“Setenta acrílico treinta lana”
Autora: Viola di Grado
Traductor: Albert Fuentes
Editorial: Alpha Decay
256 páginas. 19,80 euros.
CINCO TINTEROS
Argumento
Camelia es una postadolescente que deja los estudios a raíz de la muerte de su padre en un accidente de coche. Su padre tenía una amante y el culebrón lleva a un mutismo depresivo a la madre, que pasa a depender de su hija para comer, lavarse y respirar. Madre e hija firman un silencioso pacto de muerte, pero en la calle la vida estalla y Camelia no puede evitar desviarse del lento suicidio familiar. Un día conoce a Wen, un chino que comenzará a enseñarle su idioma.
Pocas veces he leído un debut tan genial como Setenta acrílico treinta lana. Viola Di Grado es una escritora prodigio y tendríamos que echar mano del tópico que dice que los poetas se destetan antes que los narradores (la escritura de Di Grado despliega un lirismo apabullante y luminoso que, por la facilidad con que se origina, recuerda a Virginia Woolf) si no fuera porque también a nivel narrativo la autora demuestra un saber hacer que podría llevar a pensar que tiene más edad y más experiencia de la que le suponemos a alguien de 23 años. Donde sí se nota la edad es en el tratamiento del tema: la jovencísima Camelia no tiene asideros para hacer frente a la debacle familiar, y opta por un heroico malditismo consistente en asesinar flores (símbolos de la vida, como su propio nombre); pedirle a Wen, el chino del que se enamora, que restituya la felicidad perdida; acostarse con el hermano de éste, un pseudorretrasado de gran potencia viril… No obstante lo dicho, en la radical honestidad y en la ironía cervantina con el que estas tramas son tratadas, la autora vuelve a mostrar su madurez y su, repitamos hasta hartarnos, genialidad. Setenta acrílico treinta lana se emparenta con Buenos días, tristeza, de François Sagan, o Nada, de Carmen Laforet, aunque en versión actualísima: estructura lineal sin complejos en la que, con naturalidad, se integran las flores, el cibermundo y la pan-publicidad. Ni todo es naturaleza, ni todo es cultura. Cuánta sabiduría.
Elvira Navarro







