Boris Izaguirre: El escritor oculto

borisBajo el maquillaje de chirigota del bufón casi siempre se esconde un gran trágico. Tras la máscara de frivolidad, Boris oculta un gran escepticismo y un complejo mundo interior al que sólo se puede acceder a través de sus novelas. Texto Antonio G. Iturbe Foto Javier Ocaña

¿Dos caras?
Muchos millones de españoles saben que hay un señor llamado Boris Izaguirre que aparece en múltiples programas ejerciendo de divertido cronista de la prensa rosa, diciendo la palabra fashion cada tres minutos y arrastrando mucho la “a” con un impostado acento británico. Quizás son menos los que saben que es autor de seis novelas. Casi todas muy combativas con la libertad sexual, a menudo muy amargas, nada complacientes con el mundo en que vivimos.

El frívolo
Boris Izaguirre no es serio. En sus intervenciones televisivas se ha mostrado ruidoso, numerero, payaso, fascinado por la moda y la belleza. Un frívolo. Pero es curioso que, convirtiéndose en bufón gay y enseñando los calzoncillos día sí y día también, su frivolidad haya contribuido a cosas muy serias: tal vez ya no nos acordemos, pero han pasado ya más de diez años desde su irrupción en los medios españoles y entonces no había tantos homosexuales fuera del armario, teníamos un gobierno conservador liderado por un machote llamado Aznar, no había matrimonios gays ni se tenía como ahora la sensación de que se ha ido aceptando en todas las capas de la sociedad que la homosexualidad es algo normal. Había que echarle valor para mantener en cualquier situación su pose amaneradísima y soportar críticas incluso desde una parte del colectivo gay, que se sentía incómoda con el excesivo exhibicionismo de su homosexualidad. Esos homosexuales pensaban que Boris era poco serio. Era mucho más serio ser un homosexual callado, discreto y disimulado. Una actitud -¿seria?- que no ha conseguido otra cosa que perpetuar su ocultación y su penuria social. Izaguirre, haciendo todo tipo de gansadas en todo tipo de medios, consiguió poner a un homosexual en todas las casas del país mañana, tarde y noche; mostrarnos que están ahí y que no muerden. Cuando salió la ley de matrimonios gays, fue de los primeros en casarse con su novio de siempre; apoyó la revista Zero con sus artículos; firmó un comprometido manifiesto contra el panzer Hugo Chávez (que le ha complicado bastante la relación con el gobierno de su país) a la vez que criticaba a la oposición radical al chavismo, heredera de los privilegios de los viejos gobiernos corruptos venezolanos; y mientras publicaba libros de una calidad literaria muy notable. No está mal para un frívolo.

El escritor
La realidad es que uno es prisionero de sus prejuicios, no vive en el Polo Norte y ha visto hacer de las suyas al Boris pinturero. Y cuando uno abre un libro de un señor que aparece en un programa de televisión subido a una mesa y enseñando el culo, espera leer un cierto tipo de obra… digamos que leve. Probablemente algo ingenioso, quizá incluso bien escrito, seguro que muy entretenido. Eso es lo que podría esperarse de una novela de Boris Izaguirre. Pero este hombre tiene golpes ocultos. Y de repente fue ayer no es una novela ingeniosa, ni graciosa, ni desparramada, sino que tiene una densidad y un escepticismo vital aplastantes; asume un riesgo literario importante al manejarse con imágenes simbólicas que pueden desconcertar a un lector poco concentrado, que esperaba unos cuantos chascarrillos. En el mundo mediático español, muchos han publicado libros, pero quizá Boris sea el único verdaderamente escritor. Eso tiene su explicación: a los 16 años ya colaboraba escribiendo columnas en el diario y pronto empezó a trabajar de guionista para La Dama de Rosa. En una conversación que mantenemos al hilo de la publicación de este libro, reconoce con humildad que “las telenovelas me han enseñado a escribir”. Boris no sólo no oculta esa parte de su pasado sino que se enorgullece, y en su última novela realiza un homenaje al género en el que se forjó como escritor: “ser escritor de telenovelas me proporcionó algo muy importante: un oficio… y un lugar en el mundo”.

