La razón de todos nuestros males
Desde cualquier guerra de la historia hasta la presente crisis económica, pasando por el no menos “tradicional” (en el peor sentido de la palabra) fenónemo de la violencia doméstica: todo tiene su origen, a juicio de Steve Taylor, en La caída (Ediciones la Llave); esto es, aquel momento, hará 6.000 años, en que el ser humano desarrolla el ego y decide dejarse llevar por él. Tesis sin duda jugosa (por no hablar de las soluciones aportadas por la obra) que será discutida a partir de las 19:00 horas por el propio autor, junto a Víctor Amela y David Barba, en el primer Fórum Mistérico organizado por Fnac El Triangle de la Ciudad Condal.
Hablando de los actos literarios del día, añadir la doble ración que tendrá lugar en otra Fnac barcelonesa, la de L’Illa: a las 18:30, presentación de El silenci (Destino, próximamente en castellano en El Aleph), novela que le ha valido a Gaspar Hernàndez el último Premi Josep Pla. Y, a las 20:00, Pablo Martínez Vaquero hablará de su ¡Ahora! No mañana (Milenio), un recorrido por la presencia de Los mods en la Nueva Ola Española 1979-1985.









Suscribo por completo el comentario de Jim del pasado 18 de abril. Cuenta mi historia de esa tarde con tal precisión que incluso el autor me ha confundido con él. Por un momento he llegado a pensar en un desdoblamiento de personalidad: lo cierto es que estuve en la presentación de Pablo Martínez Vaquero y, al margen de que tuve el gran placer de saludarlo y conversar con él durante unos minutos, el acto se desarrolló tal como lo cuenta mi homónimo, con intervenciones de gran nivel por parte de todos los ponentes. Y con respecto al libro, absolutamente imprescindible para todo aquel que quiera conocer con detalle los orígenes y las vicisitudes de un movimiento no sólo musical, también cultural en un sentido amplio; narrado con gran agilidad, divertido, muy bien documentado, Pablo ha accedido a fuentes de primera mano y por las páginas de ¡Ahora! No mañana, desfilan mil historias de unos chicos y chicas que, en un tiempo ya bastante lejano, a principios de los años ochenta, eran distintos: eran mods.
Llegué al FNAC de L’lla un poco despistado y a una hora equivocada. Estuve presente en el acto de Gaspar Hernàndez el último Premi Josep Pla. Una pena ver allí a tan poca gente para arropar a tan buen escritor ¿dónde coño se meten los lectores cuando más falta hacen?
Dado el caso que os cuento me temía los peor para el acto posterior al que había ido: la presentación en mi ciudad del libro del periodista de Oviedo Pablo Martínez Vaquero “¡Ahora! No mañana” (editado por Milenio), y que como bien apuntais es un recorrido por la presencia de Los mods en la Nueva Ola Española de 1979-1985. Llenazo total, invitados de lujo y gran libro, bien escrito y con unas FOTOS IMPAGABLES de Miguel Trillo y Andrés Salvarezza. La única pega es que no hubo tiempo para preguntas y participación de los allí presentes, aunque la charla fue de las más amenas de las que yo he presenciado. No pude ir a la fiesta posterior, pero sólo por oír a Kiko Amat en L’Illa disfruté como nunca.
Os recomiendo el libro. Es un trabajo de arqueología musical IMPRESCINDIBLE.
J.
Dicho lo cual, poco queda por añadir.
Gracias a vosotros.
Va, pues ahora chocamos manos como en los combates de wrestling y salto yo… Simplemente para clarificar, eso sí, un aspecto: Qué Leer jamás ha dicho que “El juego del ángel” sea “el mejor libro escrito en español”. Qué Leer organiza cada año una votación en la que son los lectores los que eligen los que consideran “mejores libros en español y traducido editados durante el año anterior”. El gusto particular de quienes integramos la revista puede usted compartirlo o criticarlo en base al listado de favoritos que publicamos cada mes de enero en el resumen del año precedente. Coincidamos, pues, o no, lo que sí hacemos es respetar el parecer de nuestros lectores, que en el caso de “El juego del ángel” ha sido abrumadoramente positivo. De igual modo, respetamos que a usted no le haya gustado. Porque está bien que así sea, que los unos expongan lo que les satisface y los otros lo que les provoca rechazo, que se establezca un diálogo con conocimiento de causa. Gracias, pues, por su participación. Y un saludo.
