Houellebecq insular

Tras pelearse con todo quisque, desde el común de la prensa gala hasta su propia madre, no es de extrañar que Michel Houellebecq se haya lanzado en busca de “La posibilidad de una isla” cinematográfica. Siempre según su propia y homónima novela, claro. Por Milo J. Krmpotic

La historia: Daniel es un cómico de éxito tan notable como afilada es su lengua. Cuando descubre que el amor es menos amor sin sexo, y que el sexo es menos sexo sin amor, decide ingresar en la secta de los elohimitas, que han hallado la clave de la inmortalidad en las dichosas cadenas de ADN. Con el paso de los siglos, pues, los “descendientes” de Daniel se enfrentan a un mundo cada vez más espiritual, ajeno a los placeres de la carne pero también al dolor que esta conlleva.

El realizador: Corría 1978 cuando el recién graduado ingeniero agrónomo Michel Houellebecq probó suerte por vez primera tras la cámara. Fue con Cristal de souffrance, al que seguirían otros dos cortos, Déséquilibres (1982) y La Rivière (2001), en espera de esta autorreferencial puesta de largo.

El reparto: Benoît Magimel es el peludo Daniel y sus cada vez más alopécicos clones (en cien años todos calvos, sí). A su lado, Patrick Bauchau ejerce de profeta afín al amor libre mientras Ramata Koite pone el toque exótico en la piel de la neohumana Marie 23.

El escritor: Siendo esta una historia a vueltas con la clonación, lógico y coherente que demos con un segundo Michel Houellebecq. Nacido precisamente en una isla, la de Réunion, allá por el año 1956, el amigo es dueño de una de las obras literarias más polémicas de la contemporaneidad. Léanse si no ejercicios de nihilismo e incorrección política tales como Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales (ambas en Anagrama) o Plataforma (Alfaguara).

La traición: A juicio de la crítica, la deslealtad parece haber radicado en una ausencia de la misma. Es decir, que Houellebecq se ha mostrado en exceso fiel a una historia que ya sobre el papel resultaba ligeramente abigarrada y farragosa.

OTROS TÍTULOS DEL MES
“El juego del ahorcado”
Manuel Gómez Pereyra adapta la novela homónima de Imma Turbau, un relato de secretos trágicos y adolescentes: David (Álvaro Cervantes) ha acabado con su vida y solo Sandra (Clara Lago) parece saber por qué. Adriana Ugarte y Abel Folk completan el reparto.

“Revolutionary Road”
Él (Leonardo DiCaprio) es oficinista. Ella (Kate Winslet) es ama de casa. Y ambos se sienten tan frustrados con la existencia suburbial norteamericana de los años 1950 que deciden mudarse a Francia para vivir del arte. En otras palabras, Sam Mendes hace celuloide de la dolorosa novela de Richard Yates.

“La clase”
Laurent Cantet, responsable de Recursos humanos y El empleo del tiempo, abandona la sartén empresarial para zambullirse en las brasas educativas con esta adaptación del texto de François Bégaudeau, quien por cierto también interpreta aquí el papel principal.

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Escrito por el feb 25 2009. Archivado bajo Cine. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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