Vasili Grossman: Todo fluye
“Todo fluye”
Autor: Vasili Grossman
Traductora: Marta Rebón
Editorial: Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores
288 páginas. 20 euros.
Argumento: El prisionero político Iván Grigórievich es liberado en 1954 tras haber pasado tres décadas en los campos helados de Siberia. Regresa a los fragmentos de lo que fue su vida como un espectro: las antiguas amistades le han olvidado. Grossman, con los días contados por la enfermedad y demasiado que contar, diluye la trama hasta convertirla en pura reflexión ensayística sobre la naturaleza del Estado soviético.
Tras la recuperación de Vida y destino –más de 180.000 ejemplares en castellano–, Galaxia–Círculo persevera en el empeño de rescatar al injustamente olvidado Vasili Grossman con la publicación de Todo fluye, la última de sus novelas, que el autor tampoco vio editada en vida. Las dos obras mencionadas, junto con Archipiélago Gulag, de Solzhenitsin, conforman un tríptico imprescindible para calibrar la pesadilla del totalitarismo soviético.
Grossman era consciente de que sus pensamientos jamás verían la luz. Quizá por eso se atrevió a contar sin reparar en mordazas, y es muy probable que, como viejo periodista, recabara testimonios de primera mano. Compiló en Todo fluye un inventario de lo innombrable, de lo que hasta entonces no se había atrevido a exorcizar mediante la escritura: las purgas estalinistas, la conjura contra los médicos judíos, los campos de concentración en el hielo eterno, la hambruna que sobrevino después de que los kulaks (campesinos ricos) fueran despojados de sus tierras… Solo, enfermo y desesperado, Grossman carga contra el gran mito romántico del comunismo –Lenin no fue el alma cándida que vislumbró una Revolución pura– y se atreve a enarbolar una teoría de doble filo: la subordinación servil al Estado acompaña de forma obsesiva la historia de Rusia. El comunismo impuso una esclavitud moral colectiva y Todo fluye es un grito de liberación.
Por Olga Merino









