Google, Boston y la comunicación con el autor
Sostenía cierta leyenda urbana que, en caso de buscar la palabra “google” en Google, Internet implosionaría en una paradoja de consecuencias del todo impredecibles. Pero la realidad ha resultado notablemente menos apocalíptica, como cualquiera puede comprobar por sí mismo y sin temor alguno: cuando se le pregunta por “google”, Google responde obediente mostrándonos un enlace a la página de Google.
Otra leyenda urbana afirma que los escritores son sujetos de ego y vanidad que ríanse ustedes de las estrellas del fútbol o la música. Que no es extraño, por tanto, que dediquen el tiempo que no pasan escribiendo a buscar lo que sobre ellos se dice por esos mundos de Dios, cibernéticos o no. Y algo de razón lleva la teoría. Por otro lado, cabe recordar que la de la escritura es una de las actividades laborales más solitarias que existen; que la creación siempre conlleva notables dosis de inseguridad y que un autor que teclea su propio nombre en Google puede estar buscando, sencilla e inocentemente, algún tipo de feedback sobre (y respuestas a) una obra a la que ha dedicado meses o años de su vida.
Es el caso -nos consta- del norteamericano Bruce Boston, firmante de El guardián de almas (La Factoría de Ideas) que ayer nos dejaba un comentario de frágil español pero robusto agradecimiento a la reseña que le dedicamos en el número de mayo (pueden leer ambos aquí). A lo que podemos más que contestar con un “Our pleasure, Sir”.
(Hemos constatado, de paso, que muchos lectores aprovechan los comentarios a nuestros reportajes, críticas y entrevistas para dirigirse directa y personalmente al autor reseñado. Queremos decirles que, por desgracia, no está en nuestra mano que tales palabras lleguen a su destinatario. Pero que, a la vez, si al ejemplo de Bruce Boston debemos hacer caso, no nos extrañaría que acaben siendo leídas por los interesados. Siempre y cuando éstos se dediquen a buscar su nombre en vez de intentar destruir la red a base de google-bucles, claro.)








