Martín Santos: Mucho tiempo de silencio
“Vidas y muertes de Luis Martín-Santos” (Tusquets) es una biografía poliédrica escrita por José Lázaro que se ha alzado con la XXI edición del Premio Comillas y que además llena un vacío sobre el autor de esa excelente lectura escolar de varias generaciones que ha sido “Tiempo de silencio”. Por Carles Barba
Como Lorca o Miguel Hernández, Luis Martín-Santos murió tempranamente, con sólo 40 años, y dejando truncada una carrera que prometía grandes frutos. La elaboración de Vidas y muertes de Luis Martín-Santos ha ido a cargo de José Lázaro, profesor de Humanidades médicas en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha tenido el acierto de abordar a su personaje de manera multifacética, en tanto que hombre, psiquiatra, militante socialista, escritor y persona privada, con esposa y tres hijos.
Desde la primera línea, Lázaro juega sus cartas muy limpiamente, apoyándose nada menos que en Platón (El banquete), Borges (“la lengua es un sistema de citas”) y su propio biografiado (quien escribió que el pasado de cualquiera es incognoscible y sólo evocable a partir de versiones parciales). Intenta exhumar a Martín-Santos conversando con quienes lo conocieron, recabando cuanto hay escrito sobre él en libros de memorias (Benet, Barral, Castellet, Castilla del Pino) y pulsando las más insospechadas fuentes (desde sus amigos de farras a sus discípulos en el Psiquiátrico), cada vez más consciente de que se enfrenta a un personaje multidimensional, de aguda brillantez intelectual, de gran encanto personal (las mujeres lo sabían un seductor con sólo verle) y de una integridad moral muy rara en la rancia España que le tocó en suerte. Con estas estrategias, Lázaro fabrica una biografía predominantemente oral y caleidoscópica, al estilo un poco de la que George Plimpton (Truman Capote: In Which His Various Friends, Enemies, Acquaintences and Detractors Recall His Turbulent Career) hiciera del autor de A sangre fría, y atento siempre a incardinar los hechos de su existencia con el sentido de su escritura.
Sepultado por el éxito
Estamos ante una quest; es decir, una pesquisa ejercida sobre un creador que, como bien apunta uno de sus amigos más cercanos, el oftalmólogo José Luis Munoa, ha quedado “enmascarado por un libro” y “sepultado por el éxito” de ese libro, Tiempo de silencio. A 47 años de la publicación de esa obra-fetiche, que rompió con el neorrealismo en boga e introdujo a la novela española en las corrientes europeas, y a 45 años del repentino fallecimiento de su artífice, Lázaro se ha esforzado en recomponer su itinerario humano y profesional, interesado sobre todo en allegar información de quienes lo trataron, aunque esos testimonios entren a veces en contradicción. De paso, “el inquiridor” (así se autodenomina el biógrafo) consigue trazar excelentes viñetas del San Sebastián franquista de los años 1940, donde los Chillida, Mario Camus, los Bergareche y los Múgica despuntaban entre la sociedad donostiarra; o del Madrid provinciano de los 1950, el del “Gijón”, el “Pasapoga” o el cine Barceló, entre cuyos círculos más literarios y bohemios, un Martín-Santos venido del mundo de la psiquiatría empezaba a ganar fama de buen polemista, divertido contertulio y agitador de conciencias pequeñoburguesas.
Lázaro ha contado con informantes depositarios de recuerdos de muy buena tinta y, a lo que parece, les ha sacado un buen jugo, temeroso seguramente (tal como le apercibió Javier Pradera: “Pues date prisa, porque nos estamos muriendo todos”) de que, de demorar estas entrevistas, perdiera la oportunidad de pillar a sus interlocutores con la memoria aún fresca, por no hablar de su desaparición física. Una mina de datos y anécdotas ha sido por ejemplo María Jesús Goikoetxea, la señora que sirvió en casa de los Martín-Santos entre 1955 y 1960. María Jesús nos ha recordado a la Céleste Albaret de Proust, tan leal a la familia como tierna con el futuro escritor, que a su vez siempre la distinguió más por sus virtudes humanas que domésticas. Otros proveedores de material esclarecedor han sido amigos de toda la vida como el citado José Luis Munoa, el cineasta Antxon Eceiza, el juez Antonio Nabal o el sociólogo José Vidal-Beneyto. Desde luego, para rastrear la singladura política de Martin-Santos (su militancia clandestina en el PSOE, las cuatro detenciones, el encarcelamiento en Carabanchel…), los testimonios de José Ramón Recalde, Gabriel Tortella o Enrique Múgica han resultado preciosos. Naturalmente, las opiniones del hermano del escritor, el cirujano Leandro Martin-Santos, contribuyen a enriquecer y tornasolar al personaje, situándolo en unos términos más realistas y menos mistificadores.
Tenerlo todo, perderlo todo
Pero la palma de esta biografía coral se la lleva María Josefa Rezola, una guapa hija de la mejor burguesía donostiarra que alternó con el prometedor psiquiatra cuando aún había de estudiar en Salamanca; que (ya casada) lo trató largamente a él y a su mujer, la bretona y preciosa Rocío Laffon; y que, al morir ésta por accidente en 1963, viuda ella también de Perico Arana, trabó una relación íntima con él y se convirtió en un apoyo afectivo fundamental, que iba a traducirse en boda de no haberlo impedido el trágico accidente de coche. En el último capítulo del libro, Rezola capitaliza el relato de la vida y claroscuros de nuestro personaje, proporcionando (a contrapelo de su propio pudor y del secreto que para su privacidad quería Martin-Santos) claves y atisbos que acaban por perfilar a un hombre de escondidas fragilidades que siempre estaba sobrepujándose a sí mismo. El relato que hace Pepa Rezola de los últimos minutos de vida consciente del escritor, cuando éste, en la cama y con un aspecto horrible, le espetó “Esto se acaba. Es el final. Ya ves. Ahora lo teníamos todo y ahora lo pierdo todo”, resulta especialmente conmovedor y nos hace entender que, para muchos de quienes lo conocieron, se impusiera después un largo “tiempo de silencio”.
La indagación de Lázaro también deja apuntado que el escritor donostiarra no se conformaba ni mucho menos con ser un homo unius libri y que tenía en marcha una trilogía (de hecho, Barral publicaría el segundo volumen inacabado, Tiempo de destrucción) donde pensaba proseguir su desacralización de “la España sagrada”, convencido de que “prácticamente, en nuestra realidad espiritual española, está todo por destruir”. Con perspicacia, José Lázaro sugiere que, en la tarea de desmantelamiento de la novela tradicional ibérica, Martín-Santos quiso contar con la complicidad de su amigo Juan Benet, pero que en realidad quien tomó su relevo (póstumamente) sería Juan Goytisolo.
La investigación de Lázaro supera de largo el marco biográfico y abre muy diversas perspectivas en torno al autor más joyceano de nuestras letras, el prosista español del XX que mejor ha sabido desbordar los límites del lenguaje y sondear los oscuros flujos del subconsciente. Al parecer, Martín-Santos se hizo psiquiatra para curar a su madre, que de mayor sufrió una repentina e inesperada esquizofrenia. Con posterioridad, transferiría a la literatura esa capacidad de exploración en las fronteras de la cordura, y es por ahí por donde Lázaro le sigue con ejemplar voluntad testimonial.










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[...] (Ver reportaje sobre el libro en el número 143) Etiquetas: José Lázaro, novedades libros, novedades libros 2009, tusquets, ultimas novedades en libros, Vidas y muertes de Luis Martín-Santos [...]