Adiós a Mario Benedetti (EDITADO)
Pensábamos comenzar la semana con un tono más festivo, hablándoles de ese Premio Fernando Lara de Novela que el viernes pasado se llevó Susana Fortes con la obra Esperando a Robert Capa. Pero nos hemos despertado con la noticia del fallecimiento de Mario Benedetti y ya no podemos más que poner la bandera literaria a media asta y recordar y recomendar al gran poeta y narrador, el segundo grande que pierden las letras uruguayas en pocas semanas tras Idea Vilariño.
Precisamente a raíz de la recuperación de sus títulos que han emprendido Alfaguara y Punto de Lectura, una amiga me comentaba hace escasos días lo impresionada que la había dejado la lectura de La tregua. En efecto, quienes alguna vez tuvieron a Benedetti por un autor “blando” son los que no le leyeron más que tres poemas de amor (y mal contados). Su obra, lo mismo que esa media sonrisa bizca con que solía aparecer en los retratos, escondía en realidad una honda melancolía, un sentido de la vida trágico pero discreto, sin estridencias, que hizo gala del compromiso político y ético antes desde la metáfora (Gracias por el fuego) que en forma de panfleto -pienso de paso en uno de sus relatos, el de una víctima de la dictadura que seguía los pasos de su muy mediocre torturador, y, más allá de la rabia y el ansia de venganza, la sensación que prevalece en mi memoria lectora es de tremenda humanidad, con todo lo bueno y malo que ello conlleva-.
Cuentista, poeta, dramaturgo, novelista y ensayista; premios Reina Sofía, José Martí y Menéndez Pelayo, Mario Benedetti ha muerto en Montevideo a los 88 años de edad. Descanse en paz.
EDITADO:
Se suma nuestro experto en poesía, Enrique Villagrasa, al recuerdo benedettiano con estas palabras: “Pues sí, desencarnó el poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), quien no le temía a la muerte porque la poesía le enseñó a no temerla y él lo escribió para todos. Se nos ha ido por el tragaluz buscando la utopía, porque siempre la persiguió. Fue capaz de transformar todo lo que tocaba, y sus malos y buenos momentos, en poesía. Siempre ha sido testigo de sí mismo, tratando todos los grandes temas de la poesía universal. Hombre de una vida poética extraordinaria al que hay que (re)leer. Gracias por escribir y hasta el próximo rincón de haikus. Hasta siempre, poeta auténtico donde los haya.”









El amor, los mujeres y la vida fue quizá el primer libro de poesía que leí, allá en la lejana adolescencia.