. Estoy convencido de que uno de los errores que estamos cometiendo radica en la no inclusión de la juventud en los liderazgos, en la política pero también en las empresas, colectivos sociales, fundaciones. En tiempos difíciles, la manada siempre recurría a los jóvenes. En España lo que hay es una ignorancia increíble y un enorme desprecio por la potencialidad creativa de los jóvenes. Yo he cumplido 75 años y ya no. Pero, por otro lado, con la observación desde tu nube particular, con una cierta experiencia de haber vivido en varios países, la mayor utilidad que puedes tener es la de escribir un libro sobre el optimismo en pleno pesimismo.

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Escrito por el ago 17 2012. Archivado bajo cabecera, Entrevistas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

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