Y de repente…
En Y de repente fue ayer conocemos a Efraín, un muchacho enclenque, poco agraciado, que vive con su madre y un padrastro brutal que lo atemoriza con las gallinas. Avatares diversos lo acabarán llevando, junto a un muchacho algo mayor llamado Óvalo, a un lugar llamado Limpio Chiquito. A los ojos de Efraín, con diez años, no está muy claro qué es aquella casa donde viven niñas como él; hay un profesor barrigón que les da clases y unos padrinos que acuden a veces y organizan fiestas un tanto extrañas. Esa especie de neblina infantil que cubre los ojos de Efraín se va aclarando y lo que vemos es espeluznante: Limpio Chiquito es uno de los lugares más repulsivos que se hayan descrito en una novela en los últimos años. Efraín conseguirá salir de allí y un personaje influyente lo recomendará para un trabajo en la radio como guionista a cambio de que olvide todo lo que vio. Efraín acepta, pero los recuerdos le pesarán hasta convertirse en un peso que lo aplasta.

Por qué leer a Boris
Uno: la historia. Tiene fuerza y su protagonista, Efraín es un personaje trazado de manera impecable. Óvalo se nos desdibuja más, pero puede ser un efecto buscado porque depara sorpresas para el lector que sólo se desvelarán al final.
Dos: el riesgo. La novela asume riesgos formales y ambición literaria. Pasa por temas muy sórdidos, pero no los muestra de manera explícita sino que utiliza mucho el difuminado y lo simbólico. En alguna ocasión, uno puede no tener claro si el personaje piensa, sueña o realmente está en la situación que se describe, pero incluso esa confusión que se genera en algún momento en el lector forma parte de cierta envoltura onírica que flota alrededor de una novela que, por otra parte, es desgarradamente realista.
Tres: la intensidad. El uso de la elipsis hace que no haya transiciones. En cada página hay un trabajo minucioso y todas están muy pensadas. Únicamente en las primeras páginas de la nueva vida de Efraín en La Habana puede haber una ligera bajada de ritmo, pero en general todo es muy intenso.
Momento “Boris”: el Boris divertido y mitómano asoma al describir el funeral de un actor de cine que muere en su yate frente a las costas cubanas. El desfile de leyendas del cine bajando de las limusinas da al lector un agradable momento de respiro en una historia muy tensa.

El gran escéptico
Cuando uno tiene delante a Boris Izaguirre, con sus ajustados pantalones de pitillo (cuenta que su marido le dice que con ellos parece Liza Minnelli, porque de lo primero que se ríe es de sí mismo), uno no puede evitar preguntarle cómo alguien aparentemente tan divertido y dicharachero se muestra tan áspero sus novelas. Entonces él desmonta todos los esquemas al reconocer, sin máscara alguna: “no creo en la esperanza”. Una buena razón para leer esta novela es que nos permite entrar en la cara oculta del gran histrión del que creíamos saberlo todo y en realidad no conocíamos casi nada. Nos da una frase para pensar“mi única libertad es escribir”. Si Boris Izaguirre es un frívolo… ¡que viva la frivolidad!

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Escrito por el abr 21 2009. Archivado bajo Artículos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

4 Comentarios por “Boris Izaguirre: El escritor oculto”

  1. viana 10 junio2009

    hola boris me da un gusto aber encontrado esta pajina y poder saludarte, quiero desite que tu como persona me agradas mucho sique cosechando mas exitos todo lo que dios y la vida te ha dado esporque te lo mereses boris tengo un gran deseo de que algundia se escriba una novela ho un libro sobre mi vida quise dedicarme ha la musica ,porque ese es un medio de expresar los sentimiento soy de nicaragua y nunca tuve los medios para lograr

  2. [...] (Ver perfil del escritor en el número 142) Etiquetas: boris izaguirre, novedades libros, novedades libros 2009, Planeta, ultimas novedades en libros, Y de repente fue ayer [...]

  3. mary

    El Boris que vemos en la tele es un personaje, simplemente eso. Boris es un tipo inteligente, culto y muy bien parado en el mundo en el que vive, escribe desde hace mucho tiempo no creo que este articulo se trate de un lavado de imagen, pues no la necesita; simplemente el puede con todo y sabe muy bien que hay gente que puede quererlo, dsifrutarlo y saberlo como personaje y como escritor.

  4. Helena

    Boris Izaguirre tiene todo el derecho de escribir. Pero deberia pasar por los filtros que pasa todo el mundo, en lugar de utilizar estos espacios culturales para un lavado de imagen. Me gustaria saber cuánto de publicidad y cuánto de información hay en este artículo.

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