La verdad es que no soy lector de la web, soy lector asiduo e ininterrumpido (mal que me pese algunas veces) de la revista, pero básicamente por los artículos sobre clásicos, y por que la lectura es un vicio y esta revista me permite asomarme a un mundo más amplio que el que yo conozco, aunque a veces este mundo se me antoje un poco bizarro.
Por supuesto uno siempre encuentra razones para argumentar sus querencias, por peregrinas que sean, pero es que las que se dan a veces son, cuando menos, chispeantes, graciosas.
No, mi dignidad intelectual (¿pero yo gastaba de eso sin saberlo?) no ha quedado ofendida. (¿Ni un poquito, nada más? Que nooo), pero mi glándula de la risa ha quedado bien estimulada.
Por cierto, que está muy mal eso de dejarle a un lado y no permitirle jugar, yo no lo haría jamás, pero prefiero jugar a “El juego del Ángel”. A ver quién se pone tan estupendo para defender este engrumo.
Un lector de nuestra web, y por tanto amigo, nos dice que le da escalofríos un artículo “donde se dan razones para leer a Boris Izaguirre“. Yo creo que hay que asustarse más cuando no se dan razones para las cosas. A las razones siempre se pueden oponer otras razones, mientras que al grito sólo se le pueden oponer gritos. Respecto a Boris Izaguirre, me sorprendió positivamente hace unos años la lectura de El vuelo de los avestruces (publicada por Alpha Decay) por su amargura nada volatinera. Y de repente fue ayer sigue esa línea. Más de una persona me ha reprochado absolutamente ofendida en su dignidad intelectual que recomendara la novela. Lo curioso es que, cuando a esas personas tan sensatas y serias les preguntaba por qué les había desagradado la novela para estar tan indignados, su respuesta era que no la habían leído. NI siquiera sabían de qué iba, ni habían perdido diez minutos en ojear algunas páginas. Pero igualmente les parecía muy mal y estaban muy indignados. Y si se juntaban dos o tres me dejaban a un lado y se daban la razón entre sí, muy contentos de hallarse ante gente tan razonable. Qué le vamos a hacer…
Da escalofríos encontrarse en esta revista con cosas como que “El juego del ángel” es el mejor libro escrito en español, o un artículo en que, por ejemplo, se dan razones para leer a Boris Izaguirre.
“El juego del ángel” es una novela que da verguenza ajena, nada que ver con la magnífica “La sombra del Viento”. Es como si al autor, después de siete años sin escribir nada, carente de ideas, o con miedo a no llegar a su propio listón, alguien en la editorial le hubiera soltado cuatro ideas, sacadas de cuatro novelas rechazadas, y hubiera hilvanado con eso una novela mala que provoca un tedio letal. Que sí, que el cielo estaba rojizo, que el silencio era espectral, la tarde fantasmagórica y el fútbol es “asín”, y una vez y otra, y una vez y otra…
Y sobre los motivos para leer a Boris Izaguirre… ¿por qué no?, y a Juanjo Millás también. Propongo a los señores del premio Planeta que, para el próximo premio, busquen entre los manuscritos rechazados, que se lo den a “El dragon de Los Ángeles” Carlos Ruíz Zafón, que lo llene de tardes fantasmagóricas y cielos rojizos (¿o eran tardes rojizas y cielos fantasmagóricos?), que se lo den a firmar a Manolo Lama y a Manu Carreño y ya tienen éxito seguro.
¿Qué más da? Si llenan los “stand” con ese truño, la gente lo comprará igual.