Le Clézio: Un Nobel con mucho mundo
RedaccionSe acaba de publicar en España “La música del hambre” (Tusquets), última novela del Premio Nobel de Literatura 2008, Jean Marie Gustave Le Clézio, un autor francés que ha hecho de Isla Mauricio su tierra adoptiva y que ha trasladado a sus novelas sus propias vivencias en los lugares más recónditos del planeta. Texto Susana Martínez
Le Clézio es un maestro en narrar sin que aparentemente ocurran grandes cosas pero, cuando en La música del hambre nos describe el cielo, los caminos, las casas, las personas… nos está mostrando el ascenso de Hitler, la ocupación alemana de Francia, el exterminio de los judíos y, finalmente, la caída del nazismo y el triunfo de los aliados. Todo ello en poco más de doscientas páginas y dedicando varias de ellas a rememorar su amada isla Mauricio, de la que procede la familia de la joven protagonista, Ethel Brun, en la que se adivinan muchos trazos de la madre de Le Clézio.
Orígenes novelescos
La familia y los orígenes son una constante en la obra de Le Clézio, como ejemplifican dos novelas que ahora se acaban de reeditar: Viaje a Rodrigues y El buscador de oro, que son un homenaje a su abuelo, o como La música del hambre.
Jean Marie Gustave Le Clézio nació en la localidad francesa de Niza, el 13 de abril de 1940, de madre y abuela francesas procedentes de Isla Mauricio. Isla a la que sus antepasados, originarios de Bretaña, habían emigrado a finales del siglo XVIII, cuando todavía era colonia francesa. Su padre, de nacionalidad británica, era médico militar en África y, hasta que Le Clézio no cumplió los siete años y realizó un viaje de dos meses en barco hasta Nigeria, no lo conoció. Cuando el escritor recuerda ese viaje, lo califica de “iniciático”, ya que durante el trayecto, metido en el camarote, escribió su primera novela, Un largo viaje, relato que con el tiempo se ha perdido. Pasó un año en el continente negro acompañando a su padre, un hombre minucioso, activo y madrugador, que cuidaba a los enfermos de lepra y que adentró a su hijo en la belleza de la sabana. Tras su muerte, en 2004, Le Clézio le rindió homenaje en el libro El africano.
Su primera juventud la pasó en Gran Bretaña, en las universidades de Bristol y Londres, en las que posteriormente dio clases de literatura. No obstante, al poco decidió adoptar la lengua francesa para expresarse literariamente. Es a la edad de 30 años cuando Le Clézio viaja a isla Mauricio y queda prendado de ella; de hecho, sigue conservando una casa allí para pasar sus vacaciones y, aunque él se considera ciudadano del mundo, siempre afirma que “su pequeña patria es isla Mauricio, en el Índico”, de la cual ostenta la nacionalidad junto con la francesa.
Precoz premio Renaudot
El amor a la lectura y a escribir se manifestó pronto en Le Clézio. El libro de las maravillas, de Marco Polo, o las novelas de aventuras de Kipling, Verne, Conrad o Stevenson, le inspiraron sus primeros escritos de infancia, que luego su madre cosía para que él les pusiera una portada de cartón, con nombre de la editorial incluido: Les Editions du loup noir (“Las ediciones del lobo negro”). Con estos antecedentes, no es de extrañar que, en 1963, con sólo 23 años, obtuviese el premio Renaudot con su primera novela, El atestado, una obra experimental en la que algunos ven reminiscencias de El extranjero de Camus.
El éxito le llega enseguida, pero Le Clézio no lleva bien la atención mediática ni siente interés por el ambiente literario, al que tacha de “snob”. Además, por su elegante porte y su belleza, muchos lo califican de playboy, lo que lo lleva a alejarse de los platós de televisión, las fotos y las firmas, para centrarse en la literatura y en su mujer, Marie-Rosalie, hija de un oficial nacido en Varsovia con la que se casó a los 20 años y con quien tuvo una hija a los 21.
Un nómada, no exiliado
Tras El atestado, Le Clézio reflexiona sobre la locura en sus siguientes libros utilizando un estilo novedoso. Gallimard publicará una de estas meditaciones, L’extase matérielle, bien acogida por la crítica pero sin gran éxito de público. No obstante, Gallimard seguirá publicando la mayoría de sus obras, que actualmente suman más de medio centenar.
En 1968, Le Clézio realiza el servicio militar como cooperante en Tailandia. Durante su estancia concede una entrevista a Le Figaro, donde denuncia la prostitución infantil. A raíz de esas declaraciones es expulsado del país y se marcha a México, donde trabajará clasificando fichas en la biblioteca del Instituto francés de América Latina. Durante esa época, el autor ya prefigura su destino en este párrafo que escribió en Le procès-verbal: “Podré también viajar e iré a muchos lugares que no conozco y me haré un amigo en cada uno de ellos”. Y añade: “Hay enormes espacios vírgenes por descubrir”.
Y así ha sido. Aunque Le Clézio no se considera un viajero (“no viajo mucho. Voy a un lugar y me quedo allí un tiempo”) ni tampoco un exiliado (“tal vez un nómada, por razones económicas”), su deambular por el mundo ha sido constante.
