premios volkswagen que leer

Mata Hari

Un mito al desnudo
En “Mata Hari. Espía, víctima, mito” (Edhasa), Pat Shipman ofrece una visión novedosa de la legendaria bailarina y nos muestra a una mujer sin duda frívola y amoral, pero que no fue una 007 femenina. texto FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO

La investigación de Pat Shipman probablemente romperá el mito de Mata Hari, representado por una criatura fría y seductora que utilizaba sus encantos para intimar con los oficiales aliados durante la Gran Guerra y arrebatarles información valiosa para Alemania. En realidad, según cuenta el autor, la holandesa Margaretha Zelle, como se llamaba en realidad, se inventó a sí misma a medida que las circunstancias la ponían en un aprieto. Su imaginación y su gusto por los hombres y el lujo fueron parejos siempre. Fue injustamente condenada, más por razones de prejuicios morales que por evidencias de connivencia con el enemigo, y la mala marcha de la guerra para los aliados la convirtió en chivo expiatorio.
Nació el 7 de agosto de 1876 y, a pesar de tener otros tres hermanos, fue la preferida de su padre, un próspero y apuesto comerciante que la mimó hasta que cayó en bancarrota y se divorció de su esposa. Poco después moriría ésta y los niños fueron llevados con distintos parientes. La adolescente Margaretha fue enviada a vivir con unos tíos en una difícil convivencia. La futura Mata Hari sufrió el primer y doloroso desengaño al no comprender por qué su adorado padre no la quería con ella, ya que se había ido a vivir Amsterdam con otra mujer y no la reclamaba. Quizá ello la impulsó a buscar siempre la atención masculina “de manera casi insaciable”, apunta Shipman. Las relaciones con su padre después de la separación iban a ser distantes o cercanas según los problemas que surgían en su vida.

Las exóticas Indias holandesas
En la Haya, a donde se había trasladado con 17 años, conoció, al contestar un anuncio de un soldado que buscaba esposa, a un apuesto y condecorado capitán de 39 años, veterano de las junglas coloniales. A ella le gustaban los oficiales y Rudolf MacLeod, de origen escocés, era un militar bizarro. Se casaron a los seis días de conocerse, pero ya tras la luna de miel el matrimonio empezó a deteriorarse. Se acabó el dinero y ella no se había casado para vivir sin lujos; era coqueta y él, extremadamente celoso, bebedor y mujeriego, lo que empeoraría la convivencia sin remedio. No obstante, ella se quedó embarazada y, en cuanto dio a luz a su hijo Norman, se embarcaron para el nuevo destino de Rudolf en las Indias holandesas.
Greta, como la llamaba su marido, tuvo una hija allí a la que bautizaron Louise (Non); los celos de Rudolf y una creciente rabia por la sospecha de que podría haberle transmitido la sífilis a su mujer, y ésta a su hijos al nacer, hicieron la convivencia insostenible. La muerte de Norman a los dos años y medio, envenenado, supuso una tragedia en la que ambos padres se culpaban y acrecentó el odio. La niña, que se intoxicó igual que su hermano, se salvó (aunque murió repentinamente a los 21 años en Holanda); se sospecha que el tratamiento médico para curarlos pudo ser fatal para el niño, si éste padecía sífilis, y su hermana también pudo fallecer por esa enfermedad.
El constante maltrato de su marido hizo que escribiera a su padre en un acercamiento que fue ampliándose a medida que su situación empeoraba. Aunque él la ayudó, también intentó sacar tajada y escribió un libro “biográfico” sobre su hija. Las Indias holandesas significaron un infierno para Greta y, aun cuando el matrimonio volvió a Holanda, el desencuentro continuó. Al final se separaron. Tras vivir madre e hija solas en condiciones precarias un tiempo, en el que Rudolf le hizo la vida imposible cuanto pudo, arreglaron el divorcio y él consiguió quedarse con la niña.

La alegre Europa
En 1902, ella cambió su nombre por el de Lady Gresha MacLeod y se marchó a París. Contaba que era viuda de un soldado de las Indias holandesas y que intentaba sobrevivir con sus dos hijos; así, por compasión, consiguió algunos trabajos. Después de unos pocos meses en París, Gretha estaba tan desesperada que volvió a Holanda, a casa de unos parientes de su exmarido, que al poco tiempo la echaron. En la primavera de 1904 volvió a París y, después de trabajar en un circo ecuestre, encontró lo que sería su filón de oro: el baile. Desarrolló una serie de “danzas sagradas” que había aprendido en las Indias y empezó a crear una mitología sobre sí misma. Según define Shipman, su “arte”, su genialidad, no estaba en lo que hacía, sino en cómo se presentaba. En un principio mantuvo la historia de la viudez y de su paso por las Indias holandesas, donde había aprendido los secretos de las danzas orientales, pero esta versión cambiaba o era matizada según la fueron entrevistando periodistas a lo largo del tiempo.
Su primera representación como Mata Hari fue en el Musée Guimet, un museo de arte oriental de París, y fue un rotundo éxito del que se hizo eco toda la prensa. Después actuó en el teatro Olympia de París, y empezó a recorrer Europa bailando. Se volvió tan popular que, entre 1905 y 1906, se publicaron una serie de postales que la mostraban en plena danza. Al tiempo que iba de éxito en éxito coleccionaba amantes que la ayudaban en su carrera o le hacían generosos regalos en metálico y joyas. Era habitual en ella gastar más de lo que ingresaba, pero siempre salía adelante con un nuevo amante o protector que la sacaba del apuro. Triunfó en el Olympia y toda la prensa se rindió a ella. Era considerada la mujer más deseada de París. En 1908, Mata Hari fue declarada “Estrella de la Danza”. Tenía 30 años y todo aquél que se considerase importante ya la había visto bailar por lo menos una vez. Entre sus conquistas había diplomáticos, nobles y militares de varios países; entre ellos, un aristocrático oficial alemán, que presentarían más tarde los franceses como el principio de sus contactos con el enemigo.

La última interpretación
En 1916 se enamoró profundamente de un oficial ruso dieciocho años más joven, Vladimir de Masloff, su querido “Vadine”, quien se distanció de ella cuando, ya detenida, fue interrogado sobre su relación. Mata Hari fue víctima de una trampa tendida por el director de la inteligencia francesa (que, apunta Shipman, era probablemente un agente doble) para hacerla pasar por agente alemán. El interrogador y el fiscal también trabajaron estrechamente para condenarla y con pruebas muy débiles la acusaron de espía. La encerraron en la cárcel de Saint-Lazare, cuyas celdas eran sucias y estaban llenas de ratas, con el fin de destruir su ánimo. Le hicieron sufrir un suplicio y al final la condenaron a muerte. En el último acto de su vida, Mata Hari desafió al miedo; se negó a dejarse atar a la estaca y a que le vendaran los ojos. En la que fue su mejor interpretación, encaró la muerte ante el pelotón de fusilamiento y murió con dignidad y valor.

Compárteme!!
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,
Escrito por el feb 19 2012. Archivado bajo Artículos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

1 Comentario por “Mata Hari”

  1. Carlos

    Muy interesante lo que explica el artículo, es una de esas vida que por donde se le vea es interesante.

Dejar un comentario

Galería de Fotos



Revista MC

Revista Qué Leer | Vía Augusta, 48-54, Entlo. 4º 5ª, 08006 Barcelona (España) | Tel. 93 254 12 59 Fax 93 254 12 61 © 2012 MC Ediciones