En 1970, el escritor decide alejarse de la modernidad y durante cuatro años comparte su vida con un pueblo amerindio, los emberas, y sus primos hermanos, waunanas, en la provincia de Darién, en Panamá. Esa experiencia, declarará Le Clézio, “cambió mi vida, mis ideas sobre el mundo y el arte, mi manera de estar con los otros, de andar, de comer, de dormir, de amar, incluso mis sueños” (La fête chantée, 1997). Esta manera de ver el mundo, menos material y más espiritual, también queda patente en su obra, y muy especialmente en el ensayo que publicará en 1971 sobre los peligros del materialismo.
A partir de 1977, Le Clézio enseña literatura francesa en Alburquerque (Nuevo México) y aprovecha su tiempo libre para visitar los pueblos de la zona, aprender navajo y adentrarse en los textos sagrados de los mayas y los mitos precolombinos, traduciendo al francés por primera vez algunos de estos escritos.
Será en los años 1980 cuando recupere el favor de los lectores con su novela Mondo et autres histories (700.000 ejemplares vendidos) y obtenga el Premio Paul-Morand de la Academia Francesa. A pesar del éxito, seguirá ejerciendo la docencia en universidades de México, Londres, Perpiñán, Bangkok, Boston, Austin y, por supuesto, en Alburquerque.
Un nuevo amor: el Sahara
Otra tierra que explora y que le cautiva es el norte de África, que conoce gracias a Jemia, su mujer desde 1975, originaria del Sahara Occidental. Del descubrimiento de esa tierra es fruto Desierto, una de las novelas más conocidas de Le Clézio, que narra una bella historia sobre una joven inmigrante que llega a Marsella dejando atrás las dunas y el desierto en busca del sueño occidental y que finalmente lo que quiere es regresar a sus orígenes.
En estos años se reencuentra también con la tierra de sus antepasados y escribe La cuarentena, El buscador de oro y Viaje a Rodrigues, en las que recupera la figura de su abuelo y explica su búsqueda del tesoro en isla Mauricio. Sus idas y venidas no cesan y de una África a otra sus libros se suceden; así, en 1991 escribe Onitsha, en la que narra una historia basada en el encuentro con su padre en Nigeria.
Este autor nómada escribe novelas, cuentos, biografías -como las de Diego Rivera y Frida Kahlo-, ensayos, etc., y no se restringe a los géneros. Cuando se le pregunta qué libro suyo recomendaría, elige Pavana, de 1992, en el que explica el combate que llevó a cabo en México contra la empresa Mitsubishi, que quería instalar una fábrica de sal donde las ballenas grises acuden a parir. Y añade satisfecho: “Conseguimos impedirlo”.
Su interés por las minorías, por los espacios abiertos y por la naturaleza en general, le ha supuesto también ataques, sobre todo por parte de los críticos literarios americanos, quienes le reprochan su postcolonialismo políticamente correcto. No sabemos si por esta razón o por otra, su obra está poco traducida en Estados Unidos.
Un Nobel para “la ruptura”
En 1994, la revista Lire elegía por referéndum a Le Clézio como el “mejor escritor vivo en lengua francesa”. Catorce años después queda claro que no se equivocaron con su elección, pues la Academia Sueca le concede el Premio Nobel de Literatura 2008 en un momento en el que las letras galas no están en sus cotas más altas. El jurado del galardón ha definido a Jean Marie Gustave Le Clézio como “un escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensibilidad extasiada: explorador de la humanidad, dentro y fuera de la civilización dominante”. No obstante, la concesión de este premio también supuso una sorpresa para algunos, ya que el escritor francés más británico de todos siempre se ha mantenido alejado del mundillo editorial y literario franceses y, aunque su nombre sonaba como candidato desde hace ya varios años, nunca había partido como favorito.
A sus 68 años, Le Clézio mantiene su aspecto de gentleman y su preocupación por los más desprotegidos de la sociedad. Un gesto reciente así lo demuestra: el día que supo que había ganado el Nobel, reclamó la supresión de las tasas sobre los libros para hacer la cultura más accesible a los más pobres. También le dio un toque de atención al gobierno francés cuando afirmó que se sentía orgulloso de recibir el galardón, sobre todo como mauriciano, ya que esa pequeña nación independiente que son las Islas Mauricio no recibe ninguna ayuda para potenciar la cultura francesa, pero aún así continúa manteniendo viva la lengua.
Este hombre tímido, de pocas palabras y poco amante de los actos sociales, ha dejado un mensaje muy claro: “es necesario continuar leyendo novelas. La novela es un buen medio de interrogar el mundo actual y de obtener respuestas que no son demasiado esquemáticas. El escritor no es un filósofo, ni un técnico del lenguaje hablado, es alguien que ante todo escribe, y que a través de la novela se hace preguntas e intenta que los lectores también se las hagan”.


Sumario n.157
Qué Leer Extra: Guía infantil y juvenil. Vacaciones con libros
Mientras leía El africano ante cada nueva página tuve la sensación de transitar la sabana, sentir ese aire caliente, ser espectadora de las situaciones que alli se vivieron. Lo he recomendado a varios amigos que coinciden con mi experiencia. Gracias Monsieur Le Clézio!!!!
[...] (Ver reportaje sobre el escritor en el número 143) Etiquetas: Jean Marie Gustave Le Clézio, La música del hambre, novedades libros, novedades libros 2009, tusquets, ultimas novedades en libros [...]
sense cap mena de dupte, el premi no voldria caure a lloc millor, que les mans d’ aquest fantastic escriptor, però la veritat no és pas molt conegut( vaig llegir que el van fer una reedició dels seus llibres), però jo tinc que dir que les seves obras de veritat son bonas. t-ho llegiràs d’un